Echando de menos a Inés Arrimadas

Inés Arrimadas, antigua líder de Ciudadanos.

Como cronista friqui de la actualidad mediante esta columna semanal me dicen que he de declararme neutral en la inminente contienda autonómica, y sí, señoras y señores del jurado, tal y como está la cosa, echar de menos a Inés Arrimadas en este febrero húmedo, pre-electoral y polarizado es mi forma de declararme tan neutral como Suiza…

En efecto en este pasado febrero tan húmedo como el blusón de los domingos del padre Feijoo (nos referimos a Benito Jerónimo Feijoo, el ilustrado del siglo XVII autor del teatro crítico universal, no se vayan ustedes a pensar) se echa mucho de menos que llegue otra vez Inés Arrimadas con sus ojos niña, con sus ojos joya, y con su negro río en el cabello a juego con esa lozanía suya que tanto tenía de las mujeres azules y rosa de Picasso como de la mezcla genética e histórica de todas las Españas, que llegue otra vez, digo, como recién venida del fondo de nuestra vida, se suba a la platea mitinera así, con las lágrimas de Antígona lloradas hacia adentro, y, de pronto, enarbole mientras habla una bandera de España que casi vaya a juego con su chaqueta roja y, la cual, al sujetarla mientras discursa, le vuelva a dar un aire de cuadro de Delacroix (la libertad guiando al pueblo) al que sólo le falte el topless del original…

¡Sí, se echa mucho de menos a Inés Arrimadas, porque sin eso aquí ahora las españoladas mitineras las hace la derechona, y lo suyo, más que sutileza femenina, son coces del caballo de Espartero!

En efecto les digo que a mi loco juicio se echa menos a Inés Arrimadas en la trifulca autonómico-electoral atreviéndose a decir, con verbo de Agustina de Aragón y la agudeza lírico-filosófica de María Zambrano, las incómodas verdades del barquero moderno ahí, en medio de ese antiguo, retrógrado, monacato de sombras que es el interés autonómico subyugado presupuestariamente casi por completo por el independentismo.

Ea, un discurso mitinero más de la morena de verde luna, por decirlo con palabras de Federico García Lorca, resultaría tan actualísimo como histórico y, sobre todo, tendría el sentido de país que, en otro tiempo, atesoraba el socialismo: de hecho bien podría ser un discurso de prosa directa y que, al tiempo que dibujara con sustantivos y metáforas ese puzle que viene a ser hoy España, hablara no sobre la democracia de unos pocos ni, siquiera, sobre la democracia de la mayoría, sino que glosara de la democracia de todos (que es algo de lo que ya no habla nadie ahora y de esos polvos estos fetos)…

Eso, un nuevo discurso de Inés Arrimadas en medio de la campaña electoral de Castilla y León, que todo el mundo sabe que va a ser la campaña electoral más en clave nacional de todas las que hemos tenido, creemos que albergaría todo eso que tienen las cosas palpables, inmediatas, gráficas y directas que caracterizan nuestra loca época.

Y es que el gesto de Inés Arrimadas de dar discursos con la bandera en la mano, reactualizado en este tiempo nuestro, resultaría un éxito desde el punto de vista del márketing y del eco digital-mediático (habida cuenta de que el nivel está tan bajo que el espacio de centro de Inés rrimadas y los suyos ha sido ocupado por la extremo derecha)… Si diera ella un discurso así en nuestra campaña autonómica Gabriel Rufián, sin salir de la celda de sí mismo, al verla bandera en mano pondría la misma cara que si, tras haber leído por fin el librito escrito por sus dos venerados santos Marx y Engels titulado Los nacionalismos contra el proletariado, acabara de darse cuenta de que lo de la unión de las izquierdas es una contradicción en sus términos. A su vez Mañueco, el Fred Astaire repulido que no mete un ruido pero las mata callando, reaccionaría primero y, a Inés Arrimadas, la contestaría como dolido por que tan buen golpe de efecto político-mediático no se le hubiera ocurrido a él, y el alcalde de Soria cuyo nombre aún desconocemos pero sí recordamos que le hicieron candidato y empezó hablando mal de León (luego pidió perdón) se vería obligado a decir que lo de Arrimadas no está bien dicho pues hablan mejor los de Esquerra y los de Bildu y su bandera es más larga.

Pero ella, igual que la yegua rebelde de los poemas de Alberti, igual que una salva de luz en medio del vacío, igual que una irrupción tan repentina como oportuna de la razón de estado, daría un discurso abanderado (ya se encargarían los leonesistas de explicar al vulgo que en la bandera de España sale León bien claro y resplandeciente) que haría temblar TwiXtter, Facebook, Youtube, haría temblar los techos de la sala, la Cibeles, la Giralda y hasta movería las gafas de Mary Poppins que llevaba María Jesús Montero antes de operarse de lo suyo…

Se vienen unas elecciones autonómicas más divertidas que nunca… Y en ellas echar de menos en campaña a Inés Arrimadas es un modo de declararse neutral como Suiza…

En fin.

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