El castaño que lleva cien años dando sombra en el Ayuntamiento Viejo de San Marcelo en León
No tiene placa, pedestal ni nombre propio. Tampoco necesita ninguno de esos elementos para hacerse notar. Su tamaño, su sombra y su ubicación lo han convertido en un punto de referencia para vecinos y visitantes. En una de las esquinas más transitadas de la Plaza del Ayuntamiento de León, justo en el encuentro con la calle Arco de Ánimas y frente a las ventanas de la Policía Local, un castaño observa la vida de la ciudad desde hace aproximadamente un siglo.
No es el árbol más antiguo de León, pero sí uno de los más cargados de significado. Este año se conmemora el centenario aproximado de su plantación, cuando apenas era un pequeño ejemplar situado frente a lo que sería el Teatro Principal. Desde entonces, ha crecido junto a la plaza, las calles y las generaciones de leoneses que han pasado bajo su sombra.
Su localización tampoco parece casual. El árbol se encuentra junto a uno de los espacios vinculados al poder civil, pero introduce en ese escenario una presencia distinta: la de la naturaleza, los ciclos y el paso del tiempo. Frente a la arquitectura pétrea del Ayuntamiento, el castaño recuerda que la ciudad también respira, cambia y envejece.
Esto asegura el historiador del arte y profesor de la Universidad de León César García Álvarez, que en el programa 637 de Arte y Mucho más en Onda Cero, este castaño del Ayuntamiento Antiguo de San Marcelo se convierte en protagonista en una conversación junto a Javier Chamorro contando la simbología y la historia de estos árboles y la flora de la capital leonesa. Se puede escuchar todo lo que cuenta sobre el castaño (y mucho más) al final del artículo.
Testigo vegetal de la transformación urbana
El árbol fue plantado originalmente frente a lo que sería el Teatro Principal. Desde entonces, el entorno ha cambiado, pero el castaño ha permanecido como una especie de testigo vegetal de la transformación urbana.
A diferencia de los edificios, que pueden reformarse, cambiar de uso o desaparecer, el árbol ha ido registrando el paso del tiempo a través de su propio crecimiento. Cada nueva rama es también una parte de la historia de la plaza.
Durante décadas, ha convivido con funcionarios, policías, comerciantes, peatones y generaciones de leoneses. Su posición, justo frente a la autoridad municipal, le concede una curiosa condición: es un vigilante silencioso situado frente a quienes tienen encomendada la vigilancia de la ciudad.
¿Qué tipo de árbol es un castaño?
El castaño (Castanea sativa) es un árbol caducifolio de hasta 30 metros que en el noroeste de España trasciende lo botánico para convertirse en un pilar del paisaje, la cultura y la economía rural de León (sobre todo en El Bierzo, donde se realizan toda clase de platos con su fruto, la castaña), Zamora y Salamanca. Puede alcanzar los 25–30 metros de altura, con un tronco recto, corto y grueso (de hasta 2 metros de diámetro). Su corteza es lisa y cenicienta en los ejemplares jóvenes, volviéndose oscura y agrietada con la edad. Originario del sur de Europa y Asia Menor, se ha naturalizado en muchas regiones del mundo, aunque en la península ibérica encuentra su hábitat ideal en suelos frescos y húmedos.
En la Región Leonesa, especialmente en las comarcas occidentales pegadas a Galicia, Asturias y Portugal (donde también se ve mucho), el castaño encuentra su hábitat ideal. Es abundante en El Bierzo y La Cabrera (León), con ejemplares monumentales en los Montes Aquilianos, Las Médulas y Los Ancares; en Sanabria, La Carballeda y Aliste (Zamora); y en las sierras del sur de Salamanca como Peña de Francia o la sierra de Béjar.
Los bosques de estos árboles se llaman sotos. Los sotos de castaños son considerados activos estratégicos para la bioeconomía de las zonas rurales, porque además de producir castañas de calidad y madera valiosa, capturan CO₂ (hasta 3 toneladas por hectárea al año), regulan el agua, previenen inundaciones y favorecen la polinización. En zonas de montaña, hasta hace pocas décadas la castaña fue alimento básico; hoy sigue siendo un recurso clave para fijar población y dinamizar el empleo rural.
