'Los aitas': el patriarcado feliz

A los más jóvenes les podrá parecer que hablamos del pleistoceno o de épocas retratadas en blanco y negro, pero lo cierto es que hasta bien entrados los años 90 la sociedad vivía bajo los preceptos de lo que podemos llamar el patriarcado feliz. Y esta última expresión es una forma de sarcasmo, no vayamos a despertar a las hordas de indignados que esperan acechando tras sus dispositivos móviles para lanzar sus quejas al mundo. El caso es que el hombre vivía ajeno a las labores de la casa o la crianza de los hijos con una legitimación que ahora nos puede resultar difícil de entender. Era un machismo institucionalizado que en aquel contexto temporal resultaba totalmente normal. Para que luego digan algunos que la sociedad no ha progresado en aspectos tan fundamentales como el estatus de la mujer en la familia o en el ámbito laboral. Los padres de los ochenta llegaban de trabajar a casa y se sentaban en el sofá a fumar un pitillo mientras esperaban viendo la tele que les trajeran la cena. La mayoría no sabía hacer un huevo frito y no habían cambiado un pañal en su vida. Los aitas (padres en euskera) que protagonizan la película que nos ocupa pertenecen a ese tiempo de paternidades ausentes y tendrán que hacer un curso rápido de nueva masculinidad mientras acompañan a sus hijas en un viaje a Berlín.
Borja Cobeaga ha demostrado tener una fina e ingeniosa mirada cómica sobre su mundo más cercano a lo largo de su carrera. Como guionista y director de sus propios proyectos ha desarrollado para el cine solventes y originales propuestas como Pagafantas (2009), Negociador (2014) o Fe de etarras (2017). Pero es seguramente en el formato televisivo donde ha encontrado el perfecto vehículo para sus historias, porque es en la desternillante sucesión de sketches donde su sentido del humor encuentra su natural medio de expresión. Recordemos que este tipo que ahora es ya un reputado guionista y creador catódico empezó su carrera en el año 2003 con Vaya sematita, aquella mítica serie que fue capaz de burlarse por primera vez del terrorismo de ETA, un terrible tabú en el País Vasco de aquellos años. Pero es que también es el responsable de estupendas series como Vamos Juan (2020), la genial No me gusta conducir (2022) o la más reciente Su majestad (2025).
Su regreso al cine con Los aitas tiene a su favor el humor, cierta textura nostálgica, la ternura y frescura de algunos diálogos y un excelente grupo de actores encabezando el reparto. En contra está su aire televisivo, sus escenas pretendidamente enrolladas y la sensación de que lo que nos cuenta es demasiado liviano, sin llegar nunca a profundizar en los conflictos de sus protagonistas. Con todo, siempre es sugestivo rescatar aquellos tiempos de patriarcado feliz e institucionalizado para confrontar el paso de los años y comprobar lo mucho que ha cambiado nuestra sociedad.