Alfonso V, el Noble y el Restaurador

Busto de Alfonso V y su calle, con el Ayuntamiento de León, en Google Street Wiew.

Dos sonoros sobrenombres para este rey leonés, noble y restaurador (con calle en el barrio de San Marcelo que antes fue de Ramiro Valbuena, trasladada a la bocacalle de la Inmaculada), que ciñó corona desde 999 hasta su muerte, en 1028.

Pasó Alfonso V el cambio del oscuro milenio en su trono, con sólo seis años de edad, seguramente inconsciente de la carga de temores que traía la fecha del año mil, plagado de conjuros y vaticinios.

Había nacido en 994, hijo del rey Vermudo II el Gotoso y Elvira García. Alfonso contrajo matrimonio dos veces y tuvo como descendencia un varón y dos hembras; la última, Jimena, era hija de Urraca de Navarra, hermana del poderoso Sancho III, el Mayor de Navarra, bajo cuyo reinado se produjo una de las mayores unificaciones territoriales cristianas al gobernar sobre el reino de Pamplona, los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, gran parte de Castilla, Álava y Vizcaya, además de ejercer enorme influencia y protectorado sobre el Reino de León. 

Un reino bajo las razias de Almanzor

La prematura muerte del Gotoso convierte a Alfonso en rey con sólo tres años de edad, por lo que hubo que habilitar una regencia. Maniobra peligrosa aquella, pues había heredado un poder real debilitado en medio de facciones nobiliarias cargadas de ambición. 

Además, aún se padecía en el reino el rastro de sangre y destrucción de Almanzor a su paso por estas tierras. Con aquellos mimbres, era fácil caer en disputas por la regencia, pese a que había arraigado ya un sistema hereditario sólido con Ramiro II. Tampoco cesaron en estos años las incursiones musulmanas, las rebeliones internas y las intromisiones castellanas en los asuntos del reino leonés, ejecutadas por el nieto de Fernán González, conde Sancho I García de Castilla.

La hostilidad castellana

Al joven rey leonés le consagró el obispo Froilán. Pese a desear ardientemente la tutoría real el conde Sancho I, no la consiguió, aunque estaba bien situado en la corte leonesa por ser hermano de Elvira, madre del pequeño Alfonso. El reinado empezó realmente con su mayoría de edad, en 1008, aunque no pudo desembarazarse de las injerencias del castellano, quien provocó una rebelión que conseguiría la ruptura política de su condado respecto al reino de León en 1014. 

De niño, Alfonso estuvo bajo la tutela de su madre y el conde Menendo González, que le crió en Galicia y fue su vicario y ayo. Como regente juiciosa, su madre mantuvo buenas relaciones con Castilla, hasta que una rebelión interna y la enemistad con el conde Sancho rompieron la concordia y llevaron a la retirada de la reina madre a Oviedo, donde murió.

Son varios los historiadores que juzgan la pugna entre León y Castilla como la de mayor calado y prolongación en siglos. Además, el conde castellano buscaba anexionarse los Campos Góticos Leoneses, tierras comprendidas entre los ríos Cea y Pisuerga. Los Vela y los Laínez apoyaban al rey Alfonso, que recuperó territorios perdidos, pero encontraron la oposición de Sancho III de Navarra, que se convirtió en protector del conde castellano. Tras enviudar de su primera esposa, Alfonso buscó el matrimonio con Urraca de Navarra, para apuntalar su frágil posición en aquel tablero de fuerzas.

Reconstruir la ciudad y concederle un Fuero

Alfonso se dedicó a rehacer y reorganizar el reino dañado por las campañas de Almanzor y su hijo, y reconstruyó la ciudad de León, en la que volcó sus mayores esfuerzos. Así, uno de los hechos más trascendentales de su reinado fue la concesión de los Fueros de León (28 de julio de 1017), ciudad que había sufrido una fuerte despoblación por los ataques musulmanes en el reinado de Vermudo II y que ahora Alfonso V buscaba repoblar. Años después, extendería estos otorgamientos a Galicia y Asturias, favoreciendo con ello la venida de nuevos moradores. 

