La mili y el lobo: no va a volver ninguno de los dos
Por más que se repitan cada cierto tiempo noticias al respecto, ni aquí, ni en Alemania, ni posiblemente en ninguna parte, va a ser posible recuperar el servicio militar obligatorio, al menos a corto o medio plazo. Yo diría, incluso, que nadie que ya haya nacido va a hacer la mili.
Y no se trata sólo de que la idea genera un enorme rechazo que puede incinerar las expectativas electorales del partido al que se le ocurra proponer semejante cosa, sino por imposibilidad material, puesto que las infraestructuras que sustentaban este modelo hace décadas que han desaparecido.
En primer lugar, tras décadas de pelotazos urbanísticos y abandono, ¿de dónde sacarían los cuarteles para alojar a los cientos de miles de jóvenes que tendrían que alojar? No es una infraestructura barata ni que se pueda construir en pocos meses, menos aún después de que lo castrense haya pedido su primacía en la mente colectiva. Hace setenta años, si había que hacer un cuartel, o lo que fuese, lo militar tenía prioridad y se expropiaba lo que fuera para dar satisfacción a ese tipo de necesidades. ¿Y ahora? ¿De dónde saldrían los terrenos para esas instalaciones, tan enormes siempre y tan costosas?
Y no sólo los cuarteles: ¿De dónde sacarían las oficinas de reclutamiento y todo aquel conjunto de personal formado alrededor del servicio militar? ¿Cómo podrían compatibilizar la exigencia de ese servicio con la legislación actual? ¿Cuántos y cuáles derechos ciudadanos tendrían que suprimir para conseguir imponer de manera efectiva esa obligación? ¿Abrirían el melón de exigir ese servicio también a las mujeres, ahora que hay destinos militares que no dependen tanto de la fuerza física? ¿O ese tema quedaría para la siguiente reencarnación de la democracia, porque tampoco ahora toca?
Supongo que el tema legislativo es lo de menos, porque las leyes se pueden cambiar, pero los dos primeros puntos, especialmente el primero, son cuellos de botella de tal magnitud que no parece realista que se puedan solucionar en meses o en años. Por mucho que Alemania quiera que la gente informe cuando se marche al extranjero o que otros países hagan planes de contingencia, no se va a volver al servicio militar obligatorio, porque ni nuestras estructuras ni nuestra sociedad están preparadas para ello.
La cuestión es por qué agitan ese fantasma de vez en cuando. Supongo que la intención real es transmitir a la población una especie de miedo, de estado de alerta, tan propio de la actual doctrina del shock. Porque lo cierto es que nadie sabe para qué serviría y menos aún cómo podría hacerse en la práctica.
Hasta los de Vox callan como putas sobre el tema. Las risas que nos echaríamos si le propusieran semejante cosa a sus jóvenes votantes.