Las viviendas de León se enfrentan al calor del verano con problemas de aislamiento y refrigeración

Imagen de archivo.

Sara Lombas

Las olas de calor son cada vez más frecuentes y extremas en toda España, y León, aunque se mantiene con temperaturas más bajas durante el verano que otras provincias españolas, sufre también el calor, y quizá en mayor medida debido a una construcción de viviendas pensada más para el frío que históricamente ha sido protagonista del clima. Tan solo un 7,4% de los hogares leoneses tienen sistemas de refrigeración instalados, con casi un 15% de viviendas con problemas de aislamiento, según los datos del Instituto Nacional de Estadistica (INE=. 

Merece la pena preguntarse qué sucederá con el parque de vivienda y los hábitos en León ahora que el estrés térmico ha llegado a la provincia para quedarse, con temperaturas anómalamente altas, llegando a romper en 2022 el récord de calor en el mes de julio, cuando se alcanzaron los 37,5 grados. 

Los leoneses no estamos acostumbrados a estas temperaturas que, si en otras provincias son más frecuentes, aquí son alarmantes. En este sentido se redacta el nuevo ‘Plan Nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperatura’ que marca umbrales diferentes para cada provincia a partir de los cuales el calor comienza a ser un riesgo para la salud.

En León la temperatura máxima antes de considerarse peligrosa se marca en los 33 grados. Todo ello cuando en el periodo entre 1981 y 2010 la media de temperaturas máximas durante el mes de julio en León estaba en 27,4 grados y la media de las temperaturas máximas en ese mismo mes de 2022 se situó en 32,2 grados, llegando a superar durante varias jornadas el umbral de los 33 grados. 

La cuestión es, para el profesor de economía de la Universidad de León Pablo García, una realidad que se debe abordar con urgencia: “Si se prevé que la temperatura vaya a más ¿por qué no nos preocupamos por los efectos del calor también? Es una cuestión de salud, no de comfort. En León siempre ha parecido más interesante hablar del frío que del calor pero también existe un problema en verano y que se mantendrá en el futuro con el cambio climático. Vamos a acabar cambiando la calefacción por el aire acondicionado”, afirma. 

Los hogares con menos ingresos, lo más perjudicados 

Por supuesto, el calor no afecta por igual a todos los ciudadanos de León. El 25% de los hogares con ingresos mensuales que no llegan a los 1.000 euros no tienen ningún tipo de sistema de refrigeración, siendo el porcentaje más alto de todos los grupos sociales. La media del año de construcción de viviendas en León está entre 1970 y 1979, por lo que el 14,8% de los inmuebles tienen problemas de aislamiento y, por tanto, necesitan de un esfuerzo extra para mantener una temperatura templada.

“Es llamativa la simetría que hay en la pobreza energética en invierno y en verano. En una casa mal aislada difícilmente se puede hacer frente al calor, pero no solo eso. También hay que pagar el consumo de ventiladores, aunque consuma menos que un aire acondicionado, hay familias que no pueden pagarlo”, razona Pablo García. 

La pobreza energética es, para este profesor de economía, un asunto que las administraciones todavía tienen que abordar de forma más efectiva: “Se deben crear ayudas para evitar el estrés térmico, especialmente el de las personas más vulnerables. De momento no hay una solución. A esto se suma que se ha comprobado que las ayudas no llegan a la gente que más lo necesita, ya sea porque desconocen que existen o porque, aunque se ha intentado hacer más sencillo, el proceso de solicitud sigue siendo muy complicado y quizá no todos llegan al final. La administración tiene que acercarse a las personas e identificar los sectores más necesitados. Pero es que todavía estamos aprendiendo y para todo esto se debería hacer un desembolso de dinero y recursos públicos que no se hace”.

Soluciones ecológicas y realistas

Aunque el calor va en aumento en León, Pablo no recomienda la instalación de aires acondicionados en las viviendas de León: “En el punto en el que estamos, por motivación medioambiental y porque la gente no tiene dinero para pagar ni la factura de la luz, la mejor opción es la climatización pasiva, es decir usar toldos, films en los cristales de las ventanas que filtran la luz... Medidas asequibles y adaptables para todo tipo de vivienda. Si se instalan muchos aires acondicionados reforzamos el cambio climático”.

Daniel Álvarez, de la Fundación Isadora Duncan, coincide con Pablo García: “León es una zona en la que sirve mucho más usar persianas o toldos y saber ventilar las casas que tener un equipo de aire acondicionado más completo”.

El responsable del programa de Educación Financiera Familiar y Pobreza Energética de la Fundación Isadora Duncan resalta también la importancia que tienen también las políticas urbanísticas, especialmente para quienes tienen más dificultades a la hora de mantener sus casas templadas, que pasa necesariamente por aumentar la cubierta vegetal: “Tiene que existir una cubierta vegetal para que el calor se concentre menos y se pegue menos a las viviendas. Las viviendas antiguas ya tienen los problemas de aislamiento que hacen que incluso instalando aire acondicionado no refresque el ambiente. Lo que sí que se puede mejorar es la calle y crear espacios en la ciudad en los que la gente pueda estar a la sombra”.

Estas recomendaciones llegan precisamente después de una oleada de talas y agresivas podas de árboles a lo largo de la ciudad de León, incluso de la polémica más reciente con las obras de Padre Isla, donde tenían que haberse instalado 70 árboles y finalmente se plantará una veintena o las obras del denominado 'Corredor verde' de Nocedo, que muchos vecinos critican que tiene más presencia de asfalto que antes.

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