El disputado voto del señor (y la señora) leonesista
La precipitada convocatoria de Elecciones Generales de Pedro Sánchez para este 29 de noviembre ha supuesto una aparentemente inesperada ventaja para el PSOE en León, al pillar a contrapié a un partido pequeño como la Unión del Pueblo Leonés que, después de valorar a toda prisa la situación política de la provincia, no le ha quedado más remedio que anunciar que no se presentará a los comicios estatales.
Esto, en una circunscripción como la leonesa que reparte cuatro escaños en el Congreso –y cuatro senadores, aunque las cuentas no salen igual en el reparto de una cámara a la otra al ser la Alta (la senatorial) de elección por voto directo mayoritario– implica que a menos candidaturas principales los tres que tienen posibilidad de conseguir representantes se reparten más votos. Lo cual, beneficia al segundo, que podría llegar a conseguir mantener sus dos escaños.
Las matemáticas electorales en una circunscripción tan pequeña tienden a repartir los diputados en un empate 2 a 2. Y lo lógico, como ocurrió en esta legislatura que se acaba es que se los repartan PP (sacó unos 100.000 votos en 2023) y PSOE (con unos 91.000), quedando fuera Vox (con 35.000) y perdiendo el puesto en la Cámara Baja que había conseguido obtener en noviembre de 2019.
La regla para que un tercero consiga diputado en una circunscripción de cuatro escaños según el Sistema D'Hondt es la de 'la mitad mas uno'. Es decir, si un tercer contendiente (en este caso Vox) consigue la mitad mas uno que cualquiera de los dos primeros, siempre obtendrá un escaño. Si lo hace con el primero, a la hora de repartir se llevará el tercer puesto que se adjudique según la tabla resultante del sistema de reparto (que no 'ley D'Hondt' como se dice equivocadamente) y si lo hace con el segundo, el cuarto.
Esto mismo pasó (que quedaran 2-1-1) en las dos elecciones generales de 2019. En las primeras en abril fue Ciudadanos el partido que se llevó el cuarto, con 50.000 votos nada menos. En las anteriores de 2016 no lo había conseguido sorprendiendo a todos: el PP logró 2 escaños gracias a conseguir 111.864 votos, el PSOE uno con 73.107 paleletas, mientras que Unidos Podemos se llevó otro con 48.826, sin llegar a al 50% del primero pero superando 'la mitad mas uno' de los socialistas; mientras que Ciudadanos no sacó escaño con 35.581, menos de la mitad del PSOE y como cuarta fuerza le superó la tercera y no entró al reparto, que también fue 2-1-1. El 10 de noviembre de 2019, Ciudadanos perdió el escaño en favor de Vox. Las dos veces que lo consiguió el partido naranja ya desaparecido, les duró pocos meses el escaño, ya que hubo repetición electoral y en ambas segundas vueltas se quedaron fuera.
Vamos, que, debido a la fuerte disputa política entre al menos cinco partidos fuertes (PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos y luego Vox), en tres de las cuatro ocasiones con cuatro escaños desde las de 2016 se produjo un endiablado reparto en las Elecciones Generales en León. Sólo en 2023 PP y PSOE empataron a dos diputados.
Como se puede ver en el gráfico de arriba, la disputa política de estos años provocó una circunstancia extraña, ya que de los últimos cuatro comicios al Parlamento (la de 2015 fue la última vez que se repartían cinco escaños y ya entonces se repartieron 2-1-1-1) en los tres primeros de la circunscripción de cuatro escaños ha conseguido representante un tercer partido (tanto Podemos en 2015, como Ciudadanos en la primera de 2016 y Vox en la segunda de ese año), pero en cuanto los partidos mayoritarios han recuperado el tono electoral el reparto ha vuelto a ser el lógico: 2 PP - 2 PSOE. Con un cálculo matemático básico se observa cómo se cumple la regla de 'la mitad mas uno' para conseguir representación seguro, ya que eso significa que en el reparto de los votos que entran en la distribución el tercer partido consigue más del 25% de ellos.
Nota: eso no significa que haya que conseguir el 25% de los votos totales de cada elección, ya que las papeletas de los partidos que no entran en el reparto se descartan en la regla de 'la mitad mas uno' (Podemos lo consiguió, por ejemplo, en 2016 con el 17,55 % de todos los votos válidos; Ciudadanos en abril de 2019 con el 17,48%; y Vox en noviembre de ese año con el 15,73% de representatividad); lo que muestra eso sí, que de conseguir un partido en León el 25% de todos los votos contabilizados siempre tendrá garantizado un diputado
La cuestión de la distribución por escaños siempre tiene que ver en el sistema de distribución proporcional D'Hondt con el número de votos que alcance el ganador por circunscripción. El proceso es sencillo. El primer escaño se divide por 1. Con lo cual el que gana, obtiene ese escaño. Para repartir el segundo se dividen todos los votos de las formaciones por 2. Con lo cual aquel que supere la mitad mas uno del resultado del primero, se lo lleva. El tercero, todos los votos conseguidos por los partidos por 3. Y el cuarto, por 4. De esta manera, si la tercera lista obtiene 'la mitad mas uno' que el ganador, siempre superará al segundo y le arrebatará el tercero en el reparto. Y si lo hace sobre el segundo, conseguirá quitárselo in extremis, quedando en 2-1-1.
Pese a lo que se cree, la mal llamada Ley D'Hont es bastante justa en el reparto de circunscripciones más grandes. Por ejemplo: de haber tenido 6 diputados León en 2023 (como tenía en 1977 antes de las autonomías), la UPL habría conseguido uno con 34.500 votos. La tabla de arriba muestra cómo se reparten los escaños en este sistema en una simulación con los votos de las últimas elecciones de hace tres años en ese escenario. Para conseguir representación los leonesistas con sus 22.000 papeletas de 2023, León tendría que haber tenido una circunscripción el doble de grande (que repartiera ocho puestos), con lo que quedaría en una simulación en un hipotético resultado de 3 PP, 3 PSOE, 1 Vox y 1 UPL. Es decir, cuanto más puestos reparte una provincia, los partidos con menos votos sí tienen más posibilidades de conseguir representantes. Por ello es más fácil sacar un concejal en León con relativos pocos votos (son 27 puestos en el Pleno) o es más justa la asignación distribuida de eurodiputados ya que al ser España una circunscripción única con 61 puestos para Bruselas, la última lista en conseguir un escaño (CEUS) lo logró con el 1,31% de los votos: 281.064 de 17.554.385 emitidos.
¿Qué es necesario para que Vox tenga diputado en León?
En estas condiciones, Vox necesita sacar 'la mitad mas uno' de votos que el segundo partido en papeletas el 29N para conseguir representación en la provincia leonesa. Tal y como llegan las elecciones, con un PSOE aparentemente débil por su candidato Pedro Sánchez (al que muchísima gente en el país quiere ver fuera del Gobierno de la nación), es de suponer que el PP ganará los comicios generales de este año en la provincia de León. Si sostiene el techo de los cien mil votos se garantizará dos escaños. Y es posible que incluso los aumente hasta los 110.000.
Vox sacó en 2023 unos 35.000 votos, pero perdió el diputado que obtuvo con su mejor resultado en la provincia: los 40.599 votos de las anteriores elecciones de noviembre de 2019, en las que el PP sólo sacó unos 73.000, superando la mitad de sus votos. Mientras, el PSOE recuperó el segundo escaño (arrebatándoselo al partido de Abascal) hace tres años con unos 90.000. Ya entonces el candidato del partido verde, Pablo Calvo Liste, se quedó fuera por diez mil votos; pero las circunstancias actuales hacen pensar que la formación ahora dirigida desde Valladolid por Carlos Pollán pueda superar los cuarenta mil.
Esto implica que un factible descenso de unos 12.000 votos de los socialistas con respecto a los anteriores comicios, dejándolos por debajo de los ochenta mil votos les haría perder el segundo escaño. Algo que parece plausible con la tensión electoral que se vive por desahuciar de la Moncloa a Pedro Sánchez, pero que no es tan fácil como parece.
El problema de Vox es, precisamente, lo conservador que es el votante en la Región Leonesa y en la autonomía con la región castellana. Ya en las elecciones de febrero a las Cortes de Valladolid el esperado ascenso de Vox se quedó en nada. En empate. El primer paso por el Gobierno autonómico con el PP los dejó sin capacidad de ser alternativa entre un votante que es doblemente reticente a cambiar. De hecho, Mañueco consiguió el pasado febrero su primera victoria electoral clara a costa, precisamente, de los de Pollán. Todo debido al histrionismo del exvicepresidente Juan García Gallardo, que dejó una imagen lamentable de sus políticas. Pese a que el actual líder autonómico ha tomado un perfil mucho más plano, evitando salidas de tono, quizás no ha pasado el suficiente tiempo para que el ciudadano castellano y el votante leonés de derechas prefiera cambiar su preferencia y arriesgar a que el PP pierda la oportunidad de cambiar el Gobierno con una mayoría que evite las salidas de tono de los de Abascal. Los 45.000 votos que le garantizarían el diputado hiciera lo que hiciera el PSOE no son tan fáciles de alcanzar, porque los socialistas son muy fuertes en El Bierzo y puede que no bajen tanto como algunos desearían. Aunque las campañas electorales las carga el diablo.
¿Y qué va a pasar con los votos leonesistas?
Las matemáticas electorales son crudas, pero es necesario haber explicado el proceso de reparto de escaños según el sistema D'Hondt (que no 'ley') en una circunscripción tan pequeña como la leonesa. Queda claro que los 22.499 votos de 2023 de la UPL no son suficientes ni de lejos. Ni siquiera tras hacer una simulación con los escaños del comienzo de la democracia (como la de arriba con seis escaños) lo habrían conseguido.
En este escenario, aunque muchos moridos de amor por León protesten porque el partido leonesista haya decidido no acudir a los comicios generales, parece claro que la decisión, con los números políticos y los económicos (supondría un gasto de más de 60.000 euros cono poco la publicidad electoral) parece lo más lógico. No sólo por el esfuerzo extra que supondría la contienda electoral, sino por que tienen cierta razón al haber considerado que el clima de polarización nacional opacaría cualquier intento de colocar el mensaje por la Autonomía leonesa. Por mucho que duela a los leonesistas, en este noviembre eso no toca.
Y también hay que tener en cuenta que no sólo es pedir un crédito que tendría que avalarse justo a siete meses de la campaña electoral de las municipales –y en un momento de calma chicha en su viento en las velas electorales tras quedar casi clavados en febrero pasado tras el ascenso meteórico de las anteriores municipales y autonómicas–, el esfuerzo de remar para coger impuso para evitar un descenso en el apoyo del votante leonés (gobernar ayuntamientos desgasta) se debe dejar para cuando importa. Por no decir del problema de quemar a dos candidatos más en una cita electoral en el que nadie pensaría en su sano juicio que tendrían posibilidad de conseguir siquiera los 22.000 votos de hace tres años. ¿Quién se presentaría en estas elecciones a la pira electoral leonesista? ¿Y quién piensa que van a siquiera igualar el resultado de 2023 que fue ya un aumento de más del doble de papeletas que las de 2019?
En este caso, la cuestión está clara: sólo quieren que se presente la UPL los más recalcitrantes que creen en el mensaje de 'Autonomía YA' por derecho y por deseo. Un eslogan electoral inútil que no lleva a ninguna parte. Por mucho que algunos sigan diciendo que van a seguir trabajando por una coalición leonesista, nadie va a hacerlo realmente. Todo boquilla. De hecho, ya pasó el plazo para presentar una coalición ayer sábado sin noticias de ella. Y si alguien piensa en Alantre, hay que recordar que sacaron 387 votos en las anteriores autonómicas. Por presentarse se pueden presentar, pero sin dinero para darse publicidad nadie va a saber que están ahí. Suerte para ellos y para el leonesismo, porque si concurren y sacan menos de los dos mil votos que sacó la UPL la primera vez que se presentó el daño reputacional al leonesismo puede ser muy grande.