La distribución del castaño dibuja un arco atlántico que une León con Galicia (especialmente Lugo y Orense), Asturias y el norte y centro de Portugal. En estas regiones vecinas, el cultivo y el aprovechamiento del castaño tienen una tradición aún más intensa, pero en la Región Leonesa el árbol mantiene un papel central en el paisaje biocultural y en la identidad de comarcas como El Bierzo o Sanabria.
León, una ciudad con decenas de miles de árboles
El ejemplar de la Plaza del San Marcelo es uno de los muchos que hay en León. También pueden encontrarse árboles de esta especie en el toda el bulevar de la avenida de José Aguado y en la Plaza de San Francisco, uno de los lugares más frescos de León en verano, gracias a las sombra que dan.
La ciudad de León tiene una profunda relación con los árboles. Cuenta con más de sesenta especies diferentes y unos treinta mil ejemplares censados. Con parques botánicos como el de Quevedo y un eje arbóreo que va desde La Condesa a la Plaza de Toros por Papalaguinda (que hacia el norte continúa a la vera del río por Eras de Renueva. Sin olvidar parques como el de La Candamia y muchísimos más en calles como Gran Vía de San Marcos, “que mantienen esa sombra que acompaña al paseo y que es una pena que se perdiera en Padre Isla, ya que los quitaron”, recuerda García Álvarez. Esa abundancia convierte a León en una de las ciudades españolas con mayor proporción de árboles por habitante, por detrás únicamente de Vitoria.
No hay que olvidar que en la misma plaza hay dos tilos también muy antiguos, que el propio Ayuntamiento de León quiso trasladar en el primer plan de la obra de remodelación del aparcamiento de San Marcelo. ILEÓN advirtió que querían quitarlos de allí, y el propio equipo de Gobierno socialista tuvo que recular y modificar el proyecto inicial para conservarlos. Sin embargo, no se pudo salvar el castaño detrás de la Catedral, que fue cortado sin avisar provocando la indignación popular.
Por eso los leoneses son ciudadanos muy apegados a sus árboles. Cada vez que por razones de peligrosidad se corta un ejemplar, se protesta mucho discutiendo si en verdad están enfermos o lo que se produce es un arboricidio. También hay bastantes discusiones de si se podan en la época correcta, o a destiempo. Ver un árbol cortado en pedazos produce a los leoneses una gran incomodidad y pena, quizás como resto de esa vinculación sagrada de los antiguos con estas plantas. Y siempre con polémica, porque los vecinos leoneses tienen la impresión de que cortan más árboles de los que se deberían creando lo que se llaman plazas secas, en contra de la política seguida por las granes ciudades europeas, que plantan más árboles porque está demostrado que estos reducen la temperatura de las calles en verano.
Un calendario natural
Una de las curiosidades más singulares de este ejemplar, señala García Álvarez, es que “funciona como un auténtico calendario natural. Basta observarlo para saber en qué momento del año se encuentra León”.
Durante el invierno, sus ramas desnudas dibujan una estructura oscura y silenciosa. La ausencia de hojas, flores y frutos anuncia el tiempo de reposo. Con la llegada de la primavera, el árbol comienza a recuperar su actividad y, entre mayo y junio, se transforma en una masa frondosa que ofrece sombra y anuncia la proximidad del verano.
Su floración, aunque formada por flores que individualmente pueden pasar desapercibidas, resulta espectacular cuando se contempla en conjunto. Después llega una de sus señales más llamativas: la caída de las hojas comienza a percibirse ya en agosto, cuando todavía queda verano por delante. El castaño se convierte así en un adelantado del otoño.
Más adelante, sus frutos enlazan con otro momento esencial del calendario tradicional leonés: la víspera de los difuntos y el magosto. El árbol no solo señala las estaciones; también conecta el ritmo de la naturaleza con las celebraciones y costumbres de la comunidad.
Un árbol entre la vida y la muerte
Para el historiador César García Álvarez, el valor del castaño va mucho más allá de su función ornamental. El árbol representa el ciclo de la existencia: la desnudez invernal, el renacer primaveral, la plenitud del verano y la caída otoñal.
La semilla, además, necesita permanecer bajo tierra, en la oscuridad, antes de emerger de nuevo. De ahí procede una lectura simbólica relacionada con la muerte y la resurrección: lo que parece desaparecer puede regresar transformado en una nueva forma de vida.
