CRÓNICA DEL PASADO
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Personajes históricos del callejero leonés
Antonio González de Lama, la humildad del sabio
Antonio González de Lama no solo tiene calle en la ciudad, sino también nombre de colegio público. Fue un clérigo desprovisto de cargos de obispalía, muy recordado y querido. Nació en Valderas (1905) y murió en León (1969). Muchacho rústico en su pueblo, seminarista dotado de excelente memoria y talento, cura joven en Antimio, profesor, beneficiario catedralicio, columnista, director del Diario de León, conferenciante, bibliotecario, alentador de inquietudes ajenas, impulsor cultural, pensador de buena factura intelectual.
Su mejor herencia fue la palabra y esta se fue con el personaje. De su obra escrita quedan los fugaces recuerdos impresos en el interminable listado de artículos del periódico leonés, bajo el epígrafe 'Cada día'. Aunque lo suyo, lo que realmente le gustaba, era pensar y hablar, más que escribir. Comunicaba sugerencias, ocurrencias, datos, ilusiones.
Periodistas, intelectuales y artistas se agrupaban junto a él, sin duda porque transmitía una búsqueda de la cultura y de la libertad. Y eso no era fácil en un ambiente franquista y una ciudad conservadora. Vivió aquel tiempo sin pisar algunas líneas rojas, convencido de que, tras la etapa de posguerra y ruinas seculares, acabaría fraguando otra de prosperidad. Sólo había que esperar y no quedar derrumbado por las prisas.
Sobria formación humanística
González de Lama citaba a los clásicos en cada parrafada que soltaba, especialmente a los filósofos. Construyó su pensamiento al calor de los más recientes: Ortega, Zubiri, García Morente; sin olvidar a Hegel o Santo Tomás. Quiso profundizar en el pensamiento raciovitalista de José Ortega y Gasset, aparcando por un tiempo el pensamiento perspectivista o historicista.
La Biblioteca Azcárate, de la que fue bibliotecario, merece una distinción especial, como París mereció una misa cuando estuvo rodeada de hugonotes. Después de que en 1936 fusilaran a su responsable, Pío Álvarez, la biblioteca tuvo como mantenedor ilustre a Antonio González de Lama. Organizada en la calle Bayón (luego calle de Sierra Pambley), este singular cúmulo de sabiduría tuvo sometidos muchos de sus títulos al ostracismo, convirtiendo a su bibliotecario en posadero y refugio de los contertulios de Espadaña, la revista literaria convertida en ventana abierta a las rimas libres. Cuenta el cronista Victoriano Crémer que la biblioteca Azcárate tenía los mejores fondos de la filosofía krausista de España, libros prohibidos hasta que una parte principal fue utilizada por González de Lama para la realización de una tesis doctoral, precisamente sobre el tema del krausismo en España.
Alentar el pensamiento crítico
Y es que, en realidad, este clérigo que vestía de rigurosa sotana no destacaba –dentro del paisanaje franquista– por un perfil católico a pies juntillas. Se lo impedían sus cualidades de exquisitez intelectual, a lo que había que añadir sentimientos y calidad humanos.
Era un fumador empedernido y le gustaba pasear y charlar. Ayudó a un cogollo de disidentes, cuestionó el índice de libros prohibidos y permitió leer algunos ejemplares “peligrosos”. Seguramente no se pudo hacer más, pues el obispo le vigilaba de cerca.
Nos queda la obra escrita
Néstor González Alonso le ha hecho justicia recientemente al publicar una antología de su obra. Qué sano resulta rescatar del olvido a quien nunca hay que olvidar. González de Lama vivió bajo la fuerte personalidad del obispo Almarcha, por eso mantuvo una postura oficialista en temas donde una mente cultivada podía fácilmente discrepar. Si el franquismo ahormó sus ideas políticas y sociales, aquel cura mantuvo un librepensamiento moderado en medio de otras ideas menos comprometidas y más ramplonas.
Defendió una educación experimental e innovadora, que no apelara sólo a la memoria de carrerilla sino a la reflexión crítica. Esa música sigue sonando hoy en día en medio de la polémica sobre qué educación es la mejor para el siglo XXI. Pero también opinaba –y escuchaba– de deportes, literatura, naturaleza, filosofía, poesía. No era un intelectual de método, sino de impulsos vitales, pegado a la realidad que le rodeaba. Ya desde el Seminario de Valderas había elaborado un pensamiento propio, combinando en sus escritos contenidos diversos con un estilo informal.
El hito de la revista 'Espadaña'
Fundó la revista Espadaña junto a Eugenio de Nora y Victoriano Crémer, incluyendo en sus páginas, frente a una poesía de corte clasista, otra de obra poética, opuesta al Régimen. Había que apartar a Garcilaso y a Góngora para dejar fluir los versos de Pablo Neruda, Miguel Hernández, José Hierro, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Antonio Gamoneda…
Su vetusta casa en la plaza de Puerta Obispo, muy cerca de la calle que lleva su nombre, sigue en pie, vigilando a los leoneses y turistas que transitan por el corazón de la ciudad. Su recuerdo tal vez sigue aglutinando alguna efímera tertulia, en medio de esta avalancha digital que acelera nuestras vidas para que el tiempo envejezca más deprisa, hasta acabar anulando el don de la palabra. González de Lama nunca hubiera permitido que la IA fuera capaz de matar a la estrella de la radio y la tertulia.