Consciente de la necesidad de dar un giro a su reinado, buscó un nuevo marco jurídico. Así, en el marco de una reunión de la curia regia, promulgó del Fuero de León, un hito dentro del modelo feudal del viejo reino. Con él se pretendía poner fin a los desórdenes y afianzar el poder de la corona. El Fuero es un documento trascendental en la legislación medieval, redactado cuando el rey tenía veinticuatro años: Decreta Alfonsi regis et Geloire regine. Contiene 48 apartados o disposiciones, algunas de ellas muy llamativas, que a buen seguro desconocen muchos leoneses: 

— IV. Mandamos que nadie ose robar algo de la Iglesia. 

— IX. Mandamos que los homicidios y raptos de todos los hombres ingenuos, sean pagados íntegramente al rey.

— XI. El que tomase mujer de mandación (viuda o con esposo ausente) y allí contrajese nupcias, que sirva por dicha heredad de la mujer y que la retenga.

— XV. El que injuriase e matase al sayón del rey pague quinientos sueldos.

— XXI. Mandamos que ningún iunior (agricultor vinculado a la tierra), tonelero, tejedor que venga a morar a León, sea sacado de allí.

— XXVI. Quien tuviese casa en solar ajeno y no tuviese caballo o asno, que dé al dueño del suelo una vez al año diez panes de trigo y media cañadilla de vino y un lomo bueno…

— XXXII. Si alguno menguase la medida del pan y del vino, pague cinco sueldos al merino del rey.

— XXXV. Las panaderas que falseen el peso del pan, que la primera vez sean flageladas…

— XXXVIII. Ninguna mujer sea llevada contra su voluntad a preparar pan al rey, a no ser que fuese su sierva.

— XLIII. La mujer de León que no sea apresada, ni juzgada, ni dada en fianza estando ausente el marido.

— XLVI. El pescado de mar y de río y las carnes que traigan a León para venderlas, que no sean cogidas por la fuerza en algún lugar por el sayón del rey o por ningún otro hombre.

— XLVII. Quien el mercado público, que desde antiguo se celebra los miércoles, perturbase con cuchillos desnudos, espadas o lanzas, que pague al sayón sesenta sueldos de la moneda de la urbe.

Muchas cláusulas penales de este tipo de textos estaban inspiradas en documentos pontificios, aunque en el Fuero de León toman naturaleza civil. Añade Javier Tomé que son una serie de normas que unían las amenazas con el buen juicio, rigiendo el reino durante siglos. En cuanto a aspectos militares, buscó resarcirse de las conquistas musulmanas. Con ese empeño llegó Alfonso V a la ciudad de Viseu (hoy Portugal). 

Una muerte accidental

Un día salió el rey de la ciudadela de esta ciudad portuguesa a reconocer la muralla, sin protección personal alguna, momento en el que fue alcanzado por una saeta enemiga, resultando ser una herida letal. Murió al momento, el 7 de agosto de 1028, y sus restos fueron trasladados a León y enterrados en la iglesia de San Juan Bautista, hoy acoplada a San Isidoro, donde se ubica el Panteón de los Reyes.

Treinta y dos años fueron demasiado poco tiempo de vida, especialmente por venir de un reinado anterior con más sombras que luces, que empezaba a despuntar de manera un tanto parsimoniosa. El de Alfonso V fue un reinado con todos los tópicos y condicionantes de la época: pugnas nobiliarias, agresiones territoriales, enfrentamientos con los castellanos, incursiones musulmanas, explotaciones agrarias abandonadas, huidas de siervos y colonos, murallas derruidas, templos y monasterios arrasados…

Con semejante panorama, la labor y herencia de Alfonso fue la de reconstruir, repoblar y otorgar, por eso ha pasado a la historia con un tercer apelativo: como el rey de los Buenos Fueros, según decía el pueblo.

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