Urraca I de León... ¿¿Y de Castilla??

El busto de Urraca I de León frente al edificio plenario del Ayuntamiento legionense.

El 8 de marzo de 1126, hace novecientos años, moría la primera reina con mando total de la Europa Cristiana Occidental. Y esa reina era Urraca I de León, la hija de Alfonso VI de León y madre del Imperator Legionensis Totius Hispaniae Alfonso VII. Una monarca durante años olvidada y menospreciada por la propia historiografía española hasta que surgió en los años 80 de nuevo... en primer lugar mencionada como 'Urraca I de Castilla'.

Un apelativo que no coincidía con la realidad, puesto que el reino principal en aquella época –desde el siglo X y hasta la mitad del siglo XI– de la Corona Leonesa era el que su propio nombre indica: León. La historiografía española del siglo XX no veía con buenos ojos al Regnum Legionense, considerando que limitaba las libertades castellanas (contraponiendo la legislación leonesa positiva legislada, y pensada para proteger al más débil del poderoso, con la natural castellana con derecho consuetudinario por costumbre, que viene a ser en esencia la ley del más fuerte) y por ello decía cosas como que Fernando I (el abuelo de Urraca) era el primer rey de Castilla. Cuando el navarro jamás lo fue (sí monarca leonés al estar casado con la verdadera reina heredera, Sancha) y él mismo se intitulaba como Rey de León y conde de Castilla. Alfonso VI era de Castilla, y Alfonso VII, por supuesto, también. Los grandes popes medievalistas del siglo pasado –Claudio Sánchez-Albornoz (que fuera presidente del gobierno de la Segunda República en el exilio), Ramón Menéndez Pidal (el que marcó la historiografía en el franquismo y fue asesor de la película de El Cid de Charlton Heston y Sofía Loren) y el más importante historiador de Castilla, Gonzalo Martínez Díez– imponían su criterio a toda una generación de estudiantes que luego comenzarían a dar clase en los años 70 y 80 perpetuando estas inadecuadas adscripciones.

La cosa comenzó a cambiar poco a poco, cuando murieron los dos primeros grandes maestros, en el momento en que los propios medievalistas comenzaron a darse cuenta de que no cuadraba la documentación de la época medieval con lo de 'Castilla' para esos reyes, ya que firmaban generalmente de forma distinta... con León por delante en sus diplomas. Tanto que incluso el propio Gonzalo Martínez Díez tuvo que cambiar de opinión con respecto a Fernando I de León (aunque tardó y no lo hizo hasta 2005), reconociendo que no era así. “Podemos y debemos afirmar con absoluta certeza el hecho de que Fernando nunca fue rey de Castilla, y que esta nunca cambió su naturaleza de condado, subordinado al rey de León, para convertirse en un reino, hasta la muerte de Fernando I el año 1065”, dictó finalmente en su libro El Condado de Castilla (711-1038): la historia frente a la leyenda

¿Entonces qué se hizo en aquellos momentos, hace cuarenta años, para que el gran historiador de Castilla cediera finalmente? Pues los entonces jóvenes medievalistas comenzaron a cambiar poco a poco la definición de esos reyes indicando la primacía del Reino de León... eso sí, mencionando a Castilla en segundo lugar. Luego llegó en 1983 la Junta de Castilla y León y comenzó a financiar una nueva historia para justificar su creación y muchos pasaron a llamar a Fernando abuelo, Alfonso hijo, Urraca madre y Alfonso nieto con el apelativo 'de Castilla y León'. Ya se sabe que poderoso caballero es Don dinero.

Miniatura de Urraca I de León en el Tumbo A de Santiago de Compostela.

Pero el reconocimiento de Gonzalo Martínez Díez provocó que los ahora profesores de universidad medievalistas comenzaran a dar preferencia a otro tropo respecto a estos reyes. Fernando I quedó ya preferentemente como 'de León', mientras que su hijo, nieta y bisnieto comenzaron a pasar a ser de 'León-Castilla'. En historiografía los cambios son lentos (vienen a ser cada 25-30 años), por consenso entre los especialistas y en este caso, con León, las cosas de Palacio van despacio.

Críticas de los leoneses ante la común definición de Urraca de 'León-Castilla'

Pues bien, en los últimos días las redes sociales, sobre todo las aplicaciones de mensajería rápida de WhatsApp y Telegram, han comenzado a correr críticas feroces de leoneses indignadísimos porque en los congresos planteados por la Universidad de León ['Congreso Internacional 'Urraca, regina et imperatrix Hispaniae' del 4 al 6 de marzo] y el Consejo Superior de Inestigaciones Científicas (CSIC) en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid ['¿Quién gobernó el mundo? La reina Urraca y sus contemporáneos a principios del siglo XII', del 3 al 5 de marzo], se llama a Urraca, “reina de León-Castilla”.

De 'León-Castilla', sí. Algo muy, pero que muy común en la Historiografía española que surgió muy a finales del siglo pasado para procurar colocar a León en primacía sobre Castilla, intentando hacer justicia. Un asunto que ya comenzó a chocar en la ciudadaníoa leonesa cuando en la presentación en el Ayuntamiento de León de la gran exposición planificada en San Isidoro de León para homenajear a la primera monarca que llegó a comandar ejércitos en la Europa Cristiana Occidental se la llamó 'de León y Castilla', obviando que también lo era de Galicia: un reino mucho más antiguo y protocolariamente hablando más importante que el castellano.

Eso también se cuestionó en su momento –es reseñable la inmensa batalla que se produjo a primeros de siglo en la Wikipedia para quitar a estos reyes el 'de Castilla' con el que se les nombraba exclusivamente en su entrada, cosa que se consiguió finalmente hasta 1230 con Fernando el Santo gracias a los denodados esfuerzos de Ricardo Chao, cuyo blog Corazón de León, donde defiende al reino asturleonés cumplió también un cuarto de siglo el año pasado–, pero el peliagudo asunto es que durante todos estos próximos mesdes los leoneses van a tener que asistir a la definición de Urraca como 'reina de León y Castilla'. Así aparece en todos los medios de comunicación que no sean leoneses, los nacionales, y en las notas de prensa oficiales. También en los varios libros que saldrán publicados debido a esta magna efeméride.

Y ellos defienden que no, que era sólo de León, que es un insulto llamarla de Castilla.

Mapa de la Hispania Medieval Corona de León, sorprendentemente riguroso (salvo que Zaragoza ya había sido conquistada por Alfonso de Aragón), en el libro de Isabel San Sebastián.

¿Pero más allá de su intuición como leoneses –y de que varios autores como Isabel San Sebastián también la llamen así, considerando que era la Imperatrix Hispaniae al mando de la Corona Leonesa– qué datos tienen para afirmar eso ante los medievalistas actuales? ¿Alguien se ha molestado siquiera en comprobar estadísticamente cómo se la intitulaba en la diplomática medieval? Porque la crítica sin motivo a lo que los medievalistas han consensuado desde casi primeros de siglo tiene que estar, lógicamente, fundamentada.

Puede que enfade profundamente a los leoneses la mención a Castilla sobre la Reina Urraca I de León –muy mal llamada La Temeraria, un término misógino cuando debería ser La Indomable porque ningún hombre pudo con ella–, pero resulta que, puesto en contexto, que en la historiografía española, eminentemente castellanista, se nombre por delante a León sobre el reino castellano fue un avance de considerables proporciones. Y es así como se la llama en la Academia, por lo que lo más común es que la denominen de esa manera: o de León-Castilla o de León y Castilla. ¿Y quiénes son unos ciudadanos que no han estudiado la Edad Media como los profesores de Universidad para corregirles menospreciando su trabajo? ¿Tienen datos que confirmen que no se debería de nombrar a Castilla? ¿Y qué hacemos si la tradición historiográfica ha sido siempre así? ¿No será que si no nombran a Castilla piensan que la gente no se entera de su importancia? ¿Que diciendo sólo León creen que opacan la mejor parte de la historia medieval española que para sus escuelas es Castilla? ¿Que sin mencionar al reino castellano les van a criticar y el relato pierde potencia y ventas?

Al respecto es significativa una anécdota del escritor Juan Pedro Aparicio en la presentación hace un mes de su segundo libro de los Episodios Nacionales del Siglo XII (titulado Zafadola, que continúa la historia de Alfonso VII El sueño del Emperador en la que defiende que se pierde la primacía leonesa por la inquina del Papado) en la que contó cómo felicitó a una autora por un libro, pero que tuvo que criticarle que el personaje al que se refería no era castellano, sino leonés... y ésta le contestó que lo sabía, pero que le habían hecho cambiarlo en la editorial “porque León no vende”.

