Adiós a LacianArt 2023 con las primeras valoraciones en Villablino sobre la exposición ‘Cómo ser Eduardo Arroyo’

Sillón y materiales en el espacio en el que trabajaba Eduardo Arroyo.

Luis Álvarez

Agosto pone fin a las dos grandes exposiciones que durante los últimos 40 días han sido el centro de la atención cultural en Laciana: una ubicada en las dependencias de la casa de Sierra Pambley titulada ‘Cómo ser Eduardo Arroyo’, y otra en la sala de exposiciones de la Casa de la Cultura, la ‘Colectiva LacianArt 2023’.

El programa de LacianArt cierra de esta forma su segundo ciclo anual, aún pendiente de hacer balance y evaluación de las experiencias vividas: saber qué es lo que resultado más atractivo o ha despertado un mayor interés entre el público para servirse de esos parámetros logrados, y utilizarlos en la programación de la próxima edición, cuyas ideas básicas empiezan ya a perfilarse.

Buscando conocer las reacciones de los visitantes a las muestras, ILEÓN ha hablado con quien mejor ha podido calibrar esas repercusiones. La estrella que ofrece esa luz es Sol. Sol Álvarez ha sido la recepcionista, encargada de merchandising y guía de la exposición en la casa de Sierra Pambley. Allí cada día, durante cinco horas, dos por las mañanas y tres por las tardes, se ha encargado de esas labores.

“Ha sido una suerte poder hacer este trabajo, ha sido muy interesante y me deja unas excelentes sensaciones personales”, asegura. Lo dice no solo por haber podido disfrutar, que no es poco, de una temperatura agradable en el entorno laboral, la que ofrecen las amuralladas paredes de la casona solariega, que no precisan en verano de aditamentos climáticos extraños. También lo expresa por lo aprendido entre las personas que han pasado por la exposición: “He conocido a auténticos expertos en la obra de Eduardo Arroyo, que me han enseñado mucho sobre cosas o aspectos que yo desconocía”. Y otros que desconocían por completo la figura y la obra del pintor. Para ellos la muestra ha sido una agradable sorpresa.

Entre algunas curiosidades, señala que hubo visitantes “que entraron porque les gustaba la casa, sin saber que existía la exposición”, que evidentemente aprovecharon para visitar. Y algunos incluso volvieron en varias ocasiones a pasar el día recorriendo las salas o sentarse a ver completo el documental.

Todos los días a las 19.00 horas ofreció a cuantos estaban en el recinto una visita guiada por la muestra; unos días con grupos más reducidos y otros más amplios: “Yo personalmente prefiero los reducidos, la gente se suelta más a preguntar por distintos aspectos, la relación es más fluida”.

Los flujos de mayor número de visitantes fueron en los días centrales del mes de agosto, del 5 al 20. Y sobre las sensaciones o comentarios que las personas le han dejado para el recuerdo, uno casi general: “La casa, el entorno, les ha gustado mucho”.

Y en los aspectos más técnicos de la muestra, “la cercanía y proximidad que daba con el autor, muy personalizada, algunos comentaron, que era casi como si estuviesen viéndolo en su rincón de trabajo”. Incluso llegaron a preguntarle si esta era realmente la casa de Eduardo Arroyo. El malentendido es fácil de aclarar: la del artista está en Robles y no en Villablino. Lo más sorprendente para Sol fue cuando le preguntaron si ella era nieta de Arroyo.

La exposición contó en los últimos veinte días unas aportaciones muy especiales, las pinturas de los niños que participaron en los dos talleres “pintando como Arroyo”, que las encargadas de impartirlos enmarcaron para poder mostrarlos mejor a los visitantes.

Ahora el rincón del artista, su sillón la mesa de pinturas, sus variados bocetos, con el resto de las obras regresan a la casa de Robles de Laciana para ocupar su espacio original y ofrecer al espíritu del artista su espacio de asueto.

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