Villablino inaugura el parque de Cabo Verde con la presencia de su embajador, Eduardo Silva
La presencia del embajador de Cabo Verde, Eduardo Jorge Silva, dio una mayor relevancia institucional casi inesperada al acto de inauguración de un espacio público lúdico en Villablino con el nombre de Cabo Verde, como homenaje, recuerdo y agradecimiento del municipio a la gran comunidad emigrante de ese país que llegó, trabajó, residió y reside en la comarca de Laciana.
No solo el embajador se desplazó desde Madrid para este acto. También lo hizo Silvia Álvarez, hija del cónsul honorario de Cabo Verde en la Comunidad Valenciana, Alfonso S. Álvarez; quien lo hizo para suplir la ausencia por motivos de salud de su progenitor,con un mensaje escrito de este para los asistentes.
El alcalde, Mario Rivas y la casi totalidad de la corporación municipal, representantes de la Guardia Civil y la Policía Local completaron la representación institucional.
Más de medio centenar de miembros de la comunidad caboverdiana en Torrevieja llegaron hasta Villablino en esta jornada. Lo hicieron acompañados de un nutrido grupo de vecinos de la localidad y otros pueblos del municipio, que se dieron cita en el barrio de Colominas para el acto.
El embajador, la hija del cónsul y el alcalde destacaron en sus intervenciones la trascendencia de este hecho, que, “aunque sencillo”, cobra una mayor significación en “unos tiempos globales tan convulsos y difíciles como los actuales”.
Eduardo Jorge recalcó que un acto como este, “que busca encuentros de sentimientos, de cultura, de memoria, porque la vida es más que solo lo material”, permite creer que todavía es posible “crear el mundo que todos deseamos y nos permite ser cada uno de nosotros más ricos, en una tierra mejor para nosotros y también para nuestros hijos”.
El momento más emotivo de la mañana lo provocó Alcides Almeida, presidente de la Asociación Cultural Caboverdiana de Torrevieja, que abrió su intervención citando que había llegado a Laciana “hace cincuenta años, once meses y tres días, con 17 años”: haciendo la cuenta inversa, su fecha de llegada fue el 20 de junio de 1975.
La edad era un inconveniente, “al no tener 18 años, para entrar a la mina, en la empresa me dijeron que necesitaba una autorización de mis padres para poder darme el trabajo”. Lo que era un drama para él “pues no tenía ni una peseta ya en el bolsillo”. Tenia que escribirle “a mi madre” (su padre ya había fallecido) para que le contestase con la autorización.
Y narró cómo en la oficina de correos de Caboalles de Abajo el cartero no le entendía lo que quería explicarle, pues “no sabía ni una palabra de español”, por lo que le dijo que se sentase y esperase a que atendiese a la mucha gente que había en la oficina.
“Dicen que no hay Dios, a mí aquel día se me apareció un ángel, un señor, Ángel Tudela, se acercó a mí, me cogió de la mano y me dijo: no te preocupes, vamos hasta Villablino y echamos esa carta”. Con él bajó a Villablino, envió la carta, “y me acogió con su mujer Carmina en su casa”, por eso tengo un hermano blanco, Aberto Tudela, al que hizo subir al escenario diciéndole “bueno al menos no soy el único que llora un poco hoy”.
Alcides es el origen y quien ha provocado todo este movimiento que se ha venido produciendo en estos meses entre la comunidad caboverdiana, el municipio de Villablino y la sociedad local lacianiega. Él lo inició todo con un mensaje de voz enviado, que se puede escuchar en el portal de YouTube del Ayuntamiento (50 años de la llegada del segundo grupo de trabajadores caboverdianos) para recordar el medio siglo de la llegada del segundo grupo de caboverdianos.
El primer grupo, que solo lo integraban tres personas, había llegado meses antes. Uno de esos tres, Calocha (Carlos Monteiro), también estaba presente en el acto.