El discreto encanto de las tortillas

El tren de la Ruta de la Plata es objeto de debate eterno y fútil en León.

Pongámonos en situación. En la Cámara de Comercio de Astorga se celebra una conferencia sobre cómo recuperar el servicio del ferrocarril de la Vía de la Plata. Aceptable aforo, notables ponentes. Grandiosos proyectos. Grandiosas aspiraciones. Grandiosas palabras. Pareciera que León quisiera echar a andar la locomotora de su porvenir, largamente detenida en la estación del olvido. Reconforta ver a compatriotas motivados y unidos por un mismo fin.

Pero la alegría dura poco en casa del pobre. Tras la prometedora e ilusionante exposición llega el turno de preguntas entre los asistentes. Hay inevitables elogios, elaboradas promesas e intervenciones variopintas, no exentas de algún afán de protagonismo y de lucir el ego cual pavo real que hace la rueda con su vistosa cola. Los escépticos, en franca y reducida presencia, también hemos querido meter la cuchara, pero hemos sido eficazmente repelidos por la mesa presidencial alegando premura de tiempo, premura que fue generosamente omitida en favor de otros intervinientes más acomodaticios a las sendas políticamente correctas.

La verdad es que asistir a este tipo de reuniones es como viajar al país de la arcadia feliz o a esas estampitas de las redes sociales donde se felicitan los buenos días o las buenas noches, con sus estrellitas, sus florecillas del campo, juguetones perritos falderos y niñas encantadoras con caperuzas y coletas que hacen volar la imaginación hacia mundos inexistentes a quienes se avienen a soñar con la realidad virtual. Fantasías de cándidas palomas.

Las aspiraciones de los leoneses que circulan debidamente canalizadas por los azudes de la moderación y la ortodoxia argumental, sin pisar callos, sin molestar a nadie, esperando que así sus proyectos gozarán de mejor consideración ante las autoridades competentes, despiertan una cierta ternura. En estos foros está mal visto cualquier derrotismo o recordar experiencias anteriores. Al final todo parece circunscribirse a una reducida selección de pensamiento único que centrifuga cualquier crítica, cualquier controversia, cualquier invocación a la realidad. Es como si temieran que las opiniones rompieran la magia de unos planes fabulosos. 

Lo triste del asunto es que en la eterna lucha entre el realismo y los mundos idealizados, más pronto que tarde, toda la tramoya del optimismo suele venirse abajo con notable estrépito cuando no se quiere atender a los dictados de la lógica y la memoria. En este caso, las ensoñaciones pasaban por recuperar un ferrocarril. Datos contundentes que se pretenden hacer valer en una autonomía tan hostil como expeditiva.

El caso de Portugal

El ferrocarril Vía de la Pata discurre paralelo a la frontera portuguesa. Portugal suspira por tener una salida hacia Europa y esto último pasa por comunicarse a través de la zona norte de la Península Ibérica, dejando relegadas determinadas zonas mollares de la España interior, como puede ser Valladolid y su agregado autonómico castellano. Castilla, que nunca ha sido limítrofe con Portugal, ve a nuestros vecinos como unos parias, al igual que los alemanes o franceses nos han visto a los españoles. En los planes de desarrollo hispano, Portugal nunca ha entrado en la ecuación. Son los parientes pobres que han de estar a nuestra disposición.

Pero sucede que Portugal, ligeramente inferior en superficie a Castilla y León, multiplica por cinco su población y mantiene un dinamismo que para sí lo quisiera esta mastodóntica comunidad de España de la que, además, se considera su espina dorsal. El país luso prospera dentro de sus limitaciones geográficas y poblacionales, mientras que la parda Geografía castellana, aunque Mañueco nos prometa la utopía de llegar a ser la tercera autonomía más pujante del país, no deja de ser un territorio pasmado a efectos de crecimiento y desarrollo.

Con estas premisas, Portugal intenta salir, económicamente hablando, de su pequeño nicho de oportunidades y podría llegar a contemplar el ferrocarril Vía de la Plata como un eje vertebrador de su comercio con España y como vía de salida de sus productos o entrada de sus importaciones. Pero sucede que este ferrocarril discurre por cuatro autonomías distintas: Asturias, Castilla y León, Extremadura y Andalucía. Pero en Castilla y León hay dos serios inconvenientes para dar luz verde al proyecto del ferrocarril Vía de la Plata.

En efecto, la fachada occidental que linda con Portugal, discurre por Zamora y Salamanca, provincias leonesas aunque hayan renunciado a ese marchamo. Extremadura y Andalucía son puntos de contacto poco atractivos para el país luso. A través de Extremadura puede conectar Lisboa con Madrid, lo cual no es poco, pero tampoco es mucho. Por Andalucía la cosa no sale mejor parada. Asturias, con su puerto de Gijón, sería más tentador. El motor económico de Portugal radica en la comarca de Entre Miño e Douro, donde se hallan Oporto y su puerto de Leixoes. Es la más dinámica y lleva muchos años intentando tejer redes comerciales con Galicia. Con Zamora y Salamanca sería inútil porque ni siquiera son dueñas de su desarrollo.

Oporto aspira a alcanzar una comunicación con Europa sin circunvoluciones ni circunvalaciones que retrase sus itinerarios si hubiera de pasar por Valladolid, lo cual no resulta interesante a esta provincia que vive del vampirismo de las otras ocho provincias castellanoleonesas que se han sometido a su poder. Pucela ha conseguido un aberrante nudo del Corredor Atlántico en Olmedo –la costa Atlántica más próxima, se halla a más de doscientos treinta kilómetros– y ahora no va a devaluarlo. Lo que les preocupe a los portugueses le importa más bien poco. 

Y estos son los dos inconvenientes mencionados. Primero: si la Vía de la Plata entorpeciera a Valladolid, tiene poder político, autonómico y nacional, para suprimirlo (una autonomía, dos ministros pucelanos y ninguna voz discrepante en la Región Leonesa). El segundo es que bajo ningún concepto hipotecaría su desarrollo dejando descarrilar el Corredor Atlántico. Por lo tanto no hace falta tener una bola de cristal para saber que intentará torpedear al ferrocarril Vía de La Plata de forma inmisericorde y sólo Asturias, Extremadura o Andalucía pueden evitarlo. Bienvenidos sean sesudos y legítimos proyectos por recuperarlo, pero ya se sabe cuál es el resultado cuando choca un mosquito contra un parabrisas. ¿O todavía no lo sabemos?

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

Etiquetas
stats