Y esta es la clave: León está tan olvidado, tan opacado que no sólo no vende, sino que como no se ha estudiado en las escuelas desde hace más de cincuenta años en España lo desconocen tanto que incluso llegan a criticar a los leoneses “que se inventen un reino como los independentistas”. Esto también influye en los historiadores. La falta de prestigio historiográfico del Reino de León, pese a ser Cuna del Parlamentarismo, obliga a nombrar a Castilla en la intitulación actual de Urraca Alfónsez para darle importancia ante la ciudadanía. Aún a sabiendas, la mayoría, de que tampoco es que sea adecuado. Pero no se puede cambiar de un día para otro sin consecuencias.

Las manipulaciones de la historiografía española

Teniendo en cuenta que el término 'León-Castilla' es positivo para las aspiraciones de los leoneses de que se reconozca la importancia crucial de su reino en la Historia no sólo en España sino de Europa y el mundo –debido no sólo a los Decreta de las Cortes Leonesas de 1188 que se adelantan al Renacimiento con la creación del estamento ciudadano en las asambleas regias que inicia el Antiguo Régimen, sino a los derechos ciudadanos (como la inviolabilidad del domicilio o el habeas corpus) que se legislaron en el Fuero de León de 1017, hace ya más de mil años, por primera vez en el planeta–, pero que no es suficiente, hay que conseguir explicar qué es lo que ha ocurrido para que cosas como estas no sean protagonistas de documentales en todas las televisiones del mundo.

En primer lugar, que la historiografía española no le diera importancia al Reino de León –cosa que llega a criticar hasta la Enciclopaedia Britannica al criticar con flema inglesa que “el reino de León, pese a lo que dice la historiografía española que lo considera atrasado y bizantinista, sí se partió el cobre con los musulmanes y creó las bases para que el Reino de Castilla pudiera terminar la reconquista”– provocó que durante siglos se creyera que la Cuna del Parlamentarismo era la Carta Magna de Juan Sin Tierra de 1215, que no dejó de ser una curia regia sólo de nobles mucho menos importante que la Curia del Fuero de León y nada comparable a las primeras Cortes Estamentales de 1188 en San Isidoro de León. Pero es que estos dos hitos legislativos no se han conocido por el público español hasta hace muy pocos años. Y aún lo ignora la gran mayoría de la población.

Estatua de Urraca de León en la plaza de Oriente de Madrid, frente al Palacio Real con el lema 'de León'.

En segundo, que la inquina sobre el Reino de León impidiendo la independencia del considerado más importante de la Hispania Medieval Hispánica, el de Castilla, ha sobrevolado los estudios medievalistas durante siglos. A lo que no ayuda que el Cantar de Mio Cid –un texto propagandístico antileonés del siglo XIII, cien años posterior a la muerte de El Cid, un Rodrigo Díaz de Vivar que en realidad era un aristócrata de alta alcurnia asturleonés que casi consigue ser monarca de Valencia y terminó siendo abuelo de reyes– ponga como los malos no a los musulmanes, que son justos contrincantes en la guerra en este famosísimo Cantar de Gesta, sino a los leoneses. Otro ejemplo es que Vellido Dolfos sea considerado un traidor por la mayoría de los españoles,, cuando para los leoneses y zamoranos fue un verdadero héroe.

En tercero, que como se dijo antes 'Poderoso caballero es don dinero'. La necesidad de la nueva Junta de Castilla y León de justificar su creación como autonomía comenzó a crear un falso 'reino de Castilla y León' que jamás existió promocionando de forma presentista en los estudios de las universidades que se estaban creando (y en las existentes) una visión presentista al promover una unión de reinos entre León y Castilla, una fusión que nunca existió, que le venía que ni al pelo para justificar la creación de una comunidad autónoma que nadie quería —con 90.000 personas saliendo a la calle en León completamente en contra– y que se impuso por 'razones de Estado'. Así, regó de dinero las universidades para crear el mito de los Comuneros e impulsar la fiesta de Villalar, además de justificar que una demarcación administrativa de nuevo cuño tenía ochocientos años de Historia. El último ejemplo es la promoción del aniversario de Fernando III el Santo (que es III por serlo de León, ya que fue el primer rey de Castilla con ese nombre) como monarca de las coronas de Castilla y de León en 2030 aprovechando el octavo centenario de ese momento, aportando varios millones de euros durante cinco años para vender la unión definitiva (que no fue tal porque hubo un rey coronado en León entre 1296 y 1300, Juan I) de los dos reinos.

La tumba de Urraca I de León, homenajeada cada 2 de enero.

Con estos mimbres, se han llegado a ver cosas en las universidades que, una vez detectadas, hacen morirse de la vergüenza al más pintado: transcripciones de documentos falseadas como libros con titulares que ponen originalmente 'reinos de Castilla y de León' citados en las bibliografías como 'reino de Castilla y León', intitulaciones regias modificadas con la excusa de que “eran medievales y no sabían lo que decían” y una falta de criterio monumental (con una buena dosis de hipocresía) a la hora de considerar que los monarcas se intitulaban de una manera concreta para decir algo de sí mismos, pero que como les viene mal para sus trabajos consideran que no es un dato suficientemente válido porque “cambiaban mucho de opinión”. Una forma de trabajar que muchas veces es también el seguimiento de lo que otros han dicho, dando por hecho cosas sin ver los documentos originales fiándose no ya de las transcripciones validadas de los mismos, sino de trabajos académicos de otros... para descubrirse posteriormente que los diplomas no decían lo que toda la tradición historiográfica indicaba.

También está la vagancia, o el dar por supuesto cosas que luego confunden a la población general. Como bien se ve en el pendón real de las Coronas de Castilla y de León aparecen los emblemas de la castellana —'de gules un castillo de oro' y de la leonesa –de plata, un león púrpura'– debido a que Fernando el Santo era consciente de que el reino protocolariamente importante era el legionense, al ser el imperial hispánico (algo que incluso Carlos V tenía bien claro, como demuestra que el emblema legionense desfile el primero por delante del castellano y el aragonés en la procesión de L'Ommegang en Bruselas) y el que más prestigio tenía; pero al haber sido primero rey de Castilla, los puso en igualdad de condiciones en lo que se llama heráldicamente Cuartelada de San Fernando.

Pues bien para ahorrarse espacio, o seguir la tradición, se indica siempre en los artículos académicos 'Corona de Castilla', cuando en realidad debería decirse 'Coronas de Castilla y de León' porque el emblema es doble (la leonesa eran los reinos de León, Galicia y Estremadura; mientras que la castellana los de Castilla y Toledo, aunque luego crecieron hasta casi diez) al igual que la de Aragón y Sicilia. Todo medievalista sabe esto, pero sigue con Castilla sólo porque se supone. El problema es que la población general no lo sabe y supone otra cosa, que la Corona Leonesa jamás existió y se ha inventado por los leonesistas. En el fondo la falta de precisión y la mala costumbre va creando monstruos culturales de enormes dimensiones prácticamente imposibles de combatir. De ahí que hay que mencionar el tropo de reina de León y Castilla para que la gente entienda lo de Urraca. Porque lo hace casi todo el mundo. De hecho, esta práctica provoca el título de una de las conferencias que más ha chocado a los ciudadanos críticos leoneses, el de una historiadora norteamericana que habla 'Urraca de Castilla y Teresa de Portugal', refiriéndose a la monarca que tenía principalmente su sede en León. Algo comprensible: ¿Cómo no se va a equivocar una anglosajona si son los españoles los que priman el término 'Corona de Castilla' por encima de todo? Criticarla por ello es injusto, porque tiene una explicación bastante sencilla a la vez que un tanto lamentable.

Una ilustración 'romanticona' de Urraca I de León.

Las vergüenzas universitarias son conocidas por todos los historiadores, por no hablar del elefante en la habitación que es el plagio de libros antiguos del romanticismo, una escuela historiografica que primaba el cuento y la leyenda para un fin político antes que la realidad. Pero es cierto que la Historia va cambiando debido a que en estos últimos cincuenta años se ha invertido mucho dinero en la investigación de nuevos documentos que cambian lo que se sabía en el siglo XX. Pero los avances se dan poco a poco. Los libros de hace medio siglo han quedado obsoletos y los de hace un cuarto de siglo comienzan a ser revisados como tiene que ser. Pero los avances de los últimos diez años, no hablemos del último lustro, no han llegado ni siquiera a la mayoría de los investigadores. No hablemos del público en general, cuyo mayor acercamiento ha sido la Historia en el Instituto, que nada tiene que ver con la realidad.

Sin embargo el auge de los podcast históricos –aquí dos de Histocast, uno de los programas más importantes en español de la divulgación histórica, uno sobre las Cortes de León de 1188 y otro sobre el Reino Asturleonés y su resistencia a la conquista musulmana– ha hecho aumentar el interés de la población general con la consecuente polémica de historiadores contra divulgadores. Y también los políticos la usan de muy mala manera para justificar ciertas ideologías actuales. La ideología, el presentismo, no debe de usarse para explicar los procesos históricos, ya que la Historia es como un viaje al extranjero del pasado y hay que explicar sus costumbres y decisiones como si de un país extraño se tratara. Pero cuando toca revisar las fórmulas historiográficas, el presentismo con Castilla por delante de León, porque es lo que todo el mundo conoce, que “León no vende” se suele obviar ampliamente en la Academia universitaria sin crítica alguna.

Los datos: cómo se intitulaba en sus documentos la reina Urraca

Una de las cosas sorprendentes es que quizás por las escuelas historiográficas preponderantes, se estudian aspectos demasiasdo constreñidos, pequeños, ya que interesa mucho en la actualidad la microhistoria, o concentrados en una temática concreta, como la Historia de Género. Que son aspectos académicos muy interesantes y de gran valor. De hecho Urraca Alfónsez, la hija de Alfonso VI, no confundir con Urraca de Zamora, la del cáliz de San Isidoro que es la hermana del rey y tía de la monarca se ha comenzado a estudiar gracias a la Historia de las Mujeres, ya que parece literalmente absurdo que no se conozca la historia del 50% de la humanidad y que se haya ignorado todo ese conocimiento.

Es decir, que las escuelas historiográficas actuales tienen mucho que aportar, pero cuando consiguen tal preponderancia que se olvidan de la foto general comienza a dar problemas y también distorsiones de lo ocurrido históiricamente. No se puede hacer uno a una idea de cómo era la Edad Media si no estudia algo de Historia del Derecho, o no conoce la Historia Comparada de los demás reinos hispánicos y Al-Ándalus en cuestiones sociales, religiosas e ideológicas del aquel tiempo. Cierto es que se ha dejado un poco de lado aquella historia de batallas y reyes que no aportaba conocimiento práctico sobre las instituciones, costumbres y la economía de los habitantes en la Hispania Medieval y justo es de reconocer que hay mucho que investigar y que a veces no hay dinero ni tiempo suficiente. Eso, pese al auge clarísimo estos años de los estudios de Historia y la cantidad de gente que ha terminado la carrera con sus trabajos de Fin de Grado o efectuado trabajos de Fin de Máster y tesis doctorales. Más los diletantes de los pueblos que recopilan ingente información para saber el pasado de su localidad. Hay mucho que investigar, pero también hay mucho que coordinar y mucho más que enfocar.

El tradicional responso por los Reyes de León en el Panteón Real de San Isidoro.

En este caso, los historiadores pueden criticar a los leoneses que se enfadan de que llamen a Urraca, 'reina de León y Castilla' (o de León-Castilla' que con qué datos pueden afirmar que Urraca no era reina de Castilla. Pues con ninguno, porque realmente lo era (y de Galicia y de Toledo); pero también podría preguntárseles lo mismo. ¿Cuántos datos estadísticos de intitulaciones de Urraca manejan los historiadores para poner el 'de Castilla' detrás de León y no Galicia o Toledo? Porque, hay que tenerlo claro. Entre 1973 y 1126, en los reinados de Alfonso VI y Urraca I, Castilla era un reino menos importante que el gallego (el Reino de Galicia era mucho más antiguo, nacido a la vez que el de León pero dependiente casi siempre de la Corte Legionense y con fuertes raíces suevas) y que el conquistado por Alfonso VI de León en 1085 de Toledo, con la capital visigoda que daba prestancia al Imperio Legionense y era el motivo político de la monarquía asturleonesa que decía ser su heredera y por tanto primar sobre los demás mandatarios en la península.

