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Libros
'La guerra de los mundos: el retorno de la geopolítica y el choque de los imperios', de Bruno Tertais
Acaba de suceder y ya hay quien lo está pensando con tal claridad que se diría que se trata de un visionario tipo Philp K. Dick o George Orwell que lo vio antes de que sucediera…
En este sentido, leer La guerra de los mundos publicado por la Editorial Oberon (Anaya) del politólogo francés experto en geopolítica Bruno Tertrais es como escuchar las campanas de una Europa que se niega a ser huésped pasivo de su propio destino. Tertrais lanza al lector a la arena de las grandes tensiones globales con una prosa que, sin perder rigor académico, recupera el pulso narrativo que hoy exige la geopolítica para escapar de la fría tecnocracia.
En este ensayo –más ensayo de ideas que manual de estrategia– se percibe una advertencia que va más allá de la acumulación de datos. La metáfora de la 'guerra de los mundos' tomada del pionero de la ciencia ficción H. G. Wells, usada aquí con habilidad por Tertrais, no remite tanto a un conflicto interestelar como a una fractura en el orden mundial: la emergencia de neoimperios que, azuzados por su resentimiento histórico y su ambición de poder, desafían el statu quo occidental. China y Rusia aparecen no como meros actores geográficos, sino como fuerzas tectónicas que reconfiguran las placas de la política global.
El autor –con la sobriedad bien ganada de quien ha asesorado instituciones como la OTAN, y think tanks europeos– traza un mapa donde las líneas de falla no son solo territoriales sino civilizacionales. El choque no se limita a Ucrania o Taiwán; se extiende al ciberespacio, a los fondos marinos, a los recursos estratégicos como el litio, incluso al espacio. No estamos ante una relectura de la Guerra Fría: más bien ante la constatación de que la coyuntura actual combina elementos de las grandes crisis de siglo XX con nuevas dinámicas de interdependencia y vulnerabilidad mutua.
Lo valioso de Tertrais es que no se limita a describir escenarios sombríos; su análisis plantea preguntas incómodas: ¿Estamos retornando a formas de confrontación imperial? ¿Existe una nueva geopolítica o simplemente un remix de viejas tensiones? Y, sobre todo: ¿Occidente todavía posee la iniciativa histórica o está reaccionando a su propia declinación percibida? Estas preguntas –aunque a veces implícitas– son el motor del libro.
Prosa accesible sin sacrificar profundidad
Sin prejuicios ideológicos evidentes, y con una prosa que se mantiene accesible sin sacrificar profundidad, La guerra de los mundos exige al lector un doble ejercicio: comprender los hechos y repensar las categorías con las que solemos entenderlos. En ese sentido, el ensayo de Tertrais funciona tanto como diagnóstico como como reto intelectual: nos recuerda que la geopolítica no es un espectro muerto, sino una trama dinámica de fuerzas que modelan, sin concesiones, el siglo XXI.
Sin embargo, este mismo vigor analítico puede convertirse en una trampa interpretativa. Tertrais, heredero de una tradición estratégica occidental, tiende a encuadrar las tensiones globales a través de categorías simpáticas a un pensamiento 'Occidente vs. autoritarismos', donde las acciones de Moscú o Pekín parecen casi inevitables por su propia naturaleza política. Esto recuerda, en parte, discusiones clásicas en geopolítica realista –como las de John Mearsheimer sobre el regreso de la geopolítica estructural– pero sin integrar completamente las críticas más recientes de la geopolítica crítica que subrayan cómo los discursos y representaciones influyen en los comportamientos estatales.
Elementos psicológicos y culturales de la geopolítica
En esta comparación, mientras autores como Mearsheimer explican la expansión de bloques como un resultado estructural del sistema internacional –la anarquía y la búsqueda de seguridad– Tertrais incorpora elementos psicológicos y culturales que, para algunos críticos, rayan en explicaciones algo monocausales o centradas en “resentimientos” e “irracionalidades” externas a Occidente. Por ejemplo, su caracterización de Rusia como atrapada en un regreso fascista o de China como un totalitarismo monolítico usa categorías potentes, pero que a veces reducen matices geopolíticos importantes como la diversidad interna de esas sociedades y sus múltiples objetivos estratégicos que van más allá de un simple antagonismo occidental.
Además, en comparación con perspectivas más sistémicas –como la de Kenneth Waltz sobre equilibrio de poder o la de Robert Keohane y Joseph Nye sobre interdependencia compleja– la propuesta de Tertrais enfatiza el conflicto por encima de la cooperación. Esto captura una tendencia real del momento (el retorno de la competencia entre grandes poderes), pero puede sobreestimar la inevitabilidad de un choque abierto y subestimar espacios intermedios donde la rivalidad y el alineamiento coexisten.
Un aspecto valioso que Tertrais aporta es su consistencia analítica y su manejo de escenarios geopolíticos contemporáneos: no solo describe tensiones, sino que propone vectores de evolución –declive relativo del liberalismo global, reconfiguración de alianzas, materialización de fronteras tecnológicas y económicas– que enriquecen la reflexión estratégica. Pero al mismo tiempo, su narrativa puede resultar poco crítica ante su propio marco de referencia.
Con todo, La guerra de los mundos es una obra sólida y provocadora de pensamiento divulgativo actual y finísimo que sitúa con claridad las grandes tensiones geopolíticas, lo cual es particularmente útil para quienes buscan una panorámica estratégica amplia y bien razonada. Recomendable.