Dionisia Plaza Sánchez, la leonesa pionera en la lucha del tratamiento de las enfermedades mentales de los niños

Retrato de Dionisia Plaza Sánchez.

Dionisia Plaza Sanchez, nació en León el 6 de febrero de 1901 y murió en Aravaca en 1995. La llamaron la Golda Meir española pues tenía gran parecido con ella.

La define lo que dijo con motivo de la concesión en 1975, de la Medalla de Oro del Trabajo: “Aunque en aquellos años cuando empecé no era normal que las mujeres estudiaran o trabajaran, pero yo (como dice Golda Meir) he sido pionera del feminismo porque creo en la igualdad mental del hombre y la mujer, aunque nunca he pertenecido a ninguna de esas asociaciones feministas que hay; a mi nadie me ha negado sueldos, posiciones o cargos por ser mujer, ni me han puesto dificultades en el ejercicio de mi profesión”.

También dijo: “El trabajo creo que es muy conveniente para la salud, cuando corresponde a una verdadera vocación,  y la pedagogía, la enseñanza, ha sido la base de toda mi vida”.

Estudió en Francia en 1936

Fue precursora de la lucha por la igualdad de la mujer en los estudios de psicología, psiquiatría y fisiología cerebral, que estudió en Francia en 1936. Especialista en enseñanza a sordomudos y Profesora de anormales en el Instituto Médico-Pedagógico del Dr. Lafora, de ahí su interés en eliminar la palabra subnormal o anormal.

Fundó en 1954 el Centro Dionisia Plaza para la Rehabilitación Médico Psicopedagógica de niños y niñas con una amplia gama de patologías expresadas en el CIE 9-MC: dedicado al diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de niños con muy diferentes patologías, realizando una asistencia integral para conseguir la máxima adaptación a su medio social y familiar, que aún sigue luchando por niños con problemas de salud mental y discapacitados. Es un centro médico, dedicado al diagnóstico y tratamiento de niños con muy diferentes patologías que no tienen una ubicación definida ni un tratamiento adecuado y de suficiente calidad dentro de los recursos ordinarios públicos habituales. Se diagnostican los aspectos médicos y psicopatológicos de estos niños. Trastornos del neurodesarrollo vinculados a síndromes genéticos y lesiones del sistema nervioso; también los específicos del neurodesarrollo que afectan a la conducta y el aprendizaje y los neuropsicológicos en niños con epilepsia, trastornos del comportamiento y demás problemas asociados.

Sin duda una luchadora, pionera, firme creyente y practicantes de la igualdad y que ésta se consigue a través de la formación, el estudio, la excelencia y el trabajo duro. Ya de niña lo tenía claro y le dijo a su padre “que quería estudiar y trabajar”.

Ingresó a los 13 años en la Escuela de Magisterio de León

Ambos, el estudio y el trabajo fueron sus grandes méritos y la enseñanza que nos deja y que debemos aprehender. Ingresa a los 13 años en la Escuela de Magisterio de León, con un permiso especial claro está, debido a su edad, porque a partir del 1910 las mujeres ya pueden estudiar no sólo en la Universidad, sino también el bachillerato en los Institutos, concretamente en el Padre Isla, pionero en enseñanza femenina. Hasta 1910 las mujeres no pueden estudiar ni siquiera el Bachillerato en un instituto público.

Acabó la carrera en dos años con matrícula de honor, de modo que a los 16 era ya maestra, aunque nunca le gustó presumir de ello. Siempre dijo que había estudiado Magisterio porque en León no había otra cosa, si bien se equivocaba, pues podía haber estudiado veterinaria, como Justina González, pues la facultad se fundó el 16 de marzo de 1852.

De las primeras leonesas en obtener el título de Enfermería

Pero, ella quería estudiar Ciencias, así que se graduó en Enfermería, siendo una de las primeras leonesas en obtener el título en la Cruz Roja, tras superar los dos años de formación, aunque apenas ejerció en esa función concreta, porque su propósito era estudiar Ciencias Naturales. Así que después de sacar las oposiciones de Magisterio (para prepararlas fue alumna de la Residencia de Señoritas) obtuvo plaza y se fue destinada a Galicia, concretamente a Forcarey en Pontevedra.

No le gustaba, así que solo estuvo un año y en 1930, vuelve para Madrid para estudiar en la Escuela Superior de Ciencias que era lo que siempre había querido hacer; finalizó la carrera con notas excelentes, pero no consiguió plaza, y como las otras excepcionales leonesas, salió al extranjero con una beca que en 1934 le concedió la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, para estudiar en París psicotecnia que comprendía, en aquel momento, los estudios de psiquiatría, psicología y fisiología cerebral.