Así que la cuestión es qué ocurrirá con esos 22.000 votos huérfanos de deseo de urna autonomista (lo cual ya es un poco contradicción in termini para unos comicios para ir a Madrid) y cómo se repartirán entre los tres partidos nacionales en disputa en la provincia. Porque de la izquierda del Frente Amplio o Podemos todo indica que nada se puede esperar en que compitan en lo más mínimo en el escenario electoral leonés
La preciada papeleta del votante de la UPL
En primer lugar, la primera impresión sería repartir esos más de veinte mil votos entre los tres partidos en liza. Teniendo en cuenta que la tendencia generalista es que se repartan a pachas PP y PSOE el 85% de los votos y el 15% restante fueran a Vox, eso impediría prácticamente –salvo catástrofe socialista de perder un 20% de sus propios votos– que los de Abascal y Pollán volvieran a sentarse en el Congreso de los Diputados rugiendo por la circuscripción del león.
Sin embargo, ese reparto no tiene sentido, ya que es de esperar que muchos de los votantes de la UPL se queden en casa y pasen al abstencionismo. La cuestión es saber cuántos de ellos. Si el 20, el 30 o el 40%. Porque la polarización en torno a la figura del presidente del Gobierno es alta.
Teniendo en cuenta que los grandes desplomes de los partidos de una elección a otra no suelen superar el 30% de papeletas por cada contienda política en las urnas (cuando se suman dos 30% dos veces le ocurre lo que a Ciudadanos, que desaparecen esas formaciones en los terceros comicios), se podría conjeturar que un 20-25% de leonesistas se abstendrán. Eso dejaría unos 17.000 votos para repartir en una elucubración sistemática para intentar entender cómo podrían beneficiar al PSOE para que evitar que Vox consiguiera su puesto en la Carrera de San Jerónimo.
Con el primer reparto de la primera intuición ese 85% de los partidos mayoritarios podría establecerse una transferencia del 45% para el PP (unos 7.500 votos) y de un 40% para el PSOE (menos de 7.000), y de tan sólo 2.500 para Vox con ese 15% que tiene marcado tras las últimas autonómicas. Esto –que no cambiaría nada para el PP porque seguiría con sus dos escaños y es prácticamente imposible que consiga tres– supondría que el PSOE, estimando que pierda el 20% de los votos (18.200) podría llegar a frenar su caída a tan sólo 11.000, quedando en 80.000 votos.
Nota: antes se explicó que la votación al Senado no es igual que la del Congreso, en el caso de la Cámara Alta al ser voto mayoritario por persona, pero como la mayoría de gente vota con la papeleta de casa (y tiende a hacerlo más que para apoyar a los suyos para que no salgan los otros) lo normal es que de los cuatro que se reparten salgan tres del partido ganador y uno del segundo, con lo que el tercero en liza tiene nulas probabilidades de conseguir un puesto, ya que aquí sí tendría que superar el total de los votos de los cuatro primeros candidatos
Esto le permitiría a Vox conseguir el diputado con 40.001 votos. Pero sólo si se cumplieran estos números sin sentimiento (ni excesiva certeza salvo para sistematizar una previsión mediante elucubraciones lógicas), lo cual va a ser poco probable de que ocurra el 29N con el foco puesto de la izquierda en frenar como sea a la ultraderecha. Ni tampoco sirve mucho en observar los anteriores comicios autonómicos o municipales, ya que cada cita electoral maneja sus propios marcos psicológicos y es un gravísimo error considerar que un partido puede estar acabado porque no le salga como debería el último resultado en las urnas.
Y aquí está una de las claves del asunto, porque el último resultado socialista en las urnas en León fue excepcional, ganando contra pronóstico en febrero, lo cual hace inferir que, al menos, está potente en la provincia leonesa y estimar que su descenso no parece que vaya a ser muy grave. Si 'empatara' y sumara esos siete mil votos leonesistas, sacaría casi cien mil votos. Lo cual exigiría a Vox llegar a 50.001. No parece posible, pero las campañas... son cosa de Satanás.
