Juan Pedro Aparicio: “El Reino de León pagó con el olvido enfrentarse al Papa por ser el Imperio de las dos religiones”
León es tierra de paradojas. Una de ellas es que siendo una de las tierras más feraces en cuestión de escritores, país de filandones donde las gentes son expertas en contar historias, ha perdido el relato histórico. Como si fuera un lugar imposible de contar, donde los relatores no son capaces de contar su realidad a los demás y se hayan tenido que centrar en lo fantástico y legendario para que a los leoneses les hagan caso.
Pero no todos continúan por ese camino literario, o sí, pero aprovechando esa capacidad de contar historias para revelar la verdadera historia de un Reino, el Legionense, crucial en la Historia de España y de Europa –y, por tanto, del mundo– a las generaciones futuras. Este es el caso de Juan Pedro Aparicio (León, 1941), uno de los muchos escritores de la escuela leonesa tan reconocida en España en el tránsito del siglo XX al XXI. Un literato reconocido ya hace más de cuarenta años tras haber sido finalista del Premio Nacional de Literatura en 1987 por El año del Francés y Premio Nadal al año siguiente por Retratos de ambigú.
Conocido principalmente por su faceta de novelista, también ha sido un gran relator de historias cortas –su primer reconocimiento literario fue ya a la edad de Cristo en 1974 al conseguir el Premio Garbo de Novela Corta por el cuento El origen del mono– y articulista de prensa, escritor de viajes (su Transcantábrico, crónica de un viaje en el tren 'hullero' de 1982 inspiró la puesta en marcha del tren turístico con el mismo nombre en la antigua Feve) y ensayista, faceta en la que consiguió su último reconocimiento en 2016 con el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos por Nuestro desamor a España: cuchillos cachicuernos contra puñales dorados.
Precisamente este ensayo se entronca con uno de los temas fundamentales que el propio Aparicio comentó el pasado viernes en la presentación de la segunda entrega de sus Episodios Nacionales del Siglo XII (Zafadola. Espada de la Dinastía) en el Auditorio del Ayuntamiento de León, que es “la incomprensión de que se haya olvidado al Reino de León de la Historia de España”. Algo que marcó uno de sus primeros escritos de pensamiento ya en 1981, Ensayo sobre las pugnas, heridas, capturas, expolios y desolaciones del viejo Reino, que constituye la base de un runrún intelectual que le ha llevado siempre a intentar desfacer lo que considera “una verdadera injusticia”, llegando a ser comisario de la Conmemoración Estatal del 1.100.º Aniversario del Reino de León en 2010.
Con estos mimbres, no es de extrañar que sea uno de los pocos literatos que haya sido capaz de saltar del mundo imaginario a intentar relatar la realidad histórica del Regnum Legionense. Más bien de aprovechar su capacidad de inventar mundos para contarlos. En su mayoría de edad literaria, en el albor de su vida, reconoce que ha tenido la necesidad “de contar esta Historia del Reino de León para los que vengan detrás”, explicando “por qué se ha querido ocultar en la Historia de España” y aquí está el germen de sus 'Episodios Nacionales del siglo XII' que comenzó con El sueño del Emperador hace dos años, apoyado por la leonesa Eolas Ediciones.
Una trilogía convertida en pentalogía por 'Zafadola'
Este viernes 17 de enero de 2026 Juan Pedro Aparicio presentó en León –acompañado por Marta Prieto Sarro y su editor, Héctor Escobar– la segunda parte de esta aventura literaria en la que se ha sumergido en los últimos años de su carrera. “Una novela inesperada, con la que no contaba, y que ha provocado que lo que pensaba que iba a ser una trilogía se convierta en pentalogía, pero que es de un personaje crucial para explicar por qué se combatió tanto desde Roma la idea de Alfonso VII de León, el Emperador, que se intituló 'de todas las religiones'; lo que provocó este injusto olvido del reino leonés”, explicó al público.
Esta segunda entrega es Zafadola, espada de la dinastía, centrada en un personaje musulmán de la dinastía de los Banu Hud de Zaragoza. Zafadola (Áhmad al-Mustánsir Sayf al-Dawla) era un noble andalusí, señor de Rueda de Jalón, hijo de Abdelmálik (último rey taifa de Zaragoza) y fiel vasallo de Alfonso VII de León, cuya figura muestra el camino de la comprensión y empatía por la igualdad de las dos religiones en Hispania que se perdió definitivamente por la oposición de la Iglesia de Roma. Una oportunidad perdida que siempre fue una apuesta de la monarquía leonesa y que llevó finalmente a la perdición y el olvido de la Corona Imperial Leonesa.
