Qué está pasando en la cerveza que bebes: El lúpulo leonés afronta una nueva era de cambios e incertidumbres

El lúpulo, el alma de la cerveza que se suministra a casi toda la industria española desde la comarca leonesa del Órbigo.

Sara Lombas

27 de septiembre de 2026 07:48 h

El lúpulo leonés, el 'oro verde' sobre el que se asienta un altísimo porcentaje de la producción de cerveza en España, ha entrado este septiembre en una nueva etapa, marcada por profundos cambios y muchas incertidumbres. La cosecha en la comarca del Órbigo, que comenzó a principios de mes, es la primera que permite comprobar sobre el terreno las consecuencias de los profundos cambios introducidos por Hopsteiner, la multinacional que comercializa la inmensa mayoría de la producción de la provincia.

El nuevo escenario afecta tanto a las variedades que crecen en las fincas del Órbigo como a la propia relación entre la empresa y los cultivadores, después de que la compañía decidiera acabar con el anterior sistema de negociación colectiva y pasar a acordar individualmente con cada agricultor el precio de compra y el resto de condiciones.

Ese nuevo modelo contractual ha dejado además mucho menos margen para conocer qué está ocurriendo en el conjunto del sector. Cada agricultor negocia ahora su propio contrato con Hopsteiner, por lo que los productores consultados por ILEÓN aseguran desconocer las condiciones pactadas por sus compañeros e incluso qué porcentaje de superficie de cada explotación se ha comprometido a la nueva variedad Helios. Lo que sí describen fuentes cercanas al sector es una drástica reducción del número de cultivadores: si hace unos años rondaban los 200 agricultores dedicados al lúpulo en León, actualmente serían alrededor de 70 los que han firmado contratos con Hopsteiner. El resto habría abandonado el cultivo.

Entre quienes continúan existe además una excepción. César Fernández es, según las fuentes consultadas por este periódico, el único productor que decidió no suscribir un contrato de compra con Hopsteiner y optó por comercializar directamente su cosecha. Actualmente, vende su lúpulo a una cervecera española cuyo nombre prefiere no hacer público. Su situación evidencia que existe una vía al margen de la multinacional, aunque por el momento sea absolutamente minoritaria dentro de un sector en el que Hopsteiner concentra prácticamente toda la comercialización de la producción leonesa.

El otro gran cambio puede verse directamente en las plantaciones. Durante décadas la Nugget se ha convertido en la variedad de referencia en León, pero Hopsteiner ha impulsado su sustitución parcial por Helios, una variedad propiedad de la compañía, presentada como una alternativa con mejores rendimientos y mayor interés comercial.

Para introducirla, los agricultores han tenido que arrancar plantas ya asentadas de Nugget y acometer una nueva plantación. Los productores explican que esa transformación no se ha realizado de manera homogénea: al depender de los contratos individuales, desconocen qué porcentaje de Helios se ha exigido en cada explotación y cuál es ya su peso real sobre el conjunto de las hectáreas cultivadas en la provincia.

Lúpulo leonés cultivado en la comarca del Órbigo.

El silencio de la compañía

ILEÓN ha preguntado a Hopsteiner por el porcentaje concreto de Helios implantado ya en los campos leoneses, por la evolución de la cantidad total de lúpulo presentada durante esta campaña y por el número oficial de agricultores que mantienen contratos de comercialización con la compañía. La multinacional no ha respondido a estas cuestiones. La falta de esos datos impide por ahora conocer con precisión hasta qué punto ha avanzado la transformación del cultivo en esta primera campaña y comparar la cosecha global con las de ejercicios anteriores.

La compañía sí ha defendido públicamente las ventajas de las nuevas variedades. En una reciente entrevista concedida a El País, el director general de Hopsteiner en España, José Antonio Magadán, aseguró que las primeras cosechas apuntan a un incremento del rendimiento: “Las primeras cosechas con esas nuevas variedades reflejan que el rendimiento por hectárea ha crecido un 10%, pasando de 2.000 a 2.200 kilos secos”. Una visión que, sin embargo, no coincide plenamente con la experiencia que trasladan a este periódico algunos de los productores que afrontan ahora su primera campaña con Helios.

Es el caso de Francisco, uno de los agricultores que sí firmó contrato con Hopsteiner. En su explotación ha reducido este año la superficie cultivada por diferentes circunstancias y mantiene aproximadamente una relación de dos hectáreas de Nugget por cada una de Helios. Su cosecha ha sido inferior a la de otros años, algo que atribuye a varios factores y también al hecho de que las nuevas plantas todavía no han alcanzado el rendimiento de las ya establecidas. Considera que harán falta varias campañas para saber si Helios cumple realmente las expectativas de mayor productividad y resulta más atractiva para las cerveceras. “Con esta variedad vamos a ciegas. Si está siendo sostenible es en base de trabajo”, resume sobre una transformación que, además de arrancar las plantas anteriores, ha obligado a los productores a realizar nuevas inversiones.

La experiencia es distinta para César Fernández, que ha conservado sus plantas y ha seguido trabajando con las variedades que ya conocía al quedarse fuera del sistema de Hopsteiner. Este año calcula una producción similar a la de campañas anteriores, en torno a los 2.000 kilos por hectárea. “Yo no sé cómo funciona la planta, lo que sabemos es que la variedad actual va bien, nunca falla. Yo no he tenido que hacer la inversión que han hecho los demás, ni arrancar plantas. En ese aspecto he salido ganando”, explica.

La cosecha de 2026 deja así abierta la principal incógnita de esta nueva era del lúpulo leonés: si Helios terminará ofreciendo el aumento de productividad anunciado por la multinacional o si el coste de la reconversión y el comportamiento de la nueva variedad acabarán dando la razón a las cautelas que mantienen todavía parte de los agricultores del Órbigo.

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