Las primeras escuelas para niñas pobres en León
Si hubo una singular tarea de progreso social en León, auspiciada por la Sociedad Económica de Amigos del País, esa fue la creación y puesta en marcha de cuatro escuelas (aulas) femeninas en la ciudad. Obedecían a las consignas propias de la Ilustración: la instrucción como base de toda prosperidad social, poniendo el foco e interés, esta vez y de forma singular, en las niñas de las clases más modestas de la capital.
Todo comenzó con unos planes fomentados en las últimas décadas del siglo XVIII, aunque puestos en marcha con el restablecimiento de las Escuelas Patrióticas a partir de 1816. Se trataba de enfocar una formación profesional y cívica, especialmente dirigida a las niñas pobres, un colectivo analfabeto y condenado de por vida a los trabajos del hogar. El concepto 'patrióticas' pudiera llevar a confusión, al entenderse como una carga de educación ideologizada –como en el franquismo–, pero, en realidad, buscaba inculcar a la juventud los valores propios de un modelo ilustrado y liberal.
Sin embargo, las escuelas femeninas de hace dos siglos perseguían algo más que ideologizar. De hecho, el ministro Campomanes ya lo había preconizado: una formación destinada a las mujeres de las familias artesanas para contribuir, junto a los varones, a la prosperidad de las familias y de la sociedad; una educación cristiana y una formación en labores “propias de su sexo”, especialmente costura y tejido. No se mencionaba en el reglamento la enseñanza de lectura y escritura, aunque también se incluyó en el currículo.
Escuela para las niñas pobres leonesas
El cuatro de abril de 1816 se abrió el centro femenino en la sede de la Económica de León, quedando admitidas 48 niñas, “todas pobres”. León tenía en aquella época un déficit educativo importante, de hecho, sólo contaba con nueve escuelas (aulas) en la ciudad, varias de ellas a cuenta del Ayuntamiento y el resto regidas por maestros establecidos, es decir, docentes que tenían permiso para cobrar a sus alumnos por impartirles educación, mientras que las del ayuntamiento eran gratuitas. El monopolio de la enseñanza asumido por el Estado tardaría décadas en implantarse en aquella España.
Sabemos que estas escuelas femeninas suponían una continuidad de las Escuelas Patrióticas del siglo XVIII, pero no conocemos cuántas eran en sus comienzos. Ahora, tras el cambio de siglo, se admitían también alumnas de pago en sus aulas, además de que se generalizaba el estudio de las primeras letras y doctrina cristiana, acompañadas del aprendizaje del bordado y el tejido, renunciando a los estudios de artes y al régimen mixto del alumnado.
Se ponía en marcha una experiencia pionera de la Económica de Amigos del País de León, atendiendo a niñas con el estigma social de la pobreza. El alma de la comisión de escolarización durante los primeros años fue Juan Bros Bertomeu y formaban parte de aquella comisión Fernando Heras, canónigo de la catedral, e Ildefonso Simón Bravo, abad del convento de San Claudio. Resulta palmario el impulso de miembros del clero ilustrado en aquellas tareas de labor educativa.
Bros ocupaba el puesto de maestro de capilla de la catedral; fue un compositor reputado de música religiosa, evolucionando del barroco al clasicismo. Llegaría a utilizar la 'capa de coro', prenda eclesiástica y símbolo de dignidad en la jerarquía del obispado. Quedó afectada su labor por los problemas económicos del Trienio Liberal al desmantelarse la capilla catedralicia (1822) ante la falta de presupuesto, momento en el que Bros decidió quedarse en la ciudad y ocupar el cargo de regidor municipal. Las tensiones del músico con el cabildo de la catedral no mejoraron, incluso llegaron al Tribunal de La Rota. Bros declinó otras vacantes tras contraer matrimonio con una asturiana en su breve estancia en Oviedo.
La Económica de Amigos del País leonesa financiaba las aulas dirigidas por Juan Bros Bertomeu, cuyos gastos más abultados se desglosaban así:
- Maestras: 600 reales anuales
- Premios para las alumnas: 600 reales anuales
- Mobiliario y material escolar: 2.400 reales anuales (cantidad importante debido a su puesta en funcionamiento que incluía muebles, papel, tinta, lienzos, hilos y telas, principalmente.)