Presenta la segunda parte de los 'Episodios nacionales del siglo XII' centrados en el reino de León. ¿Este proyecto es una historia literaria del Reino de León?
Bueno, no. No es exactamente eso, aunque si el Reino de León protagoniza los libros es porque en el siglo XII es el reino predominante; desde el punto de vista cristiano sin ninguna duda. Y desde el punto de vista musulmán, como reino independiente, también es el más importante, porque los demás son taifas. Es decir, que no es que yo haga una Historia de León y sino que al relatar la historia del siglo XII lo más relevante, lo más importante, es el Reino de León.
¿Y con esta segunda novela, 'Zafadola', qué quiere contar?
Zafadola es el aliado de Alfonso VII de León, el Emperador de toda Hispania. Y hay que precisar que no es que sea una segunda parte cronológicamente, sino que es algo extraído de la acción de una parte de El sueño del emperador que merece tener un primer plano. No lo tenía previsto así cuando lo imaginé todo. Pero tiene tanta fuerza, que me pareció importantísimo el dedicarle un tomo. Y es el aliado ideal del emperador Alfonso VII. Pretenden construir una España que respete las dos religiones predominantes. Y que tenga una convivencia. Ese era el proyecto político. Por eso ese proyecto es ucrónico, o sea, está fuera del tiempo en el que aquellas personas viven. Todo lo que le rodea va en contra de esa idea de una política para las dos religiones. Por eso ese proyecto que es una utopía, provoca que el Reino de León pues lo pague.
¿Cómo lo paga el reino de León? ¿Explica eso que este reino tan importante para la Historia de España, de repente resulte que a día de haya gente en España que critica que nos lo hemos inventado los leoneses?
Lo paga con su debilidad posterior. Es una debilidad inducida de fuera. No conviene a la política exterior, a la a la política internacional, no conviene eso. Está rodeado de, por un lado, el papado y Francia con sus monasterios benedictinos que no comparten esa política. Y por otro lado, el islamismo africano. No el español, el africano; que viene aquí primero con los almohades –que esos sí que invaden– y luego con los almohades que también invaden y no la invasión esa árabe de la que se habla del siglo VIII, no, no. Esos posteriores sí que invaden porque ellos vienen con su religión también muy fanatizada. Un poco como los cristianos franceses o del Papa, y también los demás reinos peninsulares, vasallos del señor de Roma. O sea, se juntan dos temperaturas muy cálidas religiosas y chocan. Y en el medio está el Reino de León con su aliado Zafadola, que tiene una idea también muy templada de la religión y de la convivencia. Eso es en esencia y ahí lo bonito, lo que yo he reconstruido: la vida de este personaje de la que se sabe muy poco; y eso es la parte novelesca, sin traicionar los datos que conocemos, porque es muy importante su figura.
El rigor en la novela histórica
En el encuentro con un entregado y admirado público leonés, se cuidó mucho, –desde la presentación del autor por parte de Marta Prieto–, de indicar claramente que la novela histórica es algo especial, que no es Historia: “Es verdad que la novela tiene mucha ficción, porque la novela tiene que ser ficción. Creer que una novela histórica tiene que ser solo historia es un error, para eso están los historiadores que cuando son buenos lo hacen muy bien. Y en cambio los historiadores habitualmente no escriben novelas”, indicó Aparicio. Pero en este tipo de obras el rigor histórico es fundamental para contar una historia en un momento determinado, para crear unos personajes que interactúen con credibilidad en un mundo del pasado“. Una explicación reveladora de que esta literatura es como contar un viaje al extranjero de la memoria.
Él mismo reconoce que “se llama novela histórica a cualquier cosa y son novelas de aventuras, pero no son históricas”. “La novela histórica tiene que respetar aquello que esté acreditado documentalmente, no por otros historiadores que pueden ser ideólogos también y que defiendan su ideología, sus opiniones. Lo que usted ha acreditado incuestionablemente”, considera. “Yo eso creo que lo respeto”, juzga de sus dos últimos trabajos novelados como 'Episodios Nacionales del siglo XII'.
Entonces para hablar de esto con rigor hay que preguntar por qué el Reino de León prácticamente queda 'condenado' en ese momento que es su máximo esplendor. ¿Qué ocurrió? Porque es el único Imperio que hubo proclamado en la península ibérica como tal y a la muerte de Alfonso VII, en 1157, se separan Castilla y Portugal; y queda en la mente de todos como el reino malo de la Hispania Medieval...
El Imperium Legionense empieza con Alfonso VI, sigue con su hija Urraca, y continúa con su nieto Alfonso Alfonso VII. Y se proclama uno con más fuerza que otros, Alfonso VII como “emperador de las dos religiones”. Y él tiene como aliado a Zafadola, que pertenece a una dinastía, la de los Hud, que es de Zaragoza; y que es la que crea el palacio de la Aljafería, que allí sigue y es lo más interesante, yo creo, que hay en todo Aragón. Y eso que hay muchísimas cosas, pero es un palacio digno de lo que ha dejado el islam de Al-Ándalus. Y además eran gente de una cultura exquisita, tanto en lo fino como en lo intelectual. O sea, eran astrónomos, eran médicos, eran poetas... era una sociedad muy culta. Pero este hombre, Zafadola, tiene que abandonar Zaragoza porque la conquista primero el rey de León —por eso el escudo de Zaragoza es un león: es el león de León–, pero el Papa le obliga a dejarla. El pontífice del Vaticano buscó que todos los reinos que no eran León en la península fueran sus vasallos. El condado de Portugal se hace reino, separándose del Imperio Hispánico de Alfonso VII con una transacción y con el apoyo del Patriarca de Occidente haciéndose vasallo de Roma. El Papa era como el Trump de hoy, o sea, hacía y deshacía. En fin, él tenía la fuerza de la religión, es así. Para entenderlo creo que el ejemplo no es muy muy desencaminado. O sea, porque hay que entender que como, desde luego, Maduro no se ha ido por su propia voluntad y se lo han llevado... el Imperio de León no se deshace por su propia voluntad. Se descompone porque hay un Trump de la época que obliga a deshacerlo. Y es muy fácil de entender cómo eso fue posible porque el siglo XII es el siglo de las Cruzadas y del cisma cristiano. Es decir, en el siglo del conflicto total con el otro al que hay que o convertirlo o exterminarlo, que haya en España un imperio local –porque no pretende apoderarse ni de Europa ni de España, pero pretende ser un imperio de todo el mundo ibérico– que se proclama de las dos religiones, pues eso provoca escándalos y una hostilidad que se pone en marcha y que hace que se debilite el reino. Todo va en contra de León. De un modo astuto, a veces no por la fuerza, utilizando todo tipo de cosas en lo ideológico y religioso; pero no un ejército. No lo necesitan. ¿Me explico?
La idea impuesta de Castilla para explicar España
El haber recibido el Premio Castilla y León de las Letras en 2012 por su carrera no le ha impedido proclamar la necesidad de un reconocimiento mayor para la Región Leonesa en forma de autonomía. Pero es un tema del que no quiere hablar demasiado en las entrevistas, ya que quiere centrarse en su trabajo literario. Sin embargo, es importante para Juan Pedro Aparicio dejar claro que hay una idea impuesta de Castilla para explicar España que es tremendamente perjudicial para su historia. Es lo que denomina Castispaña.
Para entender esta entrevista bien, hay que indicar una cosa crucial que la gente normal no suele saber: en la época que se trata, el siglo XII, tanto la religión musulmana como la cristiana en Hispania son bastante distintas de la romana y, digamos, abasí. Un ejemplo de ello, es que los propios musulmanes ibéricos aquí bebían vino hasta que llegaron los almorávides y los almohades. “Sí, sí, sí”, confirma el escritor en la cnversación.
Y por la otra parte la cristiana, se produce por parte del Papa Alejandro II una proto-proclamación de cruzada en Aragón, en Barbastro, que, cuando llegan los caballeros franceses, empiezan a masacrar a sus pobladores andalusíes. Y los españoles les recriminan espantados lo que hacen, porque consideran a los musulmanes tan hispanos como ellos pero de otra religión. Entonces, ante esa resistencia mantenida en el tiempo por el Reino de León a matar a los que profesan la religión islámica y buscar integrarlos –y tampoco sin olvidar que el reino asturleonés que se considera heredero de los godos tiene un rito propio, el hispano-visigodo, que es ortodoxo y no católico–, el poder de Roma trabaja en ir deshaciendo el prestigio imperial legionense promoviendo la separación de Portugal, de Castilla, y dándole preponderancia a Aragón, y esto va provocando que se le aísle y considere al reino leonés como el malo de la película.
¿Un ejemplo de las maledicencias contra la Corona Imperial Legionense podría ser el 'Cantar de Mio Cid', donde los malos no son los musulmanes, considerados grandes contrincantes pero con honor, sino que lo son los leoneses?
