Pensamiento y política hoy

Irene Montero, de Podemos, en un mítin.

Un intelectual verdadero hoy en día ha de ser más que nunca alguien inclasificable y difícilmente etiquetable o reducible a compartimentos estanco; alguien que en cuanto que investigador cultural y filosófico dé el perfil de quien, en caso de guerra, podría ser fusilado por los dos bandos.

Dando un pasito más en tal aspiración traigo hasta este rincón público una nueva lectura que es un foco de minero puesto sobre el presente acuciante, ideologizado y astenizado.

En el libro Mitos progres. Por qué tantas ideas del progresismo actual se aceptan como verdades sagradas y adónde nos están llevando (Deusto Ediciones), el profesor de Ética, Epistemología y Filosofía Política de la Universidad de Colorado Michael Huemer se propone una tarea incómoda: cuestionar algunas de las ideas más aceptadas del progresismo contemporáneo. Pero no la lleva a cabo desde la provocación gratuita, sino desde el análisis de datos, la lógica y el pensamiento crítico.

Huemer llama “mitos progresistas” a aquellas creencias que gozan de amplio consenso social y fuerte carga moral, pero que –según argumenta– no están bien respaldadas por la evidencia empírica. Entre ellas analiza la brecha salarial de género, el racismo sistémico y la violencia policial, la idea del género como constructo puramente social o el discurso apocalíptico sobre el cambio climático. Y, como parte de tal análisis, dialoga con Nancy Fraser y su libro Fortunas del feminismo, con Ibram X. Kendi y su célebre Cómo ser antirracista, con Naomi Klein y su panfleto Esto lo cambia todo (clima y capitalismo) y con Judith Butler y su ensayo considerado la Biblia del Pensamiento Queer El género en disputa.

Sin negar las injusticias reales

El autor no niega la existencia de injusticias reales, pero critica la simplificación moral con la que suelen abordarse estos temas. A su juicio, muchas narrativas dominantes exageran, ignoran variables clave o convierten estadísticas complejas en eslóganes políticos, lo que empobrece el debate público y dificulta soluciones eficaces.

El prólogo de Pablo Malo añade una capa especialmente interesante: explica por qué estos mitos resultan tan atractivos desde la psicología humana, cómo funcionan los sesgos cognitivos y por qué cuestionarlos suele generar rechazo emocional más que debate racional.

Escrito con un estilo claro y directo, Mitos progres es un ensayo provocador que invita a pensar con más calma y menos consignas. Gustará a lectores críticos con el discurso dominante y molestará a otros, pero en ambos casos cumple una función valiosa: recordar que el progreso no se defiende con dogmas, sino con argumentos. Es cierto que se trata de un libro que puede resultar excesivamente escéptico en algunos casos, que tiende a subestimar factores históricos y culturales, y que en su selección de mitos refleja una sensibilidad claramente liberal-clásica, lo cual puede percibirse como sesgo.

Pero leído sin prejuicios se ve que no propone es un ataque al progreso moral, sino una advertencia contra el dogmatismo ideológico disfrazado de virtud, ya que Huemer recuerda que las buenas intenciones no sustituyen a los buenos argumentos, y que una sociedad verdaderamente justa necesita menos consignas y más pensamiento crítico.

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