La modernización del regadío deja sin agua un patrimonio de cinco siglos en el Órbigo: molinos, presas y biodiversidad en riesgo

Miguel Ángel Abella, frente al molino que restaura en Hospital de Órbigo.

Sara Lombas

¿Qué ocurre cuando para modernizar el regadío se excluye un sistema hidráulico centenario? Una de las consecuencias es la desaparición de todo un ecosistema y el abandono de un patrimonio. Eso sucede desde hace más de un año en ocho pueblos de la comarca leonesa del Órbigo, donde existe uno de los sistemas de riego tradicional más antiguos de la provincia de León, la Presa de la Tierra. Sin embargo, este bien patrimonial ha sido abandonado a su suerte tras la decisión de CHD y la Comunidad de Regantes de no permitir que el agua discurra por estas infraestructuras de más de cinco siglos de antigüedad. 

Es un día cualquiera de finales de agosto y Hospital de Órbigo bulle con la actividad veraniega. Hectáreas y hectáreas de cultivos de maíz rodean a la localidad, con sus tallos y hojas verdes pintando el paisaje. Las tuberías de la modernización del regadío se aseguran de que así sea. Sin embargo, en suelo urbano la situación es distinta.

Los canales excavados en la tierra, las presas, solo contienen hojas secas y hierba amarillenta. En los terrenos donde los vecinos llevan generaciones atendiendo sus huertas, estas han ido retrocediendo, reduciendo su tamaño para que sus dueños economicen la poca agua que consiguen por sus propios medios. Los árboles frutales están completamente secos en algunas fincas. 

Desde mayo de 2025 el agua ha desaparecido de la Presa de la Tierra, cuyo conjunto de redes hidráulicas atravesaban los pueblos de la comarca del Órbigo y servían para que los vecinos (la mayor parte de ellos de edad avanzada) regasen sus huertos. Ahora se sirven de cargar garrafas o hacer uso de mangueras conectadas a los grifos de sus casas para conseguir aportar agua a sus pequeños cultivos, con todos los inconvenientes que supone. 

Así ha ocurrido en Benavides de Órbigo, Gualtares, Villares de Órbigo, San Feliz de Órbigo, Hospital de Órbigo, Villarejo de Órbigo y Veguellina de Órbigo. Pero esta situación no implica únicamente un problema social para los vecinos del Órbigo, sino patrimonial y natural. Las infraestructuras centenarias de la Presa de la Tierra acumulan maleza y vegetación seca, lo mismo que su entorno, que en la comarca conocen como ‘reboño’.

La comarca de paisaje ribereño que lleva nombre de río ha perdido gran parte de su agua y, con ella, su identidad. “Era nuestro río”, comentan con tristeza e indignación Aquilino y Fernando, vecinos de Hospital de Órbigo, al observar el canal que antes era una presa rebosante de agua y que ahora parece una calle más, polvorienta y árida. Y es que aunque el Órbigo es el río de la comarca, era el agua de la Presa de la Tierra la que regaba los pueblos de la zona. 

La presa por la que discurría el agua en mitad del pueblo de Hospital de Órbigo, ahora seco.

Presas y molinos abandonados 

La Presa de la Tierra fue concebida como un canal artificial para conducir el agua de riego hacia las tierras de cultivo y aprovechar la fuerza del caudal para mover molinos de cereal (harineros) y de aceite de linaza, así como abastecer a industrias locales en épocas posteriores (como la fábrica de fundas de paja). La fecha que se utiliza de referencia como inicio de uso de esta presa es 1524, a pesar de que la infraestructura ya existía en la Edad Media. 

El constante rumor del agua ha desaparecido y ese silencio lo llenan con sus reclamaciones centenares de vecinos que forman parte de la Asociación para la Defensa del Riego de Huertos y del Patrimonio Hídrico. Su petición parece lógica: mantener mediante hidrantes un mínimo caudal de agua para, al menos, sostener el ecosistema y la infraestructura de las presas. Por ahora, no han conseguido una respuesta positiva ni de CHD ni de la Comunidad de Regantes, aunque se niegan a creer que la situación se convierta en algo permanente. 

El paisaje de las calles de Hospital de Órbigo ya es distinto sin sus presas a las que acompañan los molinos. En esta localidad hay varios entremezclados con las viviendas. Muchos de ellos se han conservado durante muchos años en perfecto estado. A partir de ahora su pervivencia será mucho más complicada. 