Es decir: si las reglas en Historia para acercarse al método científico es demostrar las cosas que se dicen, hay que jugar con esas normas. No dar una mera opinión como leonés, por mucha intuición y dignidad que se tenga sobre la Historia tan maltratada del Viejo Reino. En el caso de los académicos caben varias preguntas para establecer la proposicioón del problema: ¿El medievalista usa el 'León-Castilla' hace a sabiendas de cuál es el mayor número de intitulaciones de Urraca y confirmando que ella misma daba preponderancia a León y a Castilla por encima de los otros reinos? ¿O porque la tradición y los demás artículos lo dicen así? ¿Se ha puesto algún medievalista a comprobarlo? ¿A contar y a agrupar y a hacer un estudio estadístico de cuántas veces se repite? ¿Cómo prefería intuitularse a sí misma Urraca Alfónsez? ¿Cuál es la intitulación preferida de los escribas y que apruebal al reina en cada momento, lugar y a cada destinatario?

Que se sepa no. Sí hay colecciones de documentos de Urraca disponibles, que agrupan más de 200 documentos. Son —según una nota bibliográfica del primer capítulo del esperado libro de DespertaFerro Urraca, una reina en el trono de un rey de Sonia Vital Fernández, que se puede descargar en el enlace– diversas ediciones fundamentales las que las recopilan: “Cristina Monterde Albiac en su Diplomatario de la reina Urraca de Castilla y León de 1109 a 1126 (sic) publicado en1996, recopila 222 documentos, que incluyen piezas extra cancillerescas. Más recientemente, Irene Ruiz Albi, ha editado 149 diplomas pertenecientes a la cancillería de la reina en 2003. Asimismo, se encuentra el volumen de 2002 de Manuel Recuero Astray, María Ángeles Rodríguez Prieto y Paz Romero Portilla, que reúne la documentación de Urraca relativa a Galicia y abarca también su etapa previa como condesa. Por otro lado, la recopilación de Irene Ruiz Albi en 2010, recoge documentos de la cancillería condal; se diferencia de la obra anterior en que incluye diplomas expedidos para territorios fuera de Galicia, aunque únicamente en forma de regesta”. Merece la pena leer el adelanto de este libro, sobre todo por la bibliografía del primer capítulo para seguir ahondando en la figura de Urraca, a la que Vital denomina 'de León y Castilla', superando poco a poco el tropo de 'León-Castilla' que tan poco gusta a los leoneses.

Las distintas intitulaciones de Urraca Alfónsez: números y porcentajes de 73 documentos

Pues bien, hasta ahora nadie –que se sepa– había efectuado el trabajo estadístico que puede demostrar, con datos de número total y porcentuales en grupos de titulaciones regias. Así que ILEÓN, basándose en un listado de diez diplomas realizado en 2004 por la medievalista Margarita Torres Sevilla y de otros 68 transcritos en el Trabajo de Fin de Máster de Alejandro Colinas González 'La Reina Urraca a través de las fuentes históricas. El nacimiento de un estigma real' de 2018, ILEÓN sí ha efectuado un primer acercamiento para establecer la conjetura de que la importancia de Castilla no era tal para la reina Urraca.

De los diez diplomas aportados por Torres Sevilla, dos son coincidentes con los 68 de Colinas González. De éstos, tres no se refieren a Urraca en funciones regias, con lo cual quedan 73 diplomas para revisar. En total se pueden ver 79 intitulaciones distintas en estos documentos, de los que hay que tener en cuenta que son para ciertos destinatarios y la propia reina tiene interés en denominarse de cierta manera concreta dependiendo de quién sea el receptor –monarca, noble, eclesiástico o del pueblo– y la intención del mismo diploma, que puede ser una donación, una concesión de derechos, o un reconocimiento, por ejemplo, a su marido Alfonso de Aragón para apaciguar la virulencia contra ella por no sentirse justamente tratado como el Rey de León que creía ser.

Libro de la Reina Urraca de la editorial DespertaFerro.