Uno de sus maestros fue el psicólogo Henri Wallon, director de estudios de la Escuela Práctica de Altos Estudios y director del Instituto de Investigaciones Psicobiológicas del Niño de París. Las investigaciones de este científico en materia de psicología, educación y filosofía son ampliamente conocidas en su país y en el extranjero dada la trascendencia que alcanzaron por su significativa importancia y validez científica. En este lugar y con este excepcional profesor, su vocación se definió claramente y no cejó en llevar a cabo su objetivo, la aplicación de sus conocimientos a tratar a los niños discapacitados y con trastornos mentales y de la personalidad, que se tradujo en la fundación de su Centro para la Rehabilitación psicopedagógica de los niños discapacitados, sobre todo los más pobres y vulnerables.

Además, en el hospital Henri Roussell se empapó de las enseñanzas del médico, psiquiatra y psicólogo Theodore Simon, quien fue cofundador, junto con Binet, de la Escala para medir la Inteligencia. Asimismo, Dionisia Plaza realizó un curso de Langage et Phonation, en la Facultad de Medicina de París, dentro del Hospital Lariboisiere.

Funda en 1954 el centro Dionisia Plaza

Con todo este trabajo y esta experiencia, estudia psicología y mientras lo hacía, funda en 1954 el Centro Dionisia Plaza, todavía en pleno funcionamiento, “para el diagnóstico, estudio y tratamiento a los trastornos que interfieren en el desarrollo infantil y posibilitar la integración mental, social y laboral de estos niños”. Su pasión era la psicología y su vocación que sirviera a los más vulnerables, tanto física , mental, social y económicamente.

Empezó en una casa de la calle Tambre, en el barrio de El Viso, y al cabo del tiempo se trasladó a Aravaca (Madrid), a unas instalaciones más amplias en el kilómetro 9,7 de la carretera Madrid-Coruña. Dionisia Plaza destacó por su ilusión, tenacidad y optimismo vital en el cuidado de estos niños, pero también realizó una gran labor investigadora en el campo de la psicopedagogía, poniendo al alcance de los profesionales de esta especialidad, materiales y metodologías para el desempeño de su trabajo.

Fue socia fundadora de la Asociación Española de Logopedia, Foniatría y Audiología y miembro del comité de publicación de la revista científica.

Publicó tres libros

Fruto de esta tarea son los tres libros que publicó: Método de escribir y leer, despúes Método de iniciación al cálculo y finalmente Escalas de Habilidad Manual. Su lema era que con los niños y las niñas que presentaban deficiencias intelectuales o trastornos mentales “no vale sólo el amor”, que lo daba por supuesto. “El profesorado tiene que tener formación especializada”, recalcaba.

Su mayor satisfacción era la visita de antiguos alumnos que estaban trabajando y estudiando. La labor de Dionisia Plaza Sánchez es continuada por su hijo y sus nietos. Su legado sigue vivo en las modernas instalaciones del centro de Rehabilitación Dionisia Plaza, Hospital de Día, dedicado al tratamiento y diagnóstico de niños con muy diferentes patologías. El centro atravesó por dificultades, pero ahora ya han sido superadas y siguen haciendo el trabajo iniciado por Dionisia. Una mujer íntegra, trabajadora, solidaria: buena gente, como decimos aquí.

Ni calle ni reconocimiento alguno en León

En León no tiene reconocimiento alguno, ni siquiera una calle, a pesar de haber recibido el apoyo de la Reina Sofia y de la sociedad en general, siendo su labor por luchar contra las enfermedades mentales y las discapacidades tan denostadas y socialmente rechazadas, hoy tan puestas de manifiesto, pero todavía con signos claros de exclusión social.

Me parece que su labor tiene que estar reconocida por todos, pero sobre todos, por sus paisanos, los leoneses que exportamos mucho de lo mejor que hemos tenido y que tenemos, sin que esa labor, sobre todo de mujeres que lo tuvieron mucho más difícil, se vea premiado con un reconocimiento público y social a su trabajo, valía y lucha por la igualdad y por los más desfavorecidos.

Que no es otra cosa que el agradecimiento por mostrar el camino a la lucha por la igualdad a través de la excelencia , del trabajo y de la superación con ayuda a los demás. Algo que es común a practicamente todas esas mujeres.

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