¿La UPL es más de izquierdas... o de derechas?
Por último, también hay que pensar en la decisión psicológica de los votantes leonesistas, que en una circunstancia de huérfanos de siglas (y daría igual que partidos intrascendentes autonomistas como el Prepal o Alantre lo hicieran, porque son residuales y sería como efectuar un voto nulo ante la absoluta imposibilidad de que consiguieran representación si ya no podría conseguirlo la UPL ni presentándose), tienen una serie de limitaciones mentales que superar.
En primer lugar, votar al PP supone apoyar sus políticas desde Valladolid. Y eso es mal asunto y dejaría mal cuerpo, aunque si es de los que quieren que se vaya Sánchez como sea, no dudará en votar con la pinza en la nariz. Pero aquí está el quid de la cuestión: que también puede mostrar la tendencia política del votante de la UPL, que por mucho que los de la izquierda de frentes múltiples a la izquierda del PSOE considere que son de derechona, las encuestas siempre apuntan a una tendencia hacia las ideas progresistas de los votantes leonesistas.
Es decir, que bien podrían votar más al PSOE teniendo en cuenta que la socialdemocracia española no es precisamente izquierdosa. Hay que tener en cuenta que la propia izquierda leonesa tradicional en torno al PCE e IU es la que más ha denostado la posibilidad de una autonomía leonesa durante décadas; y eso el votante leonesista no lo olvida, y su imagen puede parecer más agresiva a los de Podemos y el restado Sumar por culpa de ello. Ciertamente, tampoco la traición socialista a las ideas de Baldomero Lozano es que guste mucho a los autonomistas de la UPL, pero lo que sí es más probable es que se encuentren más incómodos con el voto a Vox.
En este caso, ya de por sí la estadística sociológica básica indicaría que, como mucho, el 15% de los votos leonesistas irían al partido de Abascal. Pero la esencia del votante de esta formación esencialista española no casa mucho con la identidad leonesa, ya que es más de hincharse por la grandeza española rememorando Las Navas de Tolosa (victoria castellanísima en la que además se suele llamar traidores a los leoneses) y a Isabel la Católica como la Reina de una Castilla triunfante en América. Ese hispanismo exacerbado basado en Castilla, Castilla y más Castilla... no casa mucho con el ciudadano que introduce el sobre con la papeleta de la UPL.
Por no hablar de lo que pensarán las señoras leonesistas de las políticas de Vox respecto a las mujeres. Y son el 50% de los votantes de la Unión del Pueblo Leonés.
León, de nuevo una jungla electoral
Así las cosas, el reparto del disputado voto del señor leonesista parece a priori beneficiar, de forma sorprendente, al PSOE y dificultar el regreso de Vox al Congreso de los Diputados por León, aprovechando que el eterno candidato a Rey León (en forma de diputado leonesista en Madrid) ha decidido quedarse dormido para cazar una mejor presa. Porque de ser más PSOE State of Mind el leonesismo (y el ciudadano español es más bien socialdemócrata en su forma de pensar, con lo cual el 'no es tan así, pero algo de eso hay' pesa mucho), al autonomista leonés le valdría votar a los socialistas para impedir que una formación tan orgullosa del castellanismo hispánico (y tan poco admiradora de nuevas autonomías por así decirlo finamente), no consiguiera el deseado diputado leonés que denostara en Madrid la posibilidad de crearla.
Pero en las elecciones los sondeos y las elucubraciones no sirven porque, como siempre se dice, la verdadera encuesta la desvelan todos los ciudadanos el día de la votación. Hay que ser muy consciente, al final, que la psicología del votante es insondable; pero ya se verá si la interpolación planteada en este análisis es válida o no cuando cierren los colegios electorales. Las matemáticas políticas no sólo son crudas, sino que generalmente son muy crueles con los vaticinios tras el escrutinio de los votos.
Y hay que tener en cuenta que las campañas electorales últimamente en España son como la jungla y se deciden, muchas veces, por un zarpazo inesperado.