Estas elecciones tampoco serán de utilidad para los leoneses
Tal vez el título y la entradilla de este artículo puedan parecer tremendistas pero tal vez no lo sean. Juzgue el amable lector por sí mismo. Empecemos por el principio y terminemos por el final. Hace escasísimas fechas ILEÓN se ha convertido en el embajador áulico de los avatares y de las menudencias de la política local –que en eso han convertido León nuestros políticos– para reportarnos que UPL no se presenta a los comicios. ¿Qué tal si analizamos el contexto?
Personalmente le concedo a UPL escasísimos aciertos, lo que me lleva a sospechar, supongo que, contrariando a la opinión de muchos de mis paisanos leoneses, después de tantos años en la brega política, tal cosa no sucede por casualidad. En León no somos más listos que nadie, pero tampoco más torpes que nadie, por lo tanto, las decisiones que se adoptan, tienen su razón de ser. Con tal motivo creo que tan escasísimos aciertos obedecen a una línea programática que inevitablemente ha de obedecer a alguna lógica.
Aun pecando de atrevimiento, considero que en esta ocasión han acertado plenamente en su renuncia a un nivel superior de representatividad. Es la aceptación de que UPL tiende asintóticamente a la nada, pero no de forma precipitada, de ahí que, con buen criterio afirmen que se reserven para la próxima contienda en las elecciones municipales, ultimo ecosistema donde esta formación puede tener alguna garantía de éxito. Muy probablemente UPL ha implosionado ya, pero sus dirigentes no lo saben o quizá no lo quieren admitir. Sea como fuere su decisión es la más adecuada de cuantas podrían haber adoptado.
UPL es un partido conservador sin aspiraciones de grandeza. Se ha conformado con una exigua cuota de poder y ahí se queda todo, el resto es dejar rodar el tiempo y seguir manteniendo un enfermo con respiración asistida que puede sobrevivir indefinidamente. Presentarse a unas elecciones generales como las que se avecinan, sería hacer el ridículo de forma estentórea por dos motivos fundamentales: el primero es el coste económico que tal vez escape a sus posibilidades financieras. Y el segundo, teniendo en cuenta el anterior, disuade a cualquier mente medianamente amueblada porque, si en las recientes elecciones autonómicas has quedado frenado donde estabas y en las pasadas generales has tenido un resultado testimonial, en éstas, francamente polarizadas, las perspectivas son nulas.
Llegados a este punto no se puede por menos que evocar esas agrupaciones ‘patrióticas’ de postín que preconizaban la unión de todas las fuerzas leonesistas. Me consta que sus buenas intenciones son tan grandes como escasa su perspicacia política. Pedir un sacrificio semejante es pedir que la mosca sobreviva al impacto del parabrisas. Seamos serios, todos los partidos que se arrogan la representación leonesa, UPL, Alantre, Coalición por el Bierzo y PREPAL, suman la fabulosa cifra de unos 65.000 votos entre las tres provincias leonesas. Exigua tarjeta de presentación para obtener representación en las altas instancias.
La renuncia de UPL a presentarse a los comicios de noviembre, despeja, y en que medida el panorama electoral en la provincia de León, que queda al arbitrio de lo que dispongan los partidos con sede en Madrid. La pretendida ‘coalición leonesa’ era un tigre de papel que se desvaneció como por ensalmo así que el partido leonesista más votado arrojó la toalla. Todo el resto de formaciones, que suspiraba por una quimérica representación leonesa, se disolvió cual azucarillo en el agua. Tal vez con ello se ha abreviado una inútil agonía para los irreductibles leoneses que todavía creen que unas elecciones se ganan sin ejecutoria previa y una sólida estructura detrás, cosa que el leonesismo, para nuestro mal, está a años luz de conseguir.
Los milagros sólo existen en los textos bíblicos
Es entendible el enojo de aquellos fieles que confían en los milagros, pero eso sólo sucede en los textos bíblicos, en la política no existen los milagros. Es dable observar con ternura el berrinche del que aspira a lo que cada día percibe más lejano. No comprender esto supone desconocer los más elementales rudimentos del juego político, de táctica, estrategia, logística, intendencia y otras vainas de la terminología militar. Unas elecciones no se abordan con garantías de éxito tan sólo con buenas intenciones y sin una buena dosis de respaldo social, tema inédito en tierras legionenses.
Para participar con unas mínimas garantías de éxito en cualquier contienda electoral, pero sobre todo en ésta, con la crispación subyacente, con brunetes mediáticas que ignoran deliberadamente a cualquier provincia sin peso específico en el panorama político español –León es uno de los mayores exponentes de la nada – y una movilización a derecha y a izquierda como pocas veces se ha visto, condenan a cualquier formación o posible coalición timorata, carente además de apoyo popular. El semoviente envarado no camina, se estanca. Es duro admitirlo, pero no tenemos valedor. El resto es palabrería hueca y hacerse trampas al solitario.
Como en la lotería de Navidad, siempre le queda el consuelo al jugador desahuciado por la suerte confiar en la del Niño. En esta ocasión UPL vuelve a procrastinar y vuelve a vender rifas o billetes para el próximo sorteo: las elecciones municipales de 2027 en las que promete dejarse la piel. Esto supone esperar otro año más, sin que haya garantía alguna de que tal cosa llegue a traducirse en algo provechoso, salvo que, como Pablo de Tarso, esta formación caiga del caballo, vea la luz cegadora y emprenda un camino en la dirección opuesta a la que ha seguido hasta ahora, esa que va centrifugado simpatizantes y apeando incondicionales.
La sequía de representatividad en León, tan denostada por los irreductibles leonesistas como evidente para quien no quiera cerrar los ojos ante la realidad, quedará pues, en manos de personajes como Javier Cendón, José Antonio Diez, Ester Muñoz, Pablo Fernández, Carlos Pollán y un largo rosario de personajes mediocres que maniobrarán en la sombra para cumplir con los objetivos de su respectivos partidos y una consigna clara que está en su ADN: medrar y labrarse un porvenir político impulsándose sobre el trampolín que representa salir elegido por su circunscripción electoral, circunscripción que ven sin pasión ninguna, como quien ve un tarugo de leña, similar a los de Cuenca o Soria, por poner sólo un par de ejemplos.
Lo siento paisanos, León, como el coronel de García Márquez... ¡No tiene quien le escriba!
Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata