El sueño blanco de unir las estaciones de esquí de León y Asturias: un cuarto de siglo de promesas que no se concretan

Esquiadores en la estación de Leitariegos este invierno.

Elisabet Alba

La escena se repite una y otra vez. Una reunión institucional, una foto entre responsables políticos de León y Asturias, declaraciones sobre cooperación, el recuerdo del enorme potencial de las estaciones de esquí leonesas y asturianas y una promesa que vuelve a sonar como novedad pese a llevar casi un cuarto de siglo sobre la mesa: la gestión conjunta.

Esta semana ha ocurrido otra vez. El presidente de la Diputación de León, Gerardo Álvarez Courel, y el presidente del Principado, Adrián Barbón, han vuelto a prometer que estudiarán la fórmula jurídica para unir la gestión de San Isidro, Leitariegos, Valgrande-Pajares y Fuentes de Invierno. Y, otra vez, la realidad es que el proyecto sigue sin concretarse.

No se trata de una idea improvisada ni reciente. La cooperación entre las estaciones de la cordillera cantábrica se viene anunciando desde comienzos de siglo, concretamente desde 2002, cuando Asturias ni siquiera había inaugurado aún Fuentes de Invierno, que abrió en 2007. Entonces ya se hablaba de un modelo compartido para aprovechar mejor unos complejos que, sumados, alcanzan alrededor de 81 kilómetros esquiables, una dimensión más que suficiente para competir como marca común en el noroeste peninsular y atraer mercado gallego, portugués y también del centro de España.

Pero esa necesidad de repensar su futuro es hoy todavía mayor que hace veinte años. No solo por la competencia turística o por la despoblación de los valles de montaña, sino también por el impacto cada vez más evidente del cambio climático sobre unas estaciones situadas a cotas relativamente bajas. Las temporadas de 2022-2023 y 2023-2024 fueron las peores de los últimos años para San Isidro y Leitariegos, que apenas lograron mantenerse abiertas algo más de la mitad del calendario previsto. Los expertos apuntan a una combinación clara: aumento de temperaturas, subida de la cota de nieve y una altitud límite que hace que pequeñas variaciones térmicas dejen la nieve fuera de las pistas. En ese escenario, la gestión conjunta ya no se plantea solo como una oportunidad, sino también como una necesidad para diversificar usos y darles vida más allá del invierno.

Pero entre el deseo político y la realidad se han ido acumulando los años, los cambios de gobierno en León y en Asturias, los estudios, los anuncios, los convenios frustrados, los intereses cruzados y hasta los escándalos de corrupción. El resultado, 25 años después, es que la gestión conjunta sigue siendo una promesa heredada de mandato en mandato.

Imagen de archivo de la estación de esquí de San Isidro este invierno.

Cuatro estaciones, un potencial evidente

Sobre el papel, el proyecto tiene lógica. La estación leonesa de San Isidro, inaugurada en 1974, dispone de 34 kilómetros esquiables, 35 pistas y 15 remontes, con cotas entre 1.500 y 2.100 metros. Leitariegos, abierta en 1975, suma 7,44 kilómetros, 15 pistas y 7 remontes, entre los 1.513 y los 1.800 metros. En Asturias, Valgrande-Pajares, inaugurada en 1954, cuenta con 30,9 kilómetros, 38 pistas y 7 remontes, entre 1.375 y 1.890 metros. Fuentes de Invierno, la más reciente, abrió en 2007 con 8,7 kilómetros, 15 pistas y 5 remontes, entre 1.487 y 1.950 metros.

La fotografía del mapa también empuja hacia esa colaboración. San Isidro y Fuentes de Invierno están literalmente una al lado de la otra. Valgrande-Pajares se encuentra a solo cinco minutos en coche de Arbas del Puerto, en León, y a 55 minutos de la capital leonesa, menos tiempo del que se tarda en llegar desde León ciudad a San Isidro y bastante menos que a Leitariegos. Esta última, además, es la estación más occidental de las cuatro y la más próxima para esquiadores del Bierzo, de Galicia y del norte de Portugal.

La suma de las cuatro permitiría presentar una oferta unificada de montaña y nieve en la cordillera cantábrica, con más variedad de pistas, más capacidad de atracción y más posibilidades de especialización. Pero además, el cambio climático obliga a mirar más allá del esquí puro. Las estaciones leonesas llevan años viendo cómo se acortan sus temporadas y ya no llegan a abril como ocurría no hace tanto. Meteorólogos y expertos señalan que su altitud, mucho más baja que la de grandes complejos como Sierra Nevada, las sitúa en una posición especialmente vulnerable: cuando suben las temperaturas, la nieve se queda por encima de sus cotas. De ahí que la gestión conjunta y la inversión no puedan pensarse solo en clave invernal. El Movimiento Ciudadano por Leitariegos y colectivos asturianos insisten en ello: las estaciones deben funcionar también en verano, como complejos de montaña capaces de generar actividad, empleo y fijación de población en valles muy castigados por la despoblación.

El origen: cuando Asturias quiso hablar de unión antes incluso de abrir Fuentes de Invierno

La historia arranca a comienzos de los 2000. Cuando el Principado empezó a diseñar Fuentes de Invierno, ya planteó la conveniencia de coordinar su futuro con las estaciones leonesas. Aquello no sentó bien en León. El entonces presidente de la Diputación, José Antonio Díez, del PP, no recibió de buen grado que Asturias tratase de imponer una gestión de servicios común antes incluso de que la estación asturiana fuera una realidad.

A partir de ahí, lo que parecía una discrepancia inicial se convirtió en una constante histórica: Asturias y León compartiendo el diagnóstico, pero sin llegar a rematar el acuerdo. Desde Javier García Prieto hasta Gerardo Álvarez Courel, pasando por Isabel Carrasco, Marcos Martínez Barazón, Emilio Orejas, Juan Martínez Majo y Eduardo Morán, todos los presidentes de la institución provincial leonesa, de PP y PSOE, han defendido en algún momento una fórmula conjunta. Ninguno la ha culminado.

Javier García Prieto: primeros años de una idea recurrente

Con Javier García Prieto al frente de la Diputación entre 2003 y 2007, la idea de la colaboración seguía latente mientras Asturias daba forma a Fuentes de Invierno. No llegó a materializarse un gran paso definitivo, pero sí quedó asentado el marco discursivo que después repetirían todos: que las estaciones no debían verse como competencia entre sí, sino como una oportunidad conjunta para el turismo de nieve y para la economía de montaña.

La teoría parecía clara ya entonces. Lo que faltaba era concretarla en infraestructuras compartidas, modelo de explotación, estrategia comercial y voluntad real de asumir costes y beneficios entre ambas administraciones.

El PP de León y Asturias desvelan su primera promesa electoral: la Gran Estación de Esquí del Norte, de gestión privada.

Isabel Carrasco: del gran anuncio al convenio que nunca fue

La etapa de Isabel Carrasco es probablemente la más simbólica de todas porque fue la del gran titular. En 2012, la presidenta de la Diputación y la consejera asturiana Ana González anunciaron que trabajarían para la “unión total” de Fuentes de Invierno y San Isidro a medio plazo. Se habló de estudios técnicos, de gestión única, de forfait conjunto y de crear uno de los grandes complejos de esquí del país. También se colocó en el centro la línea eléctrica de San Isidro, construida por la Diputación leonesa con un coste que se disparó desde unos cinco millones iniciales hasta cerca de doce y finalmente alrededor de catorce millones.

Aquel acuerdo, presentado como el comienzo de la fusión, escondía sin embargo un problema de fondo: Asturias nunca aceptó las condiciones económicas que León daba por hechas. Mientras desde la Diputación se habló de una aportación asturiana de entre cuatro y cinco millones de euros por el enganche eléctrico, el Principado sostenía que la necesidad real de Fuentes de Invierno era de menos de 1,5 millones. Aquella diferencia abismal acabaría siendo descrita desde Asturias como “la cuenta de la vieja”.

Es decir, mientras en público se hablaba de entendimiento y cooperación, en privado el acuerdo económico estaba lejos de cerrarse. El convenio se presentó como un avance decisivo, pero en realidad no quedó rematado en términos asumibles para ambas partes.

Marcos Martínez Barazón saliendo detenido de la Diputación de León, siendo él presidente.

Marcos Martínez Barazón: promesas, San Isidro y la sombra de la corrupción

Tras el asesinato de Isabel Carrasco en 2014, Marcos Martínez Barazón asumió la Presidencia de la Diputación durante apenas unos meses. También él mantuvo viva la promesa de unión de las estaciones con Asturias, pero aquella etapa terminó abruptamente con su detención por el caso Púnica, por el que terminó condenado.

La caída de Barazón contaminó por completo cualquier posible avance relacionado con San Isidro. No solo porque su interlocución con Asturias quedó rota, sino porque la propia estación leonesa aparecía en conversaciones, correos y contratos presuntamente amañados vinculados a cafeterías, planes de dinamización y adjudicaciones. En 2023, la Audiencia Nacional lo condenó por un delito continuado de prevaricación, junto a otros responsables, en la pieza leonesa de Púnica.