Las cuatro maestras fueron contratadas tras un proceso de oposición y las 48 alumnas serían distribuidas en cuatro grupos de doce. Tres años después (1819) ya eran 70 alumnas y el número de matrícula siguió creciendo, aunque nunca superó las 96. Eran alumnas entre seis y doce años de edad y se les fijaba un aprendizaje de cuatro cursos, soportando exámenes de las materias o bloques al final de cada curso. Como aliciente, a los mejores resultados académicos se les concedían premios en metálico.
Las escuelas particulares con alumnas de pago hicieron competencia a estas escuelas, sin embargo, fue siempre superior el nivel alcanzado por las alumnas de condición más humilde.
Crisis y recuperación
La Económica de Amigos del País de la capital sufrió una grave crisis pecuniaria en 1834, hecho que provocó la paralización de sus proyectos, especialmente de las escuelas femeninas. No obstante, un año después reemprendieron su labor docente. Data de 1835 la redacción de un nuevo reglamento de escuelas que buscaba impulsar su cometido, elaborado por una comisión local (Matías Oliveros, Vicente Nieto, Félix Miguel Fernández y Nicolás Polo firmaron el nuevo texto), en el que se incluía explícitamente la enseñanza de lectura y escritura, rudimentos de matemáticas, doctrina cristiana a nivel de catecismo, urbanidad, comportamiento social y labores domésticas.
La reforma, tras el bache económico, traía una enseñanza más completa.
Para abordar este nuevo currículo se implantaron seis horas diarias de clase, respetando los requisitos de escolarización entre los seis y los catorce años, además de ser vecinas de León o arrabales y proceder de familias humildes. En el nuevo reglamento se admitían castigos, incluso la expulsión, pero se prohibían taxativamente golpes y humillaciones. Bajo aquellas premisas, las escuelas de la Económica de León adquirieron cierto prestigio en la ciudad.
Siempre bajo la tutela y supervisión de la institución, dos párrocos de San Marcelo y un socio de la Económica (Antonio Álvarez) vigilaban el proceso de aprendizaje, o sea, disciplina, enseñanzas, exámenes, provisión de plazas de maestra y otras exigencias. Después de Juan Bros, regentó las escuelas Tomasa Hordás (una de las maestras), que percibía por su cometido un sueldo de 2.700 reales anuales.
Las aulas se fueron dotando de materiales escolares para las diferentes actividades. Tenemos constancia de que en 1858 las maestras recién incorporadas solicitaron un listado muy completo de nuevos materiales para su tarea: 27 carteles de lectura, un tablero para aritmética con trípode, mesas con banco y tintero, diez catecismos, tres cuadernos litografiados, doce ejemplares de Amigos de Los Niños, tres volúmenes de lecturas del autor Martínez de la Rosa, seis silabarios y seis ejemplares de nociones de ortografía.
El elenco de materiales de aprendizaje refleja la actividad docente a mediados del siglo XIX, momento en el que se implantaron otras instituciones educativas en la ciudad, como el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, aunque éste no contaría con matrícula femenina hasta principios del siglo XX, cuando la Económica de Amigos del País dejó de tener tanta relevancia en el panorama educativo.
Otras instituciones educativas de los Amigos del País de León
El siglo XIX supuso un prolongado ensayo de otras tareas docente de esta entidad filantrópica, aunque el sostenimiento económico corriera principalmente a cargo del ayuntamiento y la diputación provincial. Podemos mencionar la Academia de Dibujo, la Escuela de Música, la Escuela de Taquigrafía, la Escuela de Adultos, la Escuela de Comercio y la Escuela de Agricultura.
Entre aquel abanico de opciones, la Económica de Amigos del País de León apoyó varias de ellas, aunque con escasa aportación económica, quedando el peso de su sostenimiento en la diputación, institución que había saneado sus arcas con la apropiación de bienes procedentes de la desamortización eclesiástica de Mendizábal.
La Academia de Dibujo siguió una trayectoria paralela a las escuelas femeninas. En 1816 trató de continuar la labor iniciada en el siglo anterior, adquiriendo en 1855 personalidad propia como establecimiento de enseñanza profesional en León, integrándose en 1880 en la Escuela de Artes y Oficios. Mantuvo tres itinerarios o salidas: la artesanal, la profesional y la artística, contando con colecciones de dibujo natural y adorno, láminas de dibujo artístico y lineal, y otros materiales.
