Los niños detestan perder

Javier Milei y Santiago Abascal.

Esto lo sabemos todos: las camisetas futboleras que más se venden son las de las estrellas de los mejores equipos. Supongo que casi todos estamos de acuerdo también en que si el Madrid y el Barça tienen más seguidores es porque los chavales, en su más tierna infancia, que es cuando se generan esas filias y esos apegos, eligen al equipo que más copas gana, más partidos gana, y más trofeos acumula. Se quieren parecer a esos, no a los que menos tarjetas acumulan y más juego limpio practican. Así funcionan las cosas desde los tiempos en que se creaban los héroes para que los chavales los imitasen.

Y vale, sí.También hay críos seguidores de los equipos pequeños y humildes. También el Getafe vende camisetas, y el Betis, y hasta la Cultural Leonesa, pero el volumen de esas ventas es siempre mucho más marginal, en órdenes de magnitud, que el que consiguen vender los equipos grandes. Y eso a pesar del precio. Porque a todo el mundo, y en especial a los críos y a los jóvenes, les gusta estar con los ganadores y odian con toda su alma a los perdedores. O procuran que no los asimilen con ellos.

Y si entendemos esto, ¿por qué no entendemos que, se les diga lo que se les diga, los chavales no van a simpatizar con las historias contra el franquismo que se les trata de inculcar en los colegios? ¿Por qué nos sorprendemos de que tras años de leyes de memoria democrática y asimilables vaya la cosa cada vez peor en ese sentido? ¿Por qué nos seguimos echando las manos a la cabeza cuando el voto a Vox sigue creciendo entre los más jóvenes?

Ya sé que esto no cae muy bien a buena parte de mis lectores, pero es que hay que insistir: mantener esa memoria viva, reavivar el dolor de las injusticias sufridas, no beneficia a los que tenían razón, sino a los que ganaron. Creer otra cosa es no comprender una puñeta de la naturaleza humana. A la larga, la insistencia en ese tema, no señala a los justos y los injustos, sino a los ganadores y los perdedores, porque la justicia o injusticia de un hecho requiere debate, análisis y conocimiento, mientras que el resultado final es inmediato. Y se conoce. Es como comparar la inteligencia con la belleza a la hora de salir a ligar por ahí.

Da igual si tenías razón o no, o si tu causa era la más justa del cosmos: no transmites a tus hijos ni a tus nietos tu ideología, ni tu forma de ver el mundo, exaltando tus derrotas. No funciona así, ni con esto, ni con lo de los Comuneros, ni con nada.

Ya escribí un artículo entero sobre ello, pero lo repito: recordad a Maradona y su gol de mano contra Inglaterra. Los argentinos no se avergüenzan en absoluto de aquella victoria. Sólo la recuerdan para reírse un poco más de los ingleses.

Pero aquí, erre que erre: hay que repetir nuestras derrotas para que la gente simpatice con la víctima. Cómo se nota que los propagandistas de izquierdas salieron, casi todos, de los curas.

Y no, lo del justo azotado y sacrificado ya no funciona igual que antes. Funciona, pero menos. Y el pringado al que condenas tiene que resucitar, o la cagaste.

Nada es fácil.

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