El Gobierno asturiano, que ya rechazaba pagar cinco millones por la conexión eléctrica, dejó claro entonces que no era que hubiera paralizado el acuerdo, sino que nunca había llegado a concretarse de verdad. Con el presidente leonés detenido y luego encarcelado provisionalmente, el proyecto de unión tuvo que volver, otra vez, a la casilla de salida.

Emilio Orejas y Juan Martínez Majo: la “Gran Estación del Norte”

Después de Barazón, Emilio Orejas ocupó la Presidencia de forma transitoria hasta las elecciones de 2015. Y en aquella transición, el PP leonés volvió a abrazar la gran promesa blanca. Orejas y quien sería después presidente de la Diputación, Juan Martínez Majo, defendieron junto al PP asturiano la fusión de Fuentes de Invierno y San Isidro bajo la idea de “La Gran Estación del Norte”.

La propuesta hablaba de ampliar en 18 kilómetros el dominio esquiable y alcanzar un complejo de unos 50 kilómetros potenciales, con capacidad para cuatro mil usuarios por jornada. Se insistió entonces en las bondades económicas del proyecto: atraer mercado de Galicia y Portugal, abrirse a Cantabria y Madrid, dinamizar hostelería y comercio y frenar la despoblación de la montaña.

También se llegó a perfilar un esquema económico para el enganche eléctrico asturiano a la línea de San Isidro. Pero, una vez más, aquello quedó en proyecto político y promesa electoral. Ni 'la gran estación' llegó ni la gestión conjunta se implantó. El problema seguía siendo el mismo: había titulares y declaraciones, pero no un acuerdo estable, ejecutable y blindado entre administraciones.

Eduardo Morán: fondos europeos y otro “paso más”

Tras el regreso del PSOE a la Diputación en 2019, Eduardo Morán recuperó el discurso de la colaboración con Asturias. En 2021 se reunió con Adrián Barbón y se habló de concurrir juntos a fondos europeos con un proyecto compartido para San Isidro y Fuentes de Invierno. Se presentó como uno de los encuentros más importantes de los últimos años y como un paso concreto hacia esa conexión tantas veces aplazada.

Pero la historia volvió a repetirse. El proyecto siguió vivo en el plano político y declarativo, pero sin una concreción final. Ni la gestión unificada llegó ni se dio el salto a un verdadero modelo común de explotación, promoción y servicios. Otra vez, un “paso más” que no fue a ninguna parte.

El presidente de la Diputación de León, Gerardo Álvarez Courel, y el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, este jueves en Fuentes de Invierno.

Gerardo Álvarez Courel: misma promesa, esta vez con cable

El actual presidente, Gerardo Álvarez Courel, ha vuelto a poner la cuestión sobre la mesa. Esta semana se ha escenificado un avance real, aunque muy limitado respecto al viejo sueño conjunto: Fuentes de Invierno ya está conectada eléctricamente a la línea de alta tensión de San Isidro y ha apagado por fin sus generadores de gasoil.

El acuerdo definitivo llega después de años de retraso y en condiciones económicas muy distintas a las defendidas por la vieja dirección 'popular' de la Diputación. Asturias pagará cerca de 1,8 millones en diez años, muy lejos de los alrededor de cinco millones que se pretendieron en tiempos de Carrasco y Barazón. Es, sin duda, un paso tangible. Pero no es la gestión conjunta prometida desde hace un cuarto de siglo.

En la reunión entre Courel y Barbón se volvió a hablar de estudiar el encaje jurídico adecuado para la gestión compartida de las cuatro estaciones, no solo San Isidro y Fuentes, sino también Leitariegos y Valgrande-Pajares. El lenguaje es el de siempre: aspectos técnicos, jurídicos y económicos; voluntad clara; seguir trabajando; ir de la mano. Todo suena razonable. También suena conocido.

Desde el propio territorio, sin embargo, la reacción mezcla esperanza con cautela. Jonatan Gutiérrez, empresario del valle y uno de los portavoces del Movimiento Ciudadano por Leitariegos, considera que el anuncio es “esperanzador”, pero recuerda que llega en pleno contexto electoral. “Credibilidad puede haber, pero ahora hay que demostrar que esta vez va en serio. Eso se verá cuando empiecen a aparecer publicaciones en el BOP y en el BOPA”, señala.

Gutiérrez recuerda además que algunos avances han tardado décadas en materializarse. “Se ha tardado 19 años en dar luz eléctrica a Fuentes de Invierno. Cuando algo llega después de tanto tiempo tampoco hay mucho que celebrar”, resume.