Sin embargo, ya hay vecinos que se han puesto manos a la obra. Miguel Ángel Abella se hizo con una casa que contaba con su propio molino tradicional en el año 2022. Un año después comenzó con la restauración del mismo y, al poco tiempo, se supo que el agua dejaría de llegar por las presas. Sin embargo, Abella continuó con su trabajo. Allí se encuentra ese mediodía, trabajando todavía en la restauración del molino y la vivienda anexa. 

Un cartel que reclama el regreso del agua y, al fondo, el molino que Miguel Ángel Abella restaura.

A los pies del molino aún hay agua de la presa, aunque se trata de una filtración de un reguero cercano y apenas tiene corriente. Sin embargo, esta humedad ha permitido que el entorno de este molino se mantenga verde. A las numerosas pancartas que plagan los pueblos del Órbigo afectados por el declive de la Presa de la Tierra, Abella se ha sumado con unos tablones en los que se leen los mensajes: “Salvemos las presas” y “Agua para las presas”. Carteles similares se pueden ver por todos los pueblos afectados.

Un ecosistema en peligro

El catedrático de la Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad de León, Eloy Bécares, lamenta la pérdida de un sistema que tiene un papel fundamental para las especies de fauna acuáticas: “Las presas sirven de vía de comunicación y refugio para las especies. Cuando en verano el nivel de agua de los ríos desciende, a los peces y otras especies solo les quedan las presas como resguardo”. 

Bécares espera que CHD mantenga cierto caudal, al igual que reclaman los vecinos, para mantener la fauna y la flora de este ecosistema ribereño y recuerda la gravedad que esto supone para las especies que usaban las presas de refugio durante el verano, ante contaminaciones de los ríos de los que se alimentan o para resguardarse de depredadores (como ocurrió con el cangrejo de río autóctono).

Los miembros de la Asociación para la Defensa del Riego de Huertos y del Patrimonio Hídrico insisten en el valor del paisaje propiciado por el ‘reboño’, vinculado al entorno de las presas. Uno de los más representativos es el del entorno de lo que hoy en día se conoce como Villa Blanca, un conjunto de edificaciones construidas en torno a la antigua Fábrica de fundas de paja destinadas a recipientes de vidrio. Hace mucho tiempo que la fábrica fue abandonada, pero aún permanece la presa que la abastecía y las viviendas que la acompañan. 

Allí vive José María Alonso, descendiente de los dueños de aquella fábrica que entre la década de los años 20 y los 70 del siglo pasado fue la industria pujante de la comarca del Órbigo. Actualmente la villa sirve como residencia familiar, pero un despacho de Villa Blanca ha sido acondicionado como pequeño museo de la historia de aquella antigua fábrica. 

Imagen de la antigua fábrica de funda de paja, en el entorno de Villa Blanca.

Las fotos familiares comparten espacio con imágenes antiguas del entorno que reflejan la cantidad de agua que llegaba a la villa a través de las presas, así como conchas de mejillones de río (Margaritifera margaritifera) una especie en extinción que solo se encuentra en el noroeste de España y que en los pueblos del Órbigo ha desaparecido junto al agua. 

La presa, hoy en día seca, en la antigua fábrica de fundas de paja de Hospital de Órbigo.

La villa esconde otro tesoro que enriquece la naturaleza de la comarca: la única secuoya gigante que posee el Órbigo. Con más de 50 metros de altura y cientos de años, la secuoya antes recibía también agua de la Presa de la Tierra. Sin embargo, José María y su familia llevan más de un año regándola con una manguera conectada a su circuito de agua. “Nuestro miedo es que el agua no sea suficiente”, lamenta Alonso. Junto a esta secuoya, la finca cuenta también con un cedro y un plátano centenarios, que también corren el peligro de secarse. 

José María Alonso en Villa Blanca; al fondo, la secuoya gigante única en la comarca del Órbigo.

Así, con el esfuerzo de muchos de sus vecinos, el patrimonio hídrico y natural del Órbigo aguanta otro verano, asegurando el vínculo de esta comarca leonesa con el agua. La esperanza de todos ellos recae en que esta situación sea tan solo temporal, a la espera de que las administraciones apuesten por preservar el patrimonio de estos sistemas de riego históricos. 

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