Y al fin, Elecciones

Santiago Abascal, Carles Puigdemont, Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez.

Contrariamente a lo esperado por el gobierno de Sánchez, Junts per Catalunya le ha dado la espalda y lo ha dejado a los pies de los caballos sin miramiento alguno. De poco le ha valido al PSOE fomentar la lenificación del desafuero catalán que mandó a Puigdemont a residir en Bélgica, justo donde Napoleón perdió su última batalla. Facilitar el regreso del prófugo catalán con una trabajada amnistía, dejando pelo en la gatera y no pocos revolcones periodísticos y acometidas parlamentarias, no ha tenido la gratitud como recompensa.

Tras la dramática e inconclusa crisis de Ceuta, un espejismo sobrevenido pareció ocultarla. Se trataba de legislar sobre la demanda social de vivienda y los desahucios. Una semana antes del hipotético regreso del político gerundense, Junts dio la sorpresa votando en contra de tal legislación y dejó caer un gobierno al que llevaba sustentando desde hace varios años. Aborrecía con ello la única vía de borrón y cuenta nueva que le brindaron tras sus veleidades independentistas allá por 2017. La fábula del labrador y la víbora puede ser toda una alegoría.

'La pela es la pela' y nadie sabe que oscuros entresijos mueven a este partido conservador catalán a tomar tan controvertida decisión. Su equivalente vasco, los carlistas del PNV, votaron a favor. Partido Popular y Vox, como Junts, votaron en contra. La endeblez de la Comunidad de bienes del PSOE y otros se hace patente y hasta integrantes del gobierno como Sumar, en una pirueta de difícil digestión, agita las aguas. Aguas algo más calmadas en Ceuta pasan a segundo plano. La Puerta del Sol de Madrid, como las playas ceutíes, se llena de tiendas de campaña.

El problema del alquiler

Otras provincias españolas se hacen eco y las concentraciones en demanda de una solución al problema de viviendas y alquileres se propaga. Convoca un sindicato que se dice de inquilinas, no porque sólo se vean afectadas mujeres, sino porque lleva el tinte de un Podemos que se extingue. El Gobierno pese a contar con socios Mister Jekill de noche y Doctor Hide de día, no consigue salvar los muebles y las tesis que podrían haber sido su tabla de salvación se desvanecen. La voz de la calle queda en manos de los campamentos improvisados. 

Los manifestantes aguantan en su acampada durante días, están bien organizados, no dejan residuos visibles, hay rancho para todos de buen aspecto y son respetuosos incluso con provocadores enviados por sus adversarios, a los que tratan de alejar de su entorno civilizadamente –¿Alguien concibe un alborotador en medio de una manifestación de Vox llevando la contraria?– y acaban rodeando el Parlamento para presionar con la amenaza velada de huelga general si la legislación no recoge sus demandas. Pero el fracaso se consuma.

El Gobierno no ha tenido prisa por resolver este asunto que poco a poco ha crecido cual bola de nieve. Se precipita en legislar con tantas prisas en la redacción del texto que incluso la ministra del ramo lo desconoce y el ardid se derrumba como un castillo de naipes. La oposición conservadora bate tambores de elecciones anticipadas, lo que no ha podido hacer tejiendo alianzas, se lo ha traído una deserción y la degradación de varios socios de gobierno que, caudillistas ellos, caminan con paso firme y decidido hacia la nada. La izquierda languidece. 

Y ahora elecciones

Y ahora elecciones. Poco es el adelanto de unos comicios que habían de celebrarse de cualquier manera en 2027. Sánchez ha obrado como esos atrevidos excursionistas que tratan de salvar cursos de agua pisando sobre pasiles o piedras de inestabilidad manifiesta. Su equilibrio siempre ha sido precario, pero con notable habilidad ha ido sorteando la caída y, siempre a trompicones, ha encontrado los apoyos necesarios para ir tirando. Pasiles tenía de muy escasa consistencia: un Sumar que resta y un Podemos que no puede, han sido como las muelas con caries que sirven para la sopa, pero no para el mendrugo. Otros pasiles eran falsarios, como los de Junts. Dichas formaciones constituían el grueso de sus apoyos.

ERC y Bildu por la izquierda y PNV por la derecha, se han mantenido fieles al gobierno contra todo pronóstico. El resto de partidos, con un diputado cada uno, son irrelevantes, es un quiero y no puedo, a lo más un apósito. Por otro lado, una coalición entre el PP y Vox no ha concedido tregua desde el minuto uno en su tarea de acoso y derribo al gobierno. Pero no están fuertes en Aritmética y ponen sordina a la mayor suma de apoyos que hasta estas fechas había recolectado el PSOE entre afines y no tan afines. Las fuerzas conservadoras no aceptan que una mayoría de representantes parlamentarios pueda rechazar reiteradamente sus tesis. 

¿Cuál es el futuro tras las elecciones?

Ahora todo apunta a que PP y Vox tomarán las riendas del gobierno en los próximos comicios generales. Su problema es que heredarán problemas candentes: Ceuta y vivienda-desahucios, que no desaparecerán como por ensalmo. Se avecinan días de corridas de toros, misas, romerías y procesiones en vivo y televisadas. El Nacionalcatolicismo amenaza con volver. Puigdemont muy probablemente regresará y su partido puede pagar caro peaje por esta desafección; y muy probablemente no encuentre a su vuelta el calor que espera. ¿Cómo recibirá un hipotético gobierno de PP-Vox tal regreso después de todo lo que vomitaron contra él? ¿Lo mandarán directamente a presidio? No. Seguramente donde dijeron digo dirán Diego.

El PSOE lamerá sus heridas y podría correr incluso riesgo de desaparecer a pesar de la resaca de las manifestaciones por el ‘Decreto Maricarmen’. Sánchez ha mentido hasta la saciedad, pero la despiadada persecución a la que ha sido sometido es inaceptable, menudeando insultos, descalificaciones y denuestos. Claro que el palmarés de Pedro Sánchez Castejón dista mucho de ser ejemplar. Ha adoptado medidas por las que debería pedir públicamente perdón. Ha practicado una política que podrían suscribir como propia sus furibundos detractores y acredita miserias como abandonar a los saharauis, que le perseguirán mientras viva. 

¿Y León?

¿Y qué ocurrirá después en León? León es un reino palustre y las aguas estancadas sólo crían seres que han de evolucionar por el fondo o ascender por restos orgánicos en descomposición. En las aguas cenagosas reina la quietud y no es necesaria la voz. Así es que en León no ocurrirá nada y seguirá mudo. Aumentará el número de diputados y senadores populares y quizá de Vox. El PSOE pagará el precio de su política a nivel central y conocerá puñaladas ‘amigas’.

Todos nuestros representantes prometerán progreso y bienestar, pero nadie se engañe, cuando sublimen los intereses de León o de España, entienda todo el mundo que están hablando de sus propios intereses o los de su partido.

León importa nada. Es triste, pero es lo que tenemos.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

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