Apostar a que te mueres esta semana

Una recreación de un mercado de valores.

Los mercados de apuestas, especialmente los anglosajones, son todo un mundo. Puedes apostar sobre cuántas veces repetirá Trump la palabra 'perdedor' en la próxima semana, cuántos terremotos de más de seis grados Richter va a haber en un mes, o cuál será la canción más escuchada en Spotify este verano. Lo que sea. Cualquier cosa.

Y el caso es que, en sentido figurado, también podría apostar mil euros a que te mueres de un infarto en las próximas tres semanas. Pero eso sería la definición de una apuesta idiota, ¿no? Porque si no te mueres, pierdes mil euros, y si ganas, no vas a cobrar una mierda porque te has muerto.

Bueno, pues a eso es justamente a lo que estamos asistiendo en las últimas semanas. Sin darle muchas más vueltas ni recurrir a explicaciones esotéricas sobre el mercado de futuros, los fondos de cobertura y la madre que los parió, eso es lo que está sucediendo ahora mismo en los mercados y la razón por la que las bolsas van estupendamente, viento en popa, a pesar de que todos sabemos de las nefastas consecuencias de que se alargue la guerra de americanos e israelíes con Irán.

¿A qué otra cosa pueden apostar los tiburones de los mercados? ¿A que todo se va a ir a tomar por saco? Pues buena gana, entonces. ¿Para qué les iban a servir los beneficios de esa apuesta, en caso de ganarla? ¿Para quebrar por mil millones menos? Si ganar esa apuesta es inútil, porque no dejaría ni un céntimo después de la liquidación, la única apuesta posible es la contraria: que no pasa nada, que no va a pasar nada, y si pasa algo se le saluda, se arregla enseguida y a seguir con el Business as Usual lo antes posible. Porque es la única apuesta que permite cobrar los beneficios, sea más probable o menos ganarla.

No se trata de cinismo: es un simple cálculo racional. Hay que mantener a toda costa la narrativa de que aquí no pasa nada, porque cualquier otra cierra el chiringuito. Es la misma idea que hacer sonar la banda de música durante un naufragio: calma a la gente, evita peleas, y mantiene a los músicos alejados de los botes salvavidas, que también cuenta. Todo son ventajas.

Así que adelante. Hagan juego. Y sólo juego optimista.

Ser pesimista es de pringados.

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