Cómo hacer que ‘Las peras de Dios’ de Antonio Pereira se sigan multiplicando, ahora en el teatro

Los protagonistas de la adaptación teatral de Antonio Pereira 'Las peras de Dios', en la función en Carrizo de la Ribera.

César Fernández

Más de cuatro décadas después, la finca de la abuela Társila sigue dando fruto. Fue en 1982 cuando el escritor Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 1923-León, 2009) publicó Los brazos de la i griega, libro que incluye el cuento Las peras de Dios. La cosecha no se quedó en el papel. Apenas dos años después el relato inspiró una de las partes de la película de Chema Sarmiento El filandón. Y ahora, tras un tiempo a poulo al disfrute ocasional de lectores y espectadores, salta a las tablas esta historia marcada por el aprovechamiento de una superproducción de frutas y su progresiva y sutil identificación con las tetas femeninas. Lo hace con una función nacida con un espíritu pedagógico, aupada por una dirección profesional y ahora avalada por el respaldo del público sin fijarse metas, pero convertida ya uno de los acontecimientos culturales de este 2026 en la provincia de León.

La profesora Nuria Rubial, docente de Literatura Dramática y Artes Escénicas en la Escuela de Arte de León, también ha tenido de algún modo que multiplicar las peras. Lo hizo al convertir las apenas cuatro páginas del cuento original en un guion de más de 70 minutos de duración, la base de una adaptación teatral para la que, valga la redundancia, ha tirado de cosecha propia. Nacida en el también municipio berciano de Toreno, las expresiones de Társila no le resultaban para nada ajenas. “Los diálogos entre personajes como Társila, Criso o Teresina es como si fueran en mi casa. Son mis tías, es mi madre, mi padre, mi hermana, somos nosotros”, reconoce quien a su vez es una de las creadoras de Liternautas, proyecto que trata de aunar literatura y naturaleza al que se ha sumado la Fundación Antonio Pereira. Y, en ese contexto, surgió una idea. ¿Por qué no llevar por primera vez un cuento pereiriano al teatro?

Rubial y el director gerente de la Fundación, Joaquín Otero, convinieron en dotar al proyecto de un cariz académico y pedagógico. “Yo quería que participasen alumnos de la Escuela”, señala la docente, también deseosa de poder “aunar varias generaciones”, para lo cual se tiró de actores con experiencia. Por la propia necesidad de estirar la extensión del cuento, la adaptación dio más recorrido a personajes como el de una profesora de clases particulares, en el original apenas citada como “la profesorita” y a la que encarna como Inma la propia Rubial, que sí contaba con un hándicap a la hora de volcar el relato al teatro derivado de su recuerdo de la película El filandón. “Y no la quise ver más (durante la adaptación), porque me condicionaba muchísimo”, dice sobre el impacto de la versión cinematográfica en su propio imaginario.

Protagonistas de la adaptación teatral de 'Las peras de Dios' posan junto a la escultura en honor a Antonio Pereira en el Jardín de la Alameda de Villafranca del Bierzo.

El hándicap de Miguel Barajas, actor con experiencia desde los años sesenta, tenía que ver con la disonancia entre su propia personalidad expansiva y su personaje, el abuelo Criso, ajeno en el cuento con su violín al frenesí provocado por la superproducción de peras y la imposibilidad de venderlas ante el acuerdo alcanzado por el Gobierno para importarlas del extranjero, lo que desata un furor por las recetas hasta el paroxismo de servir mermelada de pera sobre base de pera. “Yo”, admite con gracia este antiguo trabajador de Telefónica que también pasó por la radio y la televisión, “soy propenso en el teatro a aumentar las palabras en las frases que digo. Lo hago porque en ese momento me meto tan de lleno en el papel que a mí me salen de natural”. Ha tenido, por lo tanto, que hacer un ejercicio de contención para interpretar a este personaje singular. “Pero son terribles los tímidos cuando se destapan”, dejó escrito Antonio Pereira justo en el punto en que se desencadena el clímax de Las peras de Dios. Barajas, que conoció en vida al propio Pereira, tenía un recuerdo ya lejano del cuento y de la película.