En el ámbito de las tradiciones célticas, el castaño mantiene una relación simbólica con el inframundo. No forma parte, estrictamente, del grupo de árboles sagrados más reconocidos —como el roble o el fresno—, pero aparece vinculado a los rituales y creencias asociados al tránsito entre la vida y la muerte.
Cuidado con los mitos inventados
La historia del castaño también ha sido contada con muchos mitos que no son reales. Por ejemplo, que los trajeron los romanos cuando está demostrado que ya en tiempos pretéritos de astures y galaicos eran árboles que incluso se adoraban, como es propio de las culturas castreñas que tenían cierta influencia de la cultura celta. “Cuando hablas del castaño del Bierzo, las castañas del Bierzo, te dicen ya que son anteriores a los romanos”, pregunta Javier Chamorro en el programa. “Sí, claro que lo son, con toda seguridad, es una especie que probablemente venga de Asia Menor, a la cual se le rendía en algunos lugares de Grecia cierto culto”, contesta el erudito leonés César García Álvarez.
El problema fundamental son los bulos y mentiras actuales, apoyados en relatos de apariencia clásica. Uno de los más difundidos cuenta que una ninfa llamada Castanea fue perseguida por Júpiter y que terminó transformándose en árbol para escapar del dios.
Sin embargo, esta narración no aparece en fuentes mitológicas clásicas de referencia, como las recopiladas por Pierre Grimal. García Álvarez advierte de que “podría tratarse de una invención generada por inteligencia artificial, construida a semejanza de mitos reales como el de Dafne y Apolo”.
“No toda historia presentada en internet como tradición antigua tiene una base documental. La inteligencia artificial puede fabricar relatos, bibliografías y referencias falsas con una apariencia convincente, mezclando nombres de autores reales, revistas existentes y títulos que nunca fueron publicados”, advierte el erudito.
“Por eso, cuando una leyenda parece demasiado perfecta, conviene comprobar su origen. En el caso del castaño, la certeza es menos fantástica, pero más interesante: la especie no nació con Roma, como a veces se afirma, sino que es anterior a la civilización romana y probablemente procede de Asia Menor”, explica; para advertir a continuación que el castaño “tampoco forma parte del alfabeto de los árboles céltico que simboliza a cada especie como elementos sagrados”.
Aunque sí destaca su función cuasi sagrada como calendario natural dentro de la ciudad de León, más donde está situado. “Pocas especies dejan ver con tal precisión la caída de las hojas, por ejemplo, se empieza a percibir ya en agosto como un anticipo del propio otoño. La floración es espectacular, aunque las flores no sean demasiado llamativas y los frutos también acaban convirtiéndose en algo a lo que quizá no le prestamos demasiada atención, hasta que se nos caen encima en otoño”, comenta divertido.
Una imagen especial, los castañeros en invierno
El castaño tiene una fuerte conexión con una tradición muy leonesa: el magosto, que refuerza la importancia de estos árboles para la provincia. Esto se nota mucho en las propias calles ya que cuando llega noviembre, la presencia de los castañeros trae una imagen profundamente asociada al frío. Estas figuras recuerdan todos los años una costumbre vinculada a un alimento que durante siglos ayudó a combatir el hambre en épocas difíciles.
También son famosísimos los magostos en noviembre para hacer castañas asadas y repartirlos popularmente en fiestas otoñales en toda la provincia. Los dos contertulios, presentador y erudito recuerdan “cuánta hambre quitó la castaña en épocas duras de aquí de España”. El castaño es un árbol muy especial y apegado a las tradiciones y costumbres leonesas.
“El olor de las castañas asadas actúa entonces como una señal tan reconocible como las hojas caídas. La ciudad entra en el tiempo del magosto, de la memoria de los difuntos y de las reuniones alrededor del fuego. Porque la recogida y el consumo de castañas coinciden con el periodo del año dedicado a recordar a quienes ya no están. En León, el fruto se convierte así en un vínculo entre la memoria, la tierra y la continuidad de la vida”, señala el profesor de la Universidad de León. Y si se quiere conocer algo más de este árbol y de la flora y parques de la ciudad, es imprescindible escuchar el programa de abajo. Merece la pena asombrarse por la erudición y conocimiento de César García Álvarez de todas las cosas de León (y mucho más).
Sobre este blog
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