Francia Oh Là là; España, Lalalá; Cataluña, la pela es la pela; León… la nada
La Francia de Emmanuel Macron, –Manolo Macrón se llamaría aquí– merced a su incompetencia y a su indefinición política, seguida del resto de indefiniciones que se le quieran atribuir, colapsa. No va sola en su intento, la sigue una Italia siempre propensa a retomar su pasado florentino y genovés, con papas de apellido Borgia, para redondear la orla de personajes señeros como Mussolini, Salvini o Meloni. La Roma imperial ha flojeado mucho desde el Saco de Roma perpetrado por Carlos V de Alemania, (Carlos I en España).
Pero volvamos a Francia, el ayuntamiento de Limoges se consumió pasto de las llamas porque la protesta del indignado pueblo francés llega hasta los últimos extremos. Por expresarlo gráficamente, toda Europa, merced al entreguismo que preside sus acciones desde que implosionó como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, es algo así como la experiencia que tuvo un servidor con un pollo de avestruz y que no me resisto a hacer pública por si pudiera servir de ilustración del momento que Europa lleva ‘disfrutando’ desde hace casi un siglo.
Vayamos con lo del ave estruz que, por raro que pueda sonar, así se denominaba en castellano antiguo. Sucedió que durante una intervención laboral hubo que visitar una granja de estas colosales criaturas cuando se confiaba, sin fundamento alguno, que serían una rentable inversión. Personados allí, un nutrido grupo de ejemplares juveniles de esta especie se acercó a recibirnos con su altanero cuello y sus no menos altaneras patas. Estas aves comparten con los córvidos la particularidad de sentirse atraídos por elementos metálicos que brillan.
A mí me cupo en suertes un ejemplar que me obsequió con un envite de su romo pico a la hebilla del cinturón. Temeroso de que la próxima andanada pudiera ir dirigida una cuarta más abajo, opté por asir al joven plumífero por detrás de su cabeza, y cuál no sería mi sorpresa cuando descubrí que se dejaba guiar mansamente, caminando en la dirección que yo le iba imponiendo con mi mano. A Europa le sucede como a este altivo pollastre, la guían a donde quieren, y la mano que la guía es la de los Estados Unidos de América.
Europa se ha metido de hoz y coz en la guerra de Ucrania, auspiciada por los ingleses y sus descendientes gringos, acérrimos enemigos de la Rusia de los zares, la Unión Soviética o ahora, la Confederación Rusa. Esta guerra sostenida entre dos países eslavos, teóricamente hermanos, se ha desencadenado por intereses particulares de facciones ucranianas, convenientemente alentadas por lo que conocemos como Occidente, para adherirse a las tesis europeas. Europa parece ignorar que Rusia abarca desde la llanura Europea Oriental hasta el Pacífico, es el país más extenso del planeta y, por lo tanto, quizá con más recursos del mundo. Y bien armado.
El avestruz europeo
El avestruz europeo, debidamente sometido por EE UU y su edecán, el Reino Unido, participa de este modo en una quimérica contienda, un auténtico sumidero de fondos. Cuando Estados Unidos ha sido consciente de la imposibilidad de vencer al oso ruso, se ha retirado, obligando a Europa a que siga enviando a Ucrania material militar que preferentemente ha de llevar el marchamo Made in Usa. Operación que no ha pasado desapercibida a la atenta mirada de un país de ojos rasgados pero que ve todo con más perspicacia que los altivos norteamericanos, no en vano los chinos ya gozaban de una eficiente administración cuando los antepasados de sus actuales rivales corrían en taparrabos por las verdes campiñas inglesas.
Y con esta herencia envenenada, Europa ahora se hace cargo de unos desperfectos que irán in crescendo y se desentiende de unas materias primas que, llegadas de Rusia, permitían el normal funcionamiento de economías tan poderosas como la alemana, llamada la locomotora de Europa. La Comunidad europea, tras el ‘Brexit’, está en manos de Francia, Alemania e Italia, siempre nostálgicas de su esplendor pasado. Asumir tal legado, ha supuesto la bancarrota de todo un continente por mantener conflictos en beneficio de terceros, asumiendo incluso el riesgo de una confrontación con Rusia y enfrentándose a la airada contestación ciudadana.
Alemania y Francia decaen... y España...
Alemania decae y junto a ella el ‘Grandeur’ de Francia. Los mediocres gobernantes de estas luminarias europeas han hipotecado el bienestar de sus respectivos países y con ello el del resto de países socios. Las dos grandes potencias centroeuropeas son ahora guiñapos, peleles de lo que un día fueron. Y si Alemania es un país relativamente reciente, fruto de la fusión de varios ‘landers’ germánicos huérfanos de la Gran Prusia, Francia es un país consolidado desde hace siglos con un acentuado carácter chauvinista y un profundo centralismo.
Aun así, los franceses pueden presumir de actuaciones que nos pillan muy lejos a los españoles. Tuvieron una Revolución Francesa en 1789 que marcó un hito en la historia universal, Guillotinaron reyes y embridaron a la Iglesia cuando comprometían sus libertades, fueron los primeros en presentar batalla en 1848 cuando la revolución industrial, tuvieron un Mayo del 68 que marcó un antes y un después. Tembló el país con los Gilettes jaunes en 2018, y ahora, la vuelven a enfrentarse a políticas arbitrarias, adoptando incluso tintes violentos.
En España tal cosa no sucede salvo en zonas limítrofes con Francia como Euskadi y Cataluña. Esta última, descendiente de los francos –del pueblo franco, no del general ferrolano– siguió los mismos derroteros en 1641 (Guerra de los Segadores), 1714 contra la instauración borbónica, 1842 con el bombardeo de Barcelona por Espartero, en 1909 con la Semana Trágica, y siempre que sintieron pisoteados sus derechos.
La católica España es incapaz de asumir tamaños excesos de libertad y reivindicación.
¿Y en León?
¿Y en León? ¿Cómo se digieren estas cosas en León? Pues en León All Quiet in the Western Front, traducido a nuestro idioma: Sin novedad en el frente. En León nunca hay nada que reclamar, nada por lo que luchar. Y así nos va.
¿Quiere decir esto que desde estas líneas se aliente la algarada y los disturbios? Por supuesto que no, pero hay que demostrar un poco más de pasión por la tierra. No es de recibo que León tenga todo y no disponga de nada. Sí, León no debería hacer suya aquella otra canción del Órbigo: Mozos hay, mozos hay en la Ribera, los hay de media polaina, haylos de polaina entera.
Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata