El cine club de Astorga: el fruto de una tradición y una reapertura que hace de la gran pantalla un punto de encuentro

Cineclub Luz de Cine de Astorga, durante la presentación de la película 'La bala', de Carlos Iglesias, en el Cine Velasco.

César Fernández

Hay veces en que se junta la causalidad con la casualidad. Astorga bebe todavía de una tradición cinéfila que explica en parte su cine club: tuvo uno ya en los años setenta, la localidad sumó hasta cinco puntos de exhibición de forma simultánea y su festival de cortometrajes se acerca a las treinta ediciones. Mientras buscaba abrir una librería con música en directo, Alejo Ibáñez se topó con la oportunidad de reabrir una sala histórica que contaba con “una cabina de proyección como la de Cinema Paradiso”. Y llegó la confluencia: la del emprendedor que se afana en mantener abierto el Cine Velasco y un puñado de fieles dispuestos a echar un cable para evitar que vuelva a cerrarse. La conjunción de intereses ha obrado un pequeño milagro en tiempos de preponderancia de las plataformas en torno a televisiones de muchas pulgadas en el sofá de los salones de las casas: formar una comunidad entre butacas en torno a la gran pantalla.

El continente ya invita al heroísmo. El Cine Velasco abrió sus puertas en 1911. Se trata del más antiguo de una localidad que pudo presumir de ser la española con más salas por habitante. “En los años veinte combinada el teatro con el cine mudo”, expone su actual regente. La entrada en escena del sonoro decantó la oferta hacia el séptimo arte. La instalación se sobrepuso luego a distintos avatares. “Se quemó en 1952”, cita Alejo Ibáñez. El Velasco cerró en enero de 2007. Y resurgió de sus cenizas en 2012 a través de la empresa salmantina Proyecfilm, que lo mantuvo abierto hasta 2022, en los últimos compases de la pandemia del coronavirus, según recoge este reportaje de Astorga Redacción. Fue en el verano de 2024 cuando volvió de nuevo a la vida, ahora de la mano de Ibáñez, un leonés de Santa Marina del Rey que estudió cine en Madrid y trabajó en el sector en Alicante hasta que regresó a su tierra. Tras seis meses de búsqueda infructuosa de un local que conjugara libros y música en León capital, se encontró en Astorga con un gigante historia del cine por resucitar.

La historia vinculada al séptimo arte se entrecruza en Astorga con otros nombres: los de los otros cuatro cines (Astúric, Capitol, Gullón y Tagarro) o el de cine-club Jastor (nombre derivado del club Juventud Astorgana), que eligió su junta directiva el 16 de noviembre de 1975 (cuatro días antes de la muerte de Francisco Franco) y echó a andar en los primeros meses de 1976 con la proyección, entonces en el Cine Tagarro, de películas como varias de la etapa mexicana de Luis Buñuel, expone su promotor y primer presidente, José Badal Talens, en un texto publicado por la revista Argutorio. “¿Conoces La naranja mecánica? ¿Y Amarcord?”, recuerda ahora que le preguntaban entonces a Antonio Carrera, que todavía cita otra iniciativa similar que se desarrollaba en un pequeño auditorio de la biblioteca. “Y el chico de Cultura nos esperaba antes de empezar la proyección”, rememora Carrera, cofundador y ahora presidente del Cineclub Luz de Cine, la experiencia en parte heredera de aquella tradición cinéfila.

Cineclub Luz de Cine de Astorga en el Velasco.

Fue el 8 de enero de 2025 cuando nació el Cineclub Luz de Cine con la proyección de El 47, película dirigida por Marcel Barrena y protagonizada por Eduard Fernández en torno a un movimiento vecinal surgido en aquella España de la Transición política. “Y hubo 170 espectadores”, resalta Carrera. Luz de Cine nació bendecido por aquel bautismo exitoso, el primer paso de una trayectoria que se ha ido perfilando hasta forjar una oferta ecléctica que da cancha también al cine clásico y al género documental. El primero recupera para la pantalla grande imprescindibles como Nosferatu o Psicosis. El segundo ha acercado a Astorga a cineastas como Gaizka Urresti, autor del documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine.

Había necesidad de crear comunidad en torno al cine. Y que el cine fuera también una experiencia comunitaria

Jesús Palmero Directivo del CineClub Luz de Astorga

La presencia de personas relacionadas con el sector (el cineasta Carlos Iglesias presentó su filme La bala) es uno de los valores añadidos en los que pretende profundizar la directiva del Luz de Cine. “Hay mucha gente en Astorga y en León en general vinculados al mundo del cine. Y la idea es traerlos y que puedan ofrecer una charla y presentar una película”, dice otro de los fundadores y gestores de la iniciativa, Jesús Palmero. La alusión le sirve a Antonio Carrera para citar el nombre de Claro García, originario de Astorga y Premio Goya al Mejor Guion Adaptado en 2015 por Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo. “Tenemos un espíritu de aprendizaje, de conocer aspectos que se escapan en el visionado”, señala Palmero. El coloquio posterior a la exhibición es una seña de identidad del cine club, que ha acabado sustituyendo la presentación previa por una hoja de sala con un breve resumen.

