Cierra el Caballo Rojo: León pierde uno de sus bares y casas de comida casera con décadas de historia familiar

Buenaventura 'Turi' Méndez junto a la carta invariable durante décadas en el Caballo Rojo, que cierra por jubilación.

Carlos J. Domínguez

El próximo 1 de mayo, Día del Trabajo, Turi ya no trabajará. Ni él ni nadie del equipo de cinco personas que forman parte de una familia hostelera muy especial, la familia de el Caballo Rojo. En la víspera, el jueves 30, servirán los últimos vinos, ofrecerán las últimas tapas y pondrán sobre los manteles las últimas raciones de comida tradicional que han sido la marca de la casa durante décadas en este discreto pero histórico negocio familiar, una auténtica casa de comidas con el sabor de las de toda la vida.

La calle Federico Echevarría de la capital leonesa ya no será a misma a partir de esa fecha. Lo sabe bien Turi, Buenaventura Méndez, propietario del negocio de herencia familiar junto a su hermano José Manuel. Porque es consciente de que los clientes, “muchos de ellos muy amigos a fuerza de venir”, y también los vecinos de este bar de barrio, quedarán un poco huérfanos de buen trato y mejores sabores.

Los hay, comenta orgulloso, que acuden “prácticamente a diario a comer”, desde su antológico cocido completo a precio sin competencia al menú diario o las raciones “de siempre, las mismas que ya servíamos en la Casa de Galicia: no las hemos tocado”. Con esta referencia, se remonta a los orígenes de una saga familiar que alimentó su historia. Rememora: “Mi padre, Matías, cogió la Casa de Galicia a principios de los 80, cuando estaba en la calle Villafranca, después de haber tenido el bar Drake, frente al Cine Pasaje”. Todos ellos han desaparecido ya pero la mecha familiar estaba encendida desde hace casi 50 años.

Ambiente de cenas en el Caballo Rojo pocos días antes de su cierre.

Tras 20 años, la Casa de Galicia se trasladó a la calle La Torre y el éxito estalló durante los seis años de apertura. Allí su padre se jubiló y Turi, que tras estudiar en Madrid decidió primero regresar para echar una mano a sus padres “tras un problema de salud” y, después al comprobar “que entre León y Madrid no hay color”, tomó la decisión de que su vida laboral a partir de entonces estaría detrás de la barra y en medio de los fogones. Como lo estuvo la de su hermano “tras la crisis de la construcción”.

Eran “otros tiempos, la hostelería ha cambiado muchísimo”, relata con un ejemplo: “Antes era sota, caballo y rey: cinco vinos, dos tapas como pan con chorizo y listo”. Pero hoy en la bodega “tienes no cinco sino cincuenta vinos”, de variedad de tapas ni hablamos, ni tampoco del “aumento del nivel de exigencia de los clientes”. Ojo, que Turi no es de los hosteleros que de todo se quejan sino que le parece “bien porque también ves que la gente lo aprecia más”. Otra cosa muy distinta son “los impuestos, todo el papeleo, requisitos sanitarios, normas nuevas constantes...”. “Ahora un bar grande necesita un despacho sólo para él para levarlo todo en orden”, asegura todo un catedrático del sector, a fuerza de experiencia.

El café bar Caballo Rojo en la calle Federico Echevarría de la capital leonesa.

Precisamente porque era lo mejor que sabía hacer, tras los “dos años sabáticos” del cierre de la última Casa de Galicia en la ciudad, se lanzaron a cabalgar en una nueva aventura. Ya tenían comprado el local actual y en vigor su licencia, en Federico Echevarría, y dos intentos ajenos de alquiler “no conseguían sacarlo adelante”. Pocos recuerdan que mucho tiempo atrás el bar tuvo por nombre 'Del Ángel' y 'En los 60'. Pero una pareja que lo regentó, tras viajar a Córdoba y quedar maravillada con el Caballo Rojo original, el famoso restaurante del sur, decidieron bautizar así su propia aventura para que les trajera inspiración y suerte. Fue ese nombre, el auténtico, el que Buenaventura, su hermano y Elena, “que abrió conmigo desde el primer día”, eligieron para poner en el cartel de su herencia familiar. Y el éxito volvió.

La fórmula es como su comida, sencilla, pero igualmente ganadora. Cada comensal que se ha sentado en estos 18 años, que se cumplirían en octubre, da fe de ello. El ambiente en cada uno de los “tres turnos que damos” es sabroso y cálido. Lo han alimentado también Mari Mar, la cocina “de siempre”, y en los últimos años Camino, la camarera que le vino a quitar algunas horas de encima a Turi. Todos están llamados a seguirle en su jubilación, a unos 66 años “muy bien llevados” que le auguran todavía un buen disfrute de la vida más allá del Día del Trabajo de 2026. El día en que baje la trapa para siempre.

'Turi' Méndez y Elena, del equipo que abrieron el Caballo Rojo hace casi 18 años en su actual emplazamiento.

La pregunta es si hay relevo para el Caballo Rojo. Y también si le da pena. Sorprende respondiendo que “sí y no, porque si alguien te lo coge y le va bien, estupendísimo, pero si lo cambia mucho o no termina de tirar... ¡joder!”. Aún así, confía en que pueda salir adelante el relevo con “alguna persona interesada que hay”, aunque sin agobios. Su trabajo está más que hecho. Y el agradecimiento de sus amigos y clientes también. No en vano “hace semanas que no tenemos ni una mesa libre hasta el día que cerremos”.

Clientes y amigos en el Caballo Rojo de León poco antes de su cierre.
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