Lo único que sí existe ya: el forfait compartido

En estos años, lo que sí se ha logrado es una fórmula conjunta para la compra de forfaits. Es un avance, pero menor comparado con lo prometido durante tanto tiempo. Porque la gestión conjunta de verdad implicaría mucho más: una marca única, una promoción coordinada, planificación de inversiones, estrategia turística común, posible agencia de viajes, servicios compartidos, especialización de estaciones y una visión conjunta del territorio.

Eso es precisamente lo que reclaman ahora los movimientos sociales y empresariales de ambos lados de la cordillera cantábrica. No solo un abono compartido, sino una estructura de gestión y promoción unificada.

Las estaciones, una a una: fortalezas y carencias

El propio Movimiento Ciudadano por Leitariegos y colectivos asturianos han señalado las necesidades de cada estación. Y ese listado explica también por qué la gestión conjunta no puede ser solo una consigna política.

Valgrande-Pajares precisa completar la segunda fase de sus mejoras, con sendas, miradores y telebike; actuaciones en pistas; reparación y actualización de edificios públicos; modernización de la nieve artificial y trabajos de urbanización, saneamiento, alumbrado y asfaltado.

Fuentes de Invierno necesita un edificio de servicios en la zona media, un hangar en la zona baja, completar la electrificación, mejorar la nieve artificial y ampliar el dominio esquiable.

San Isidro reclama actualizar el sistema de nieve artificial e innivar al menos una pista por sector; actuar en pistas, drenajes y zonas debutantes; potenciar Salencias para maximizar días de apertura; y renovar remontes, muchos de ellos con una vida útil media cercana a 40 años. También se plantea licitar fórmulas para una unión física con Fuentes de Invierno.

Leitariegos, por su parte, necesita una nueva máquina pisapistas, poner plenamente operativo su sistema de nieve artificial y relanzar el viejo proyecto del telesilla cuatriplaza que sustituya al vetusto telesilla La Laguna.

En el caso de Leitariegos, además, el malestar social por la falta de inversiones y por la gestión diaria ya ha salido este mismo invierno de los despachos y de los comunicados para trasladarse a la propia estación. En febrero, más de doscientas personas protagonizaron una protesta inédita en el complejo lacianiego para reclamar a la Diputación mejoras urgentes, denunciar colas y problemas de funcionamiento pese a haber nieve, y exigir que se ejecuten de una vez los compromisos arrastrados desde el plan inversor aprobado en 2018. La movilización dejó claro hasta qué punto la estación se percibe en Laciana no como un equipamiento accesorio, sino como un motor económico fundamental para el valle y una infraestructura cuyo deterioro o mala gestión tiene consecuencias directas sobre el empleo, la hostelería y la actividad de toda la comarca.

Desde el movimiento ciudadano insisten en que el debate no se limita a mejorar instalaciones, sino también a repensar el modelo de gestión. “Con estaciones públicas al cien por cien todo se vuelve mucho más lento: contrataciones, licitaciones, inversiones o presupuestos”, apunta Gutiérrez. A su juicio, una posible vía sería un sistema mixto de gestión privada con participación pública, similar al de otros complejos españoles, aunque reconoce que un cambio de este tipo “difícilmente podría materializarse antes de diez años, incluso aunque ahora exista voluntad política”.

No se trata, por tanto, de cuatro estaciones que solo necesiten una buena campaña publicitaria. Necesitan inversiones, modelo, continuidad y una apuesta real. Y ese es precisamente otro de los grandes déficits del último cuarto de siglo: la promesa de unión no ha ido acompañada de una hoja de ruta estable de modernización.

Protesta ciudadana en la estación de esquí de Leitariegos.

El factor económico: una oportunidad que todos repiten

Todos los presidentes, todos los partidos y todos los colectivos coinciden en la misma idea: las estaciones son motores económicos para valles muy castigados por la despoblación. Ahí tampoco hay discusión. Lo que cambia es el grado de compromiso real para convertir esa afirmación en una política sostenida.

Los datos que manejan los defensores de una marca común son contundentes. Según el estudio encargado en su día por la Cámara de Comercio de Oviedo para Valgrande-Pajares, y actualizado por los colectivos sociales al año 2026, Pajares podría superar los 100.000 usuarios, San Isidro rondar o rebasar los 125.000 y Leitariegos y Fuentes de Invierno alcanzar unas 75.000 cada una. En conjunto, las cuatro podrían superar los 375.000 usuarios solo en invierno, generar un valor añadido bruto superior a 56 millones de euros y crear más de mil puestos de trabajo.