El caso es que el Luz de Cine se ha asentado en apenas un año y medio en torno a una masa social que oscila entre 70 y 90 integrantes, lo que hace viable una iniciativa que ha ido paralela a la resurrección del propio Velasco, proyectos a contracorriente de tendencias globales como el progresivo cierre de salas cinematográficas en un medio rural que se despuebla. ¿Cuál es la receta? “El principal estímulo es el precio. Hace 50 años el cine era un espectáculo de masas porque tenía un precio irrisorio”, responde Alejo Ibáñez (también implicado en el Luz de Cine), que ha apostado por establecer “precios populares”: 6 euros la entrada general y 5 euros acogiéndose a descuentos. El cine club ha fijado para sus socios un paquete (por 30 euros al trimestre pueden disfrutar de tres películas al mes) y un donativo a precio de mercado para el resto.

El Velasco y el Luz de Cine se retroalimentan. “Nosotros vimos que había que ayudar a Alejo a que no volviera a cerrar el cine”, apunta Palmero. Las proyecciones del cine club se han encajado los miércoles, el día libre de una oferta multidisciplinar que incluso incluye retransmisiones de ópera. Y el Velasco se ha convertido en un aldabonazo contra la resignación, una enmienda a los discursos que desaconsejaban al promotor la reapertura por parecer un Quijote contra los molinos de viento que dictan el movimiento de las tendencias. “A mí las cuentas me salen”, opone quien se encontró con un viejo proyector y ya va por su segundo empleado. Y el espacio ha recuperado una esencia que trasciende lo cultural. “Había necesidad de crear comunidad en torno al cine. Y que el cine fuera también una experiencia comunitaria”, sostiene Palmero. “Queremos que la gente vuelva al cine. Y que el cine sea un lugar de encuentro”, abunda Carrera.

El cineasta Carlos Iglesias (izquierda) y Alejo Ibáñez, regente del Cine Velasco y directivo del Cineclub Luz de Astorga.

Con año y medio de recorrido, el Cineclub Luz de Cine es una referencia que va más allá de Astorga hasta implicar a poblaciones del entorno, desde la Maragatería y la Cepeda hasta llegar incluso a La Bañeza, en una provincia que se fue quedando sin oferta de clásicos con el cierre de salas alternativas y la desaparición de la filmoteca de Caja España hasta dejar durante años a 'El cine de los Capuchinos' del Teatro San Francisco de León como el último refugio para los cinéfilos. Y no para en verano, conscientes sus rectores de que la época estival es propicia para los oriundos que regresan por vacaciones. “La media de edad del cine club es alta”, indica Ibáñez, quien reconoce como “un público perdido” para las salas el que va desde la preadolescencia hasta los 30 años de edad.

Ahora con 24 años de edad, Jaime San Martín todavía recuerda cómo el cine se convirtió en un “ritual de fin de semana” durante la adolescencia, ya fuera con amigos o incluso en solitario en Astorga. “Me enganché por los superhéroes”, pone en perspectiva quien luego marchó a estudiar música a Pamplona, donde amplió el radio hasta acostumbrarse a ver “tres, cuatro o cinco películas a la semana, y muy variadas”. Todavía estaba fuera cuando en 2022 el Cine Velasco cerró sus puertas para un adiós que acabó siendo un hasta luego. “Ya estaba acabando la carrera cuando se produjo la reapertura”, cuenta este joven que empezó colaborando en la ejecución de los carteles anunciadores de las películas del Luz de Cine y ahora ya forma parte de la directiva del cine club, por la que también pasaron otros fundadores como Almudena Botas y Lucas Fraile, y que actualmente se completa con Olga Castillo, Isabel Álvarez, Toñi Reinares y Beatriz Ojanguren.

Cine Velasco de Astorga, en una imagen de archivo.

En una provincia que padece la fuga de talentos, Alejo Ibáñez y Jaime San Martín son el ejemplo contrapuesto de leoneses de la diáspora que regresan a su tierra hasta implicarse en una iniciativa que ha consolidado una oferta cultural de primer nivel. La confluencia necesaria para lanzar la actividad convive con la configuración de un cartel variado que hace hueco al cine mudo, el blanco y negro y la versión original subtitulada, también con la participación de los propios socios a través de votaciones “con un planteamiento muy democrático”, subraya Palmero. “El blanco y negro no es un hándicap. El mayor hándicap es la versión original”, añade para contraponer la demanda de esta fórmula por parte de alumnos de la escuela de idiomas. “Es un tema divisorio. Hay gente que no quiere leer subtítulos. Y otra gente que dice que, si la película está doblada, pierde originalidad. Nosotros intentamos que haya un equilibrio”, aporta San Martín.

Ahora que incluso ya ha dado una vuelta al calendario de las estaciones con los cuentos del francés Éric Rohmer, el Luz de Cine ya ha visto incluso algún día colgar el no hay billetes en el Cine Velasco, que cuenta con 165 butacas. Alejo Ibáñez confía en ir sumando más socios para asemejarse a experiencias similares ya asentadas en lugares como Benavente (Zamora) o Palencia. “Se ha generado un público que es consistente. A ver si la gente joven se va enganchando”, suspira Jaime San Martín. “Fue una idea loca de unos pocos que ha salido bien”, resume Antonio Carrera, mientras Jesús Palmero, profesor en León y editor del sello Marciano Sonoro, hace piruetas en su propio calendario vital con una máxima: “Los miércoles son sagrados”. Y es que podría decirse (y titularse) que en Astorga los miércoles, milagro.

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