Jesús María López de Uribe

Es el sitio donde cualquier leonés dirá que está la esencia de 'ir de vinos'. Tiene en los últimos años alguna zona competidora también en el mismo casco viejo para disfrutar de cañas y tapas, pero la esencia tradicional y el lugar que está en el corazonzín morido de amor por León es, sin lugar a dudas, el Barrio Húmedo.

Tascas, bares, terracinas, patatinas, morcilla, chorizo, croquetas, vasos de Prieto Picudo, cortos... vamos, “tomarse unos cacharros”. Todos los habitantes de la capital y de la provincia tienen dentro de sí los conocimientos de este ritual tan de aquí, centenario... casi que milenario que pueden realizar incluso dos veces al día: antes de comer para abrir boca y para cenar, de tapinas.

Tan importante es el Barrio Húmedo en el devenir diario de la ciudad de León que se suman los habitantes de los pueblos cuando llegan aquí, y hasta los turistas lo conocen: prácticamente sin excepción todo aquel que llega nuevo a la capital de la provincia pregunta por “ese barrio tan famoso para chatear”, aunque a veces un poco de oídas cuando preguntan confundidos por el Barrio Mojado... para que el leonés les corrija y les diga los límites que tiene (“De la Catedral y la Plaza Mayor, en el medio una plaza grande que se llama de San Martín, y termina cuando se llega a la plaza del Grano, muy bonita con un empedrado único”) y les recomiende sus tapas favoritas. Porque sin tapa, no hay hostelería que merezca la pena en León; pero las del Húmedo son las de su niñez y juventud.

El Húmedo también tiene noche, llegó a tener muchísima, pero también descanso. En esta galería de fotos se puede ver cómo queda vacío al abandonar el jolgorio nocturno, justo antes de que amanezca. Un momento mágico sólo recordado por muchos con cierta bruma tras la fiestina, que merece la pena disfrutar con calma.

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