A todo tren

Labores de rescate del accidente de alta velocidad en Urda (Toledo).

Por enésima vez, un desgraciado accidente con gran número de víctimas ha sacado a relucir la endeblez argumental de la clase política española y lo hiperbólico de su discurso al enumerar, con incontinencia, sus aportaciones a la vida pública, tarea esta que se ve magnificada por los altavoces de heraldos afines y acólitos de los medios de comunicación. Los tantos que no marcan los partidos políticos el fin de semana, los marcan los lunes sus correas de transmisión periodística en los diarios de más tirada en España.

La labor de los partidos que con humildad monástica se autodefinen como 'de Gobierno', junto con otros partidos sistémicos que luchan por meter la cuchara en la olla ferroviaria nacional o el cuchillo en la tarta de la economía, es mezquina hasta la saciedad. Basta un breve recordatorio para poner de manifiesto este aserto. Aún estaban agonizando varios heridos del accidente de Urda cuando empezaron a circular audios de las conversaciones mantenidas entre operarios del centro de control y los maquinistas de los trenes implicados. 

Ni que decir tiene que estos madrugadores audios representan una acusación velada de la incompetencia o el error de un controlador y una preventiva elusión de responsabilidades por parte de sus superiores, pero pusieron al ministro del ramo, el exalcalde de Valladolid de infausto palmarés, en la picota. Y si acaso no le parecía permitido dimitir, no es porque no haya sobrados motivos para ello, sino porque piensan que estamos en vísperas de elecciones generales y una dimisión de este jaez abriría una profunda herida en el PSOE que disiparía hasta la más mínima opción de reeditar gobierno. Resultaría una sangría de votos y la caída de todo el andamiaje socialista, ya de por sí muy maltrecho en autonomías y ayuntamientos. 

El Partido Popular, que ya late la sangre ante la cercanía de la pieza herida, eleva su tono institucional y ahora, como si ya tuviera seguro el billete para ocupar la Moncloa, se pone comedido y aparenta no querer hacer leña del árbol caído. Hace bien, porque si es inasumible sufrir dos accidentes en menos de un año con más de 110 fallecidos, como afirma Pedro Sánchez, que además habla de “confianza quebrada”, el PP también atesora sus miserias en el mundo ferroviario. El accidente de Angroís de 2013, con 80 fallecidos, siendo Rajoy presidente de gobierno, o el accidente de Metrovalencia en 2006, siendo presidente autonómico Francisco Camps, con 43 fallecidos, no permiten sacar pecho sin que puedan afearle su pasado. 

A mayor abundamiento, si en el accidente de Angrois, con habilidad se las ingeniaron para encontrar un chivo expiatorio, que fue en aquel caso el maquinista del convoy, exonerando de paso al exministro Pepiño Blanco y a Ana Pastor, ministra del ramo que tampoco dimitió, ahora todo apunta que será un controlador – joven a juzgar por la voz de los audios – la víctima propiciatoria para pagar todos los platos rotos y hacer recaer sobre el mismo todo el peso de la ley y el oprobio público. Las carencias del sistema ASFA entonces y el sistema LZB ahora, no encuentran responsables entre la clase política española que todo lo hace bien, tan sólo los muertos desparramados por los campos de España parecen desmentirlo.

Primeras imágenes del accidente del ferrocarril de alta velocidad en Urda (Toledo).

Como todo soldado sabe, hay posiciones insostenibles, enclaves que no se pueden defender, y la posición de Oscar Puente, muy a su pesar, pero sobre todo muy a pesar de su mentor, no se puede mantener y así se lo han hecho saber sus jurados y acérrimos adversarios, que no le perdonan que los vapuleara dialécticamente en sede parlamentaria, ya en su primera intervención como ministro, pero también formaciones de izquierda que mantenían hasta hace poco alianzas con el Partido Socialista y apuntalaban su gobierno.

Todo el mundo parecía coincidir en que la única salida honrosa de este pucelano era la dimisión o, en su defecto, el cese (que finalmente y, por sorpresa, se produjo). Si acaso pluguiese a los hados volver a poner a Pedro Sánchez al frente del Gobierno, no veremos a este ínclito personaje en el gabinete ministerial; aunque, en el peor de los casos, lo hubiéramos visto cambiando de cartera. El asunto es que en su hoja de servicios figuran, además de accidentes mortales que ya serían motivo de dimisión o cese fulminante, un rosario de incidentes ferroviarios por toda la geografía hispana y una situación de la red viaria por carretera, infame.

Óscar Puente, un azote para León

Este caballero protagonizó severas reprimendas al alcalde de León, las más de las veces con razón y otras sin ella, pero como correligionarios del partido con más de cien años de honradez. ¡Pues, hale, pelillos a la mar! Fuera del trato dispensado a su colega, ha sido un verdadero azote para León, lo que no nos arrebata la Junta de Castilla y León, nos lo arrebata este ex alcalde... ¿Progresista? El ya posible traslado del centro formativo de ADIF, argumentando deficiencias en sus instalaciones es un buen ejemplo, entre otros muchos, del latrocinio que desde Valladolid se viene perpetrando contra León desde hace cuatro décadas.

Hay que reconocerle a este señor, eso sí, una pasión por su tierra que para sí la quisiera el más acendrado político leonés. Con él se fraguó que el nudo de Olmedo sea un hito importante en el Corredor Atlántico, infraestructura que discurrirá por la no menos atlántica provincia de Valladolid. Prueba de la insignificancia leonesa para el PSOE es que León sólo representa un modesto caladero de votos. Y eso sin desdeñar que no hay uno, sino dos ministros pucelanos que obran calladamente en favor de su terruño mientras León languidece.

Lo triste de todo ello son 69 fallecidos, y quien sabe cuántos mutilados que ocuparan portadas de los medios de comunicación durante un tiempo, hasta que el interés decaiga u otra catástrofe oculte la anterior ¿Cuántos recuerdan como fue el accidente de Adamuz sin recurrir a las hemerotecas? ¿Qué se prometió entonces? ¿Qué se ha vuelto a saber de las víctimas, de esos otros mutilados o de sus familiares cercanos?

Tras el infortunio, nuestra clase política seguirá a lo suyo –Vox es el paradigma– y los españolitos muertos por su incompetencia o su dejadez, a la tumba fría.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

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