Así, de todas ellas se puede extraer que hay varios grupos de intitulaciones. Y aquí viene la primera sorpresa. Ni León ni Castilla son las principales. La más común, en 29 ocasiones se nombra como Reina de Hispania (Yspaniorum regina, Hispaniorum Regna, Tocius Hispaniae Regnante, y demás variaciones), y la segunda, con 22 en número, simple y llanamente como 'reina' a secas (como Urraca regina, Urraka Regna y demás variaciones).

La tercera intitulación es León. Con 15 ocasiones. Así que prima León sobre los demás reinos. En concreto se nombra Reina de Toda Hispania en el 36,7% de las ocasiones, reina a secas en el 28% y Reina de León en el 19% de las intitulaciones. Destaca que en la colección de los diez documentos de Margarita Torres, el porcentaje es abrumador en favor de León: en siete de las doce intitulaciones menciona a Legione. Y sólo en dos a Castilla, siendo una que no se refiere al reino, sino un diploma de 1118 que versa: Regnante regina Hurraka in Legione [...] comide domno Pedro in Kastella' (que viene a decir que reina ella en León y tiene conminado como conde de Castilla a Pedro González de Lara). Se intitula dos veces reina de toda Hispania y en tres diplomas menciona que es reina de León y de Castilla, de León y de Galicia y de 'León y su hijo Alfonso está en Toledo'. Es decir, en cuatro dice que lo es de León en solitario. El que falta es 'reina (a secas) en su tierra'.

Veredicto: hay que seguir investigando, pero va ganando (por mucho) León

¿Entonces si la primera colección ya indica que León tiene primacía? Y es la tercera intitulación de las 79 de las dos revisadas... ¿Qué pasa con Castilla? Pues vamos a los porcentajes: las siguiente intitulación importante en protocolo es son 3 veces Imperatrix Hispaniae (3,8% de las veces), 3 veces reina de Toledo (3,8% de las veces y ojo, nunca se intitula así en solitario, siempre con León delante), y 3 veces (3,8%) reina de Galicia y siempre acompañado de León delante.

¿Y Castilla? De 79 intitulaciones se nombra 4 veces (un 5% del total) y de esas nunca en solitario. Siempre con el León delante.

Los datos parecen contundentes en favor de León. Extremadamente y sin lugar a dudas.

Pero no es tan así, en un estudio histórico estaríamos sólo en el nivel de hipótesis, al tener pruebas de que la proposición y conjetura son válidas al tener pruebas documentales de que la reina parece preferir León sobre los demás reinos de los que es propietaria. Pero para efectuar una tesis definitiva habría que estudiar todos los documentos disponibles y en esta ocasión sólo se ha revisado una tercera parte. Y, además, esto hay que criticarlo siguiendo el método científico: porque la mayoría de las colecciones revisadas, al menos las de Alejandro Colinas están en el ámbito más leonés: la Catedral de León (de donde, por cierto, están las tres únicas intitulaciones como Imperatrix Hispaniorum, y no hay que tomárselo como si fuera una emperatriz con un poder inmenso como la zarina Catalina la Grande, sino una primus inter pares de los demás reyes de la península, como si fuera la que establece los arbitrajes entre todos ellos), San Isidoro y la Abadía de Sahagún.

Y esta crítica es adecuada porque pese a lo que piense el lector leonés de que ha ganado la partida, en estas cosas parecer tener razón no sirve de nada. Resulta que la mayoría de las veces las intitulaciones se hacen de forma distinta dependiendo del lugar en que se redacten. Es decir, lo lógico es que los documentos gallegos, Urraca firme primero como reina de Galicia (o así lo redacten los escribas, que son de allí y dan preponderancia a lo suyo); lo cual quiere decir que posiblemente los documentos de Castilla sí hagan primacía de los territorios castellanos y en Toledo igual.

También hay que tener en cuenta otros detalles, como que los documentos que nos hayan llegado a la actualidad no estén interpolados (con añadidos interesados si son copias) o directamente falsificaciones. Es decir, que es probable que en los documentos revisados por ILEÓN alguna mención a Castilla no sea real, ya que en varios diplomas la reina tiene que compartir sus reinos con Alfonso I de Aragón, el que la maltrataba, y su hijo Alfonso: que tampoco es que la tuviera tras su muerte en una buena estima ya que casi efectuó con ella una especie de damnatio memoriae, una política de olvido de que una mujer reinara.

