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Libros
'El profeta: la gran novela de Jesús de Nazaret', de José María Zavala
José María Zavala aborda en El profeta. La gran novela de Jesús de Nazaret un territorio tan frecuentado como resbaladizo: la recreación literaria de una figura histórica y espiritual sobre la que pesa una tradición milenaria, innumerables exégesis y no pocas simplificaciones narrativas (Nikos Kazantzakis, Robert Graves, J. M. Coetzee, Giovanni Papini, Shūsaku Endō, Norman Mailer, Gore Vidal, José Saramago, Gustavo Martín Garzo, etcétera). El mérito inicial de la novela consiste en esquivar —al menos en buena medida– la tentación del efectismo y la hagiografía complaciente, optando por una reconstrucción de tono sobrio, más interesada en el hombre que en el icono.
Zavala escribe con una prosa funcional, sin alardes innecesarios, consciente de que el peso del relato no debe recaer en la pirotecnia estilística sino en la solidez del enfoque. Y su Jesús es un personaje atravesado por la duda, la conciencia de su misión y la presión de un contexto político y religioso asfixiante. No hay aquí revelaciones estridentes ni giros arbitrarios: el autor prefiere avanzar con paso firme, apoyándose en una documentación reconocible y en una voluntad narrativa que busca verosimilitud antes que provocación.
Como suele ocurrir en este tipo de novelas, el equilibrio entre fidelidad histórica y libertad creativa es delicado. Zavala lo resuelve inclinándose hacia una lectura humanizada del mito, en la que los episodios conocidos adquieren una textura casi cotidiana. Esa decisión, que a veces resta intensidad dramática, también evita el tono grandilocuente que tantas veces lastra este género. El resultado es una narración que se deja leer con fluidez, que invita más a la reflexión que al asombro, y que espiritualmente decepciona, pero literariamente funciona.
La perspectiva adoptada a la hora de mirar biográficamente al personaje es la de un testigo directo, Lucio Fedro Celer, antiguo guardia pretoriano de Tiberio, tratando así de certificar que esto se trata de una novela histórica que bebe de archivos, testimonios y fuentes directas e indirectas, y no de un texto inspirado y de fe, aunque en verdad bebe no poco de los cuatro evangelios canónicos, tomando de ellos la parte más humana del personaje Jesús (en efecto en El profeta, Zavala se mueve dentro de un marco de respeto explícito hacia la tradición cristiana, y su Jesús es humano, sí, pero no desestabilizador, y de hecho la humanización busca acercar al lector a la figura histórica y espiritual sin dinamitar el sentido trascendente del relato evangélico: hay dudas, miedos y tensiones en este Jesús, pero siempre orientadas hacia la aceptación de una misión).
Un Jesús 'muy de Saramago'
En este sentido el Jesús de Zavala emparenta en intencionalidad con la novela de José Saramago El evangelio según Jesucristo, pero con una relevante diferencia: la diferencia entre el Jesús de José María Zavala y el de José Saramago es profunda y no solo literaria, sino también ideológica, moral y narrativa, y podría resumirse en que Zavala humaniza al personaje para comprender, y Saramago lo humaniza para cuestionar. Además, Zavala presenta a un Jesús consciente del riesgo, pero no rebelde frente al designio, para el cual la aceptación del sacrificio es un proceso doloroso, aunque finalmente asumido, mientras el Jesús de Saramago es profundamente rebelde: duda, protesta, intenta escapar del destino que se le impone, y por eso en la novela del Nobel portugués la cruz no es redención, sino tragedia anunciada y denunciada.
O, dicho de otro modo, Zavala trabaja desde dentro del mito, lo actualiza, lo hace verosímil, pero no lo descompone, de modo y manera que el lector creyente no se siente atacado, y el no creyente encuentra una narración históricamente razonable, pero Saramago escribe desde fuera y contra el mito reescribiendo a tal efecto los Evangelios (para evidenciar sus silencios, contradicciones y zonas de sombra) con una ironía constante y un tono deliberadamente provocador semejante en intención a la novela de Nikos KazantzakisLa última tentación de Cristo, por ejemplo.
Sin embargo, más allá de la intencionalidad, la novela de Zavala está más cerca de la gran novela contemporánea escrita sobre Jesús, Rey Jesús de Robert Graves, una reconstrucción heterodoxa y erudita que mezcla novela, ensayo y mitología comparada , mientras presenta a Jesús como heredero de tradiciones judías y paganas, y lo aleja deliberadamente del cristianismo ortodoxo.
De todos modos en estas meritorias y logradas páginas de José María Zavala no todo funciona con la misma eficacia. Algunos personajes secundarios aparecen esbozados con trazo demasiado grueso, y ciertos pasajes parecen más explicativos que narrativos, como si el novelista cediera por momentos al historiador o al divulgador. Sin embargo, esas irregularidades no empañan un conjunto coherente, honesto en sus intenciones y respetuoso con la inteligencia del lector.
El profeta no pretende revolucionar la narrativa sobre Jesús de Nazaret ni desmontar dogmas desde la ficción. Su ambición es más modesta, y, precisamente por ello, más estimable: ofrecer una novela seria, accesible y reflexiva, que se acerca a uno de los grandes relatos fundacionales de Occidente sin estridencias ni concesiones fáciles. Zavala firma así una obra que, sin ser definitiva, se inscribe con dignidad en una tradición literaria tan compleja como exigente.
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