La batalla del dato contra el relato

Peter Thiel (Palantir) con 100 dólares en la mano en la conferencia BitCoin 2022.

Como las cosas no se agotan de un día para otro, y menos lo eslóganes que han tenido éxito alguna vez, sigo leyendo de vez en cuando la afirmación de que dato mata a relato y casi recuerdo con ternura los tiempos en que se discutía si había algo de verdad en ello.

A día de hoy, quien escribe semejante cosa suele ser una persona de entre cincuenta y sesenta años, y lo que quiere decir, mayormente, es que la verdad se sustenta mediante fuentes, aportando datos, y dejando a un lado la palabrería, porque las palabras mienten pero los números no. Esta idea, de un infantilismo y una ingenuidad conmovedoras, se ha ido desechando progresivamente a medida que todos hemos aprendido, en nuestras carnes, que no hay manera más fácil trapacera de mentir que con muchos datos, que debatir sobre las fuentes es tan inútil y sesgado como debatir sobre las consecuencias de algo, y que los números son tan venenosos o más que las palabras, y más fáciles de adulterar, además, porque casi nadie los entiende, en realidad.

Y encima, para colmo, la era de la inteligencia artificial ha venido a aportar un nuevo significado negativo a esa frase. Porque si para los viejos “dato mata relato” apuntaba a una tontería humanista, para los más jóvenes señala a una amenaza totalitaria, un simple y brutal garrotazo en la cabeza a cualquier pretensión de soberanía popular.

Hoy, “dato mata relato” indica la evidencia de que ya no vale la pena debatir nada, porque el imperio del big data y la inteligencia artificial toma las decisiones, también las políticas, al margen del debate público. Hoy, el dato mata al relato cada vez que una gran compañía como Palantir reúne datos sobre nuestras vidas para anular nuestros relatos sobre ellas. Hoy dejan de importar los relatos en cuanto ineficientes, incapaces de moldear la realidad, para dejar este poder a los datos, los que reúnen sobre nosotros, los que sobre nosotros modelizan, en un acto de control y desocialización. ¿Para qué quieres discutir nada si el big data conoce mejor que tú los agregados y las tensiones sociales? ¿Para qué quieres meter tus emociones de mierda en una ecuación? ¿Para estropearlo todo? Calla, no la líes, y acepta el imperio de los sensores y las matemáticas. Es eso.

El dato mató al relato, sí. Pero el relato era nuestro y el dato no lo es. Hemos pasado de granjeros a ganado. Un detalle insignificante, vaya, que nos va a salir gratis. Seguro. Ya lo veréis.

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