Es decir, que es improbable que la mayoría de las intitulaciones, las de León, sean falsarias, y sí que las castellanas lo sean, debido a la importancia que cogió el reino castellano tras el siglo XIV hasta opacarlo todo. Y todo el mundo sabe que demostrar en un juicio ciertas cosas con documentos muy antiguos convenientemente retocados al interés del poseedor es algo más que efectuado incluso en la actualidad.

Vamos, que parece que con los datos encima de la mesa comienza a ser momento de eliminar la referencia a Castilla de la intitulación de la Reina Urraca, y que los historiadores comiencen a colocar y prestigiar en su justa medida al Reino de León para darle tanta importancia como se le debe por sus avances legislativos y asamblearios en todo el mundo.

A falta de investigar el resto de documentos, la hipótesis principal queda, con las pruebas expuestas y los números estadísticos, como Urraca I de León claramente. No parece que tenga lugar a dudas. Pero hay que tener paciencia, porque la historiografía no cambia de la noche a la mañana y mucho menos se va a conseguir molestando y criticando ferozmente a los historiadores que lo único que hacen es seguir sus costumbres. Afortunadamente las viejas glorias dejarán de ser catedráticas eméritas y no podrán volver a colocar el mantra de “castellanoleonesa” sobre alguna política o circunstancia o iglesia común (obviamente no se dice esto sobre la gallega ni sobre la toledana ni la asturiana, así que debería ser iglesia leonesa e iglesia castellana y no ceder al sonido de las monedas de las autoridades políticas), ni a coordinar al gusto de los poderes fácticos los congresos eligiendo a quienes de forma más presentista ajustan la realidad de la antigüedad a intereses del presente.

Es lícita la preocupación de los leoneses de que no se está contando bien la realidad de la historia de su tierra, pero también hay que demostrar la intuición que se tiene con datos, más si se está intentando corregir a historiadores con tradiciones arraigadas en sus estudios: sólo los números contundentes pueden cambiar ciertas injusticias del pasado

Así los nuevos investigadores podrán cambiar la fórmula de denominarla en la Historia en España, siempre que se les comentan estos datos de una forma educada y con la preocupación de que igual no se está contando bien la realidad; en vez de poner el grito en el cielo por mucha intuición que se tuviera sin conocer los números y las circunstancias de cómo llamaban y se llamaba y firmaba preferentemente la Reina Urraca. El ciudadano indignado puede ser muy molesto y provocar con sus propuestas ignorantes (porque no conoce los documentos) una reacción en contra que ralentice el cambio de denominación hacia una monarca primada legionense sobre toda Hispania.

Cuadro de la Reina Urraca I de León, del siglo XIX.

Datos que, hay que tener en cuenta y ser honestos, que de esto va la investigación científica, que todavía necesitan una revisión final para comprobar si León mantiene la primacía también en las intitulaciones de los territorios galaico-portucalenses y los castellanos-toledanos, que son las dos terceras partes de una Corona Legionense que tenía esas tres patas principales en su propia esencia desde el Reino de los Astures iniciado por Pelayo.

Desde luego el nonacentésimo aniversario de la muerte de esta gran reina cristiana leonesa es el momento para intentar convencer con esos aparentemente contundentes datos a la Academia Universitaria de la necesidad de hacerlo así, porque lo de Castilla queda claro que es tan ínfima su relevancia diplomática con estos resultados que no se sostiene mencionarla si no es por una cuestión de tradición que nada tiene que ver con lo que pensaba la misma monarca.

Sería buena cosa dejar claro que es Urraca Reina de León a secas (como ella parece que se consideraba principalmente). Y es hora de cambiar eso vistos los datos a priori que se han mostrado tras una revisión de 79 intitulaciones, como también para retirar el misógino epítote de La Temeraria (no es valiente quien hace temeridades, precisamente, y además este apelativo no se sabe de dónde salió porque no es contemporáneo de la reina emperatriz de León) y comenzar a llamarla, como poco, La Indomable.

Eso si no entramos en el melón de llamarla Reina de Hispania...

...que ese es mucho más difícil todavía de que siquiera se plantee en estos extraños tiempos que corren en la actualidad.

Jesús María López de Uribe es Licenciado en Ciencias de la Información y divulgador histórico. Cursó los cursos de Doctorado en Historia y sus Fuentes en la Universidad de León.

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