Ni el relato original ni su adaptación al cine estaban en el radar de la joven Aitana Castro, que terminó el curso pasado el Bachillerato Artístico y se acaba de incorporar a los estudios universitarios de Magisterio. Castro interpreta a Julia (Sofía García, Iván Caballero y Alberto Iglesias completan el póker de primos, los cuatro antiguos alumnos de la Escuela de Arte). Ha vivido “feliz” el proceso de elección, ensayos y estreno con un valor añadido: el hecho de haber descubierto a través de este proyecto la literatura de Antonio Pereira: “Y eso me ha enriquecido mucho”. Director gerente de la Fundación y sobrino del autor, Joaquín Otero fue de los que más lo trató en vida. Pero, en estas lides como atípico productor de la función, no quiso saber ningún detalle de la representación hasta asistir como un espectador más a su estreno el pasado 12 de septiembre, en plenas fiestas del Cristo, en el Teatro Villafranquino Enrique Gil y Carrasco.

Otero sí recibía una respuesta unánime cuando en estas semanas previas confiaba a su círculo más cercano el nombre del director de la obra, el también actor profesional sahagunense Javier Bermejo. “Siempre tuve muy buenas referencias”, dice sobre Bermejo, que consensuó con Nuria Rubial una “escenografía muy simbólica” y se puso al frente de “dos meses muy intensos de ensayos” para preparar entre julio y agosto las funciones de Villafranca del Bierzo y Carrizo de la Ribera, la rampa de lanzamiento de un proyecto que se ha tomado como una oportunidad extraordinaria: “Lo siento como una ocasión única: que gente de la tierra hagamos un texto de un autor reconocido de la tierra, con versión, dirección y actores de la tierra”.

Hay también una retroalimentación habida cuenta de que la incorporación de Bermejo dota de un cariz profesional a un proyecto concebido desde el ámbito académico, destaca y agradece Rubial, que afrontó el reto de la puesta en escena de la sexualidad derivada en el relato de las progresivas referencias a las peras como trasunto de las tetas de las mujeres. “Lo hice igual que está en el cuento, a través de una sexualidad sana”, dice para ponerse en el contexto temporal y comparar el consumo actual de pornografía entre chavales con aquel día, siendo una chiquilla, en que la bibliotecaria de Toreno la pilló abriendo un tomo sobre el cuerpo humano y amenazó con contárselo a su madre. “Y yo no dormí aquella noche”, evoca.

Lo siento como una ocasión única: que gente de la tierra hagamos un texto de un autor reconocido de la tierra, con versión, dirección y actores de la tierra

Javier Bermejo Director de la versión teatral de ‘Las peras de Dios’

Antonio Pereira, del que llegaron a decir que cultivaba un “erotismo diocesano”, sublimaba el poder de sugerencia de sus cuentos. “Dice mucho en pocas palabras”, insiste Nuria Rubial, que, con el autor ya fallecido y su sobrino prefiriendo estar al margen de los detalles de la representación, tiró del escritor leonés Julio Llamazares para revisar la adaptación del texto con un “no sé si Pereira me perdonará” las licencias que tuvo que tomarse para estirar el relato. “No solo te perdonará, sino que te estará agradecido”, le contestó Llamazares, uno de los espectadores que despidieron con una ovación entusiasmada el estreno en Villafranca.

Los protagonistas de la adaptación teatral de Antonio Pereira 'Las peras de Dios', en la función en Carrizo de la Ribera.

La respuesta del público refrenda el valor de una iniciativa que ha llenado de entusiasmo a sus promotores y protagonistas. “Esto se convirtió ya no en un proyecto ni un trabajo, sino en una aventura”, subraya Joaquín Otero, al que tanto Rubial como Bermejo agradecen “una libertad creativa que es muy difícil de encontrar”. “Yo no me he visto en otra igual”, destaca la joven Aitana Castro, mientras Miguel Barajas recalca el valor de las reacciones de los espectadores, tanto con sus largas ovaciones finales como durante la función con sus risas y sus silencios al compás del desarrollo de la trama.

¿Y qué diría Antonio Pereira? A la pregunta, muchas veces convertida en el criterio en que basa sus decisiones la Fundación, ya contestó Llamazares. “Él habría estado feliz con esta obra. Le habría gustado desde el principio hasta el final”, abunda Joaquín Otero, satisfecho también por cómo se cierra una historia que su autor dejaba abierta. La puerta que ahora se abre es la de poder profundizar en las adaptaciones teatrales del universo pereiriano. “Rotundamente, sí. Sin prisa, como nos gusta hacer las cosas en la fundación, pero sin pausa. Pero sí, seguro que habrá más cuentos de Antonio Pereira que se lleven al teatro, y muy probablemente con esta gente”, responde Otero. “Yo me apunto. Y como en casi todos los cuentos hay algún abuelete…”, se lanza Miguel Barajas, uno de los protagonistas de estas peras de Dios con denominación de origen de la provincia de León.

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