El gran éxito de la subida del salario mínimo
El tema de la narrativa se nos está yendo de las manos. Acaban de anunciar como una gran victoria que el salario mínimo sube 37 euros para el año que viene, y sin el consurso de los empresarios, además, que deben de estar llorando muy fuerte, a coro y a cuatro voces. Porque de lo que s etrata es de que lso empresarios llloren, al parecer.
¿Nos toman por gilipollas? Seguramente sí, y con razón, porque si esta subida fuese consensuada con la patronal, estaría todo el mundo dando gritos y llamando vendidos a los partidos de izquierda y a los sindicatos por haber aceptado semejante mierda. Pero oye, como la imponen, sin negociación, como si fuese un sablazo, pues a lo mejor está bien. Que se jodan los empresaurios. Que lloren.
Es un truco, es una milonga, es una tomadura de pelo. La patronal se tiene que estar poniendo delante del espejo para ensayar la cara de indignación ante semejante atropello, por aquello de escenificar su descontento, pero ni en sus mejores sueños habrían creído que les tocaría aflojar tan poca pasta, con la que está cayendo ahí fuera en materia de precios de los alimentos, la energía y la vivienda. La inflación de verdad, no la otra, la que elaboran los estadísticos de Tezanos y compañía.
37 euros al mes, joder. Un 3% sobre una cantidad ya absolutamente ridícula que, para colmo, es el salario más común, o salario moda. Y tras haber anunciado la regularización de cientos de miles de inmigrantes, que van a cobrar eso, bloqueando vía ejército laboral de reserva cualquier posible alza salarial. La parte de Marx que odian los marxistas actuales, por lo que parece.
Pues claro que la prensa afín al Gobierno lo va a vender como una imposición a la patronal y como una demostración de fuerza. Y la prensa de derechas, igual: como un exceso, un atropello y un expolio más. Cada cual en su papel jugará el patada a seguir con el empobrecimiento de la gente, y aún habrá cuatro forofos, cuatro paniaguados y cincuenta mentecatos que crean que esto ha sido un logro. Esto es un circo de tres pistas en el que el domador de los leones elige el menú entre el público.
No es un logro: es una soberana mierda. Esta es una de las causas de que España vaya tan bien a nivel macroeconómico: la supuesta abundancia sale de nuestras espaldas, de los agujeros nuevos que hacemos al cinturón y de la depauperación general de nuestra vida.
1.221 euros al mes son poco, muy poco, en León. Así que no quiero imaginarme lo que dan de sí en Valencia, Madrid, Barcelona o Zaragoza. Y que nos lo vendan como una medida de fuerza y un ejemplo de firmeza ante la patronal ya es completamene insultante.
Idos a tomar por culo, cabrones.