El socio Segundo Sierra Pambley actuó de mecenas al donar 65 muestras de dibujo. Los exámenes constaban de ejercicios teóricos y prácticos, actuando de tribunal miembros cualificados de la Económica. Con éxitos comedidos, el número de matriculados no excedió en ningún momento de 62 alumnos.
Una escuela de Música
La Escuela de Música comenzó su andadura en 1859, subvencionada en su integridad por las tasas de matrícula y las partidas económicas del Ayuntamiento y la Diputación. Esta escuela derivaba de la de Dibujo, siendo la única de este tipo que existía en la ciudad. Llegó a tener tres itinerarios: solfeo y piano, instrumentos de cuerda e instrumentos de viento y percusión. Se planteó como una escuela de horario nocturno, de seis a nueve de la noche, haciendo acopio, a lo largo de los años, de instrumentos y partituras fundamentales de Albéniz, Romero, Cordero, Esteva, Atard…
La de Música, como sucedió con la de Dibujo, pasó a formar parte de la Escuela de Artes y Oficios, contando en el momento del traspaso con cincuenta instrumentos de viento, madera y percusión. Al aliento de aquel impulso, los Amigos del País de León formaron su propia orquesta, que con los años adquirió cierta notoriedad, por lo que intervino en actos públicos de todo tipo, singularmente en procesiones y conciertos, incluso en funciones de teatro, bailes y fiestas populares.
Taquigrafía, Adultos y Comercio
El marcado sentido de utilidad pública de los Amigos del País hizo que contribuyera y apoyara otros proyectos de enseñanza, como la Escuela de Taquígrafos, aunque de ella apenas tenemos noticias. Sabemos algo más de la Escuela de Adultos, en la que la Económica contribuyó con su profesorado que, voluntaria y gratuitamente, impartía clases los domingos por las mañanas, en aulas cedidas por el Seminario Conciliar de León.
La Escuela de Comercio fue el ejemplo vivo de un proyecto fracasado por falta de apoyos y financiación en la etapa que iba de 1855 a 1881. Las promesas del ministro de Fomento, conde de Toreno, quedaron muy mermadas en aquellos años y no se obtuvo contestación posterior a las peticiones de la Económica de León.
La agricultura y la industria
La Escuela de Agricultura respondía a una de las ramas más queridas por los Amigos del País de León, con una orientación encaminada a impulsar la agricultura de la provincia. Se fundó en 1815 y fue una de las seis pioneras de toda España, junto a las de Toledo, Sevilla, Burgos, Badajoz y Valladolid, sin embargo, las peripecias laborales de su catedrático la llevaron a una situación de escaso lucimiento, además de que la asignatura de Agricultura comenzaba a cursarse de forma reglada en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza. José Alonso Quintanilla, médico y vecino de Madrid, ganó la plaza de profesor de Agricultura, pero nunca llegó a León, pues entre sus exigencias estaban la de disponer por adelantado de materiales y laboratorio, además de la fijación de su propio sueldo. El proyecto, finalmente, cayó en vía muerta.
La Económica de Amigos del País sustituyó esta escuela agraria por conferencias esporádicas sobre técnicas de aprovechamiento del suelo y la mejora de nuevos cultivos que rompieran el panorama provincial de monocultivo cerealista. Finalmente, uno de sus socios, Nicolás Polo Briz, se hizo cargo de estas clases por unos meses, organizando nuevos ciclos de conferencias para los agricultores de la provincia.
Además de la Educación, el otro gran campo de trabajo de la Económica leonesa fue la promoción de la actividad y riqueza provinciales, con proyectos humildes en hechos y ambiciosos en teoría; su bagaje final estuvo marcado por la mediocridad. Fueron los casos de replantación de nuevas especies vegetales, el cultivo de la vid en zonas como el Bierzo y el sur de la provincia, la introducción de maquinaria agrícola para las labores de sembrado y recolección y el fomento artesanal de piel, lana, madera, vidrio y cerámica.
El mayor éxito sectorial fue la Exposición Industrial de 1876 con sede en León, donde acudieron muchas provincias españolas para mostrar sus avances. Constituyó una de las pocas veces que una convocatoria supraprovincial ponía a León en el mapa del siglo XIX.