Ceuta, ese lugar de África donde se acumulan los despropósitos (I)

Últimas fotos del Sidi Ifni español "...era el día de San Pedro de 1969, dormimos en el suelo; todo se había entregado el día antes".

Decía Unamuno, en una de sus muchas aparentes contradicciones, que para conocer bien un país lo mejor que se podía hacer era no ir nunca a él. Con Ceuta vamos a seguir un criterio similar. Personalmente nunca he visitado esta plaza fuerte española –plazas de soberanía española se dice en el argot– del norte de África, plaza que, junto con Melilla, Islas Chafarinas, Islas Alhucemas, Peñón de Vélez de la Gomera e islote Perejil conforman los restos de lo que España llegó a poseer en África.

Los que ya vamos mayorcitos todavía recordamos otras posesiones africanas, como Guinea Ecuatorial (Fernando Poo y Río Muni), Sidi Ifni y el Sahara Español –del Protectorado español de Marruecos, servidor no se acuerda– pero sí de Guinea, de donde llegó el gorila Copito de Nieve, o de Ifni, minúsculo enclave en la costa oriental marroquí donde tuve un primo de policía que me enseñaba las navajas automáticas que requisaba a ciudadanos problemáticos. El Sahara fue otra cosa, tenía una extensión aproximada de la mitad de la España peninsular y en aquel desierto se descubrió un enorme yacimiento de fosfatos. Fos Bucraa. 

Guinea se independizó de España cuando llegó a África la fiebre descolonizadora, lo que se hizo relativamente por cauces pacíficos. De la guerra de Ifni, muy poco se llegó a saber en España, pero abrió las puertas para su reversión a Marruecos. La descolonización del Sahara fue más lamentable. España no ha sabido ser una potencia colonial ni descolonizadora. El Frente Polisario ansiaba la independencia del Sahara y llegó a atacar a un patrullero español, de nombre Tagomago, lo que le costó la vida a un cabo de la Armada. Franco agonizaba y Juan Carlos I se aprestaba a coger el relevo. Hasan II lo aprovechó y envió la Marcha Verde para ocupar ‘pacíficamente’ el Sahara. La convulsa política española permitió que los saharauis se quedaran en un limbo legal y el Sahara se repartió entre Marruecos y Mauritania, ésta acabó renunciando a sus derechos dejando todo aquel vasto territorio en manos de Marruecos.

El Protectorado español de Marruecos duró lo que Francia quiso que durara. El resto de plazas en el Mediterráneo tienen otras connotaciones distintas, aunque siguen siendo objeto de deseo para el país alauí. Al margen de los reducidos enclaves insulares, quedan Ceuta y Melilla. Ceuta fue posesión portuguesa que pasó a la corona española en 1668 al desligarse Portugal de la corona española. Melilla tiene otra historia, fue ocupada por España en 1497, cuando el concepto de Marruecos ni siquiera existía. Hay dos curiosidades sobre Melilla: una es que su extensión es la del alcance de una bala de cañón de la época, y otra que en su escudo se repiten los emblemas de Castilla y de León. Melilla tiene estatus autonómico, León tampoco.

Dos policías en el antiguo Sáhara español.

En 2021 Marruecos permitió una avalancha de inmigrantes subsaharianos y marroquíes que se solventó como buenamente se pudo, es decir, bajando los pantalones. Bastantes años antes se produjo el incidente del Islote Perejil, donde tropas españolas desarmaron a un reducido destacamento militar marroquí que había ocupado aquel pedrusco. La ‘hazaña’ fue vendida por el gobierno de Aznar como exponente del peso político de España en el mundo. No se dijo que Estados Unidos no puso impedimento alguno. Hace cosa de un mes, unos setenta mil inmigrantes entraron irregularmente en Ceuta y ahí empezó un cúmulo de despropósitos.

Precursores lamentables del conflicto

Como antecedentes precursores de este conflicto, existieron otros tres pasajes lamentables. Primero un presunto pirateo del teléfono de Pedro Sánchez a manos de los servicios secretos israelíes, Marruecos goza de un trato especial con Israel y se sospecha que dispone de los datos ‘pirateados’. Segundo, se produce un desencuentro diplomático con Argelia, acérrimo enemigo de Marruecos, que suministra gas a España y alberga en Tinduf al Frente Polisario, emigrado del Sahara. Tercero, España le dio la espalda a las reivindicaciones del pueblo saharaui.

Ya tenemos el escenario. Ahora tenemos la entrada de setenta mil inmigrantes, muchos de los cuales regresaron a origen porque eran marroquíes. Interprete el lector cuales habrán sido sus motivaciones. Aun así, quedan varios miles sin retornar, entre ellos numerosos menores de edad. ¿Cómo se digiere que padres de niños marroquíes ahora reclaman el retorno de sus vástagos cuando antes los dejaron viajar solos? ¿Dado que hubo alrededor de un centenar de muertos, qué criterio siguieron esos padres para arriesgar la vida de sus hijos en la operación?

La legislación española, muy laxa a veces, es garantista con los menores y admite inmigrantes ilegales que lleguen a España nadando, lo que ha descubierto un boquete legal para la entrada de nadadores de diversas procedencias. Por otro lado, muchos de los ‘entrados’ son muchachotes moros con buena salud, algunos de los cuales retornaron, otros no, pero no parece que su interés radique en encontrar trabajo en España o en Europa. Esto se parece mucho a la otra Marcha Verde, ahora propiciada por Mohameda VI, cuyos ministros reclaman la marroquinidad de Ceuta y Melilla. Esto no es pasión patriótica, son hechos contrastables.

Las relaciones con nuestro vecino del sur nunca han sido fáciles, las guerras de África (de aquella época son los leones de la entrada del Congreso, fruto de fundir cañones del sultanato marroquí), la guerra de Margallo, la guerra de Melilla, la guerra del Rif y la guerra de Ifni, amén de otros conflictos como el de Perejil o los asedios de Ceuta o Melilla, son sólo algunos ejemplos. Marruecos ha optado por la presión demográfica como con la Marcha Verde en 1975 o las ocupaciones multitudinarias de 2021 y 2026 en Ceuta para recuperar todas las plazas que considera propias. Guerra híbrida le llaman ahora. Dos apuntes interesantes: Marruecos goza de la permisividad y apoyo de EE.UU. en su política exterior. En Ceuta y Melilla. Buena parte de la población ceutí es musulmana y de origen marroquí.

(Continuará)

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

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