Más allá de si esas cifras se cumplen o no en su integridad, lo relevante es que la oportunidad económica lleva años siendo conocida. Las estaciones no solo son pistas y remontes: son alojamiento, hostelería, comercio, empleo directo e indirecto, fijación de población y actividad para territorios periféricos. Y también, una puerta natural para atraer esquiadores de Galicia y del norte de Portugal, muy próximos geográficamente a estos complejos.

Ahora bien, incluso ese potencial económico obliga a revisar el modelo. Si la nieve natural cada vez dura menos días y las temporadas se acortan por efecto del calentamiento y de la subida de la cota, el futuro de estas instalaciones no puede descansar únicamente en el esquí. La rentabilidad y la supervivencia de los valles pasan también por convertirlas en destinos de montaña durante todo el año, con usos complementarios, actividades de verano y una oferta turística más amplia. Es decir, la gestión conjunta no solo permitiría sumar kilómetros esquiables y promoción, sino también replantear un modelo que el cambio climático está empujando a transformarse.

Aramón, una gestión compartida de cuatro estaciones en Aragón

Cuando se habla de que la gestión conjunta es posible, no se hace en abstracto. Ya existe un ejemplo en España. En Aragón, Aramón puso en marcha en 2002 una gestión compartida de varias estaciones: Cerler, Formigal-Panticosa, Javalambre y Valdelinares. Las cuatro estaciones conforman “el dominio esquiable más grande de España”, según su página web, sumando 294 kilómetros esquiables, 250 pistas y 78 remontes.

La comparación no es exacta, porque ni el volumen ni el contexto territorial son los mismos, pero sí demuestra una cosa: que una marca única y una explotación coordinada son viables si existe voluntad política, acuerdo institucional y planificación. Si en Aragón pudo construirse una estructura conjunta hace más de veinte años, la pregunta inevitable en León y Asturias es por qué aquí se sigue hablando de lo mismo como si siempre fuera algo insólito.

Para los colectivos de la montaña, el ejemplo aragonés demuestra que la clave no es solo unir estaciones, sino dotarlas de una estrategia común. “Aramón ha creado una marca reconocible que da unidad a todas sus estaciones y las convierte en referencia nacional”, señala Gutiérrez. En su opinión, en León y Asturias sigue pesando una visión distinta: “Allí las estaciones se ven como una inversión y aquí todavía muchas veces se presentan como un gasto, cuando en realidad generan turismo, empleo, actividad económica en los valles y fijan población”.

Un cuarto de siglo de promesas sin cumplir

La gestión conjunta de las estaciones de esquí de León y Asturias no ha fracasado por falta de diagnóstico. Tampoco por falta de promesas. La han prometido, con matices distintos, todos los presidentes de la Diputación desde 2003 hasta hoy. La han defendido gobiernos del PP y del PSOE. Ha aparecido en convenios, campañas electorales, reuniones bilaterales, proyectos a fondos europeos y actos institucionales. Se ha presentado como clave contra la despoblación, como oportunidad turística, como motor económico y como evidencia de sentido común.

Y, sin embargo, sigue sin llevarse a cabo. Lo único concreto que puede exhibirse hoy, 25 años después de que Asturias empezara a pensar Fuentes de Invierno y de que se hablara ya de cooperación, es un forfait compartido y una conexión eléctrica que ha tardado más de una década y media en resolverse. Todo lo demás sigue en el terreno del estudio, de la intención, del “encaje jurídico”, del “modelo adecuado”, del “paso más”.

La misma pregunta, otra vez

Los promotores sociales de la nieve y la montaña lo han expresado esta semana con claridad: el camino no puede ser otro que la inversión y la apuesta decidida, pero no con promesas que no se cumplen como hasta ahora. Porque a estas alturas el problema ya no es imaginar el potencial. El potencial es evidente. El problema es que el proyecto lleva un cuarto de siglo enterrado bajo anuncios, retrasos y oportunidades perdidas.

León y Asturias vuelven a prometer que estudiarán la gestión conjunta de sus estaciones. Otra vez. Como hace cinco años. Como hace diez. Como hace quince. Como hace veinte. Como casi desde el arranque del siglo. El sueño blanco sigue ahí, pero continúa sin hacerse realidad.

Aun así, en los valles de la cordillera la sensación no es de resignación, sino de vigilancia. “Estamos esperanzados, pero a la expectativa”, resume Gutiérrez. Para él, el futuro pasa por construir una imagen común de las estaciones, especializar cada una en distintas actividades y aprovecharlas durante todo el año. “Cuando hay nieve pedimos que todo funcione bien, y cuando no la hay necesitamos alternativas: bikepark, senderismo, turismo familiar o actividades de montaña. Si conseguimos atraer gente todo el año, habrá empleo, actividad en los pueblos y más posibilidades de fijar población”.

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