Sí, bueno, naturalmente, aunque eso ya es posterior, eso sí. Castilla es un poco como el pegamento o pretende serlo de toda España. Entonces, ahí meten todos los elementos, los que sean, falsean lo que haya que falsear. Es Castilla y la religión católica. Yo que estudié en tiempos de Franco en aquellos momentos se reflejaba muy bien ese tipo de ideología: nos decían que España era una 'unidad de destino en lo universal'. Y cuando le preguntábamos al profesor: “¿Y qué es el destino de España en lo universal? Contestaba: ”La defensa de los valores espirituales“. Y cuando le preguntábamos cuáles eran esos valores espirituales, decía: ”Los de la Iglesia Católica“. Pues eso que llegó hasta Franco ha atravesado desde el siglo XII, e incluso antes todos nuestros siglos, con los que España se ha constituido con ese material. Y ahí León no tenía sitio. Es decir, digamos que de alguna manera lo ha tenido, León se ha incorporado a todas las empresas de España y tal; pero de algún modo ha pagado un pecado original, porque León dejó instituciones importantísimas que están todavía en nuestra memoria leonesa y en de las costumbres que todavía se practican del imperio aquí. Pero no las recuerdan en España.
Nosotros los leoneses no somos visibles. ¿Pero si parece que esto de los Decreta de 1188 es una cosa que se supo antes de ayer, no? Pues yo ya lo sabía porque lo había leído en autores españoles de principios del XX, que lo tienen escrito en libros muy serios
Una cuestión que el literato amplió en la presentación del libro este viernes en el Auditorio del Ayuntamiento de León: “Hay un episodio en el Cantar de Mio Cid donde se escapa un león y los infantes de Carrión, que hacen de leoneses que se van a casar con sus hijas –y que los ponen como unos maltratadores de mujeres–, cuando se escapa el león, huyen. Y el Cid, que dicen que es castellano –porque estaría por ver dice el cantar de gesta– 'pues torea al león y lo mete en la jaula'. Y yo me dije, pensé: 'Caray, esto puede ser simbólico'. Esto, en el momento que se escribe hay un pique tremendo entre León y Castilla. Y esto para la audiencia de la época puede significar que 'León ya lo tenemos en la jaula' y que el Cid, que es el héroe castellano –¿Que por lo visto no era castellano, eh?–, pues lo mete entre rejas. Eso yo lo he leído en un historiador de alto copete años después. ¿Tú crees que dijo que había leído algo de las pugnas entre leoneses y castellanos? Yo nunca había leído este episodio de esta manera. Pues estaba ya en la historiografía, o sea que siempre te ocultarán esta forma de ataque propagandístico. ¿Por qué? Porque perteneces a otro, a la chusma. Al enemigo de Castilla entonces. Que nos riamos de eso del león, porque no lo sabemos interpretar a día de hoy, indica cómo se ha tratado a lo leonés en España”.
Pero es que el pegamento de verdad es el legal y éste lo desarrolló León con sus Fueros, Derechos y Cortes.Y lo han hecho desaparecer de la Historia española... ¿Cómo es posible?
Sí, sí. Es que España ha ido por otro lado. Así como en Inglaterra que hacen una una carta magna que no ni se parece nada a la ambición y la extensión que tenían nuestros Decreta de 1188, y sin embargo ellos por su trayectoria posterior a lo largo de los siglos pues la reconstruyen y ahora venden que son los padres de la democracia. Es que la Historia se escribe así también y en la mente de la gente también queda eso; y nosotros los leoneses, pues no somos visibles. ¿Pero si parece que esto de los Decreta es una cosa que se supo antes de ayer, no? Pues yo ya lo sabía, porque lo había leído en autores españoles; pero en autores del siglo XX, de principios del XX, que lo tienen escrito en libros muy serios. Y sin embargo, nadie lo decía. Pareciera ahora que es un descubrimiento de la Unesco. En fin. Esto es el papanatismo español por una parte y el leonés como español también, claro. Nos lo tienen que decir desde fuera para que lo asumamos; pero vamos, eso ya no: yo creo que esto de las Cortes de León es una semilla para iluminar, para que la gente sepa y se entere de cómo surgen las cosas; pero yo no puedo darlas ya con una opinión muy sesgada. O sea, es necesario que piense la gente por sí misma.
Pero el maltrato a León, ocultando cosas como la Cuna del Parlamentarismo hasta hace nada, es evidente en la actualidad. ¿Cómo se explica después de haber dado tanto al mundo?
Es que España ahora mismo, esta España de las autonomías, pues no está bien hecha. Yo creo que el error más grave es, pues, que León no sea una autonomía. O sea, es que es algo asombroso, ¿no? Porque además que León no sea una autonomía pues dice también muy poco a favor de Castilla y del peso específico de Castilla en la construcción de España, porque si necesita de León para que se note lo que ha hecho, es que ha hecho poco. A lo mejor es que lo que ha hecho pues no tiene mucha entidad, es más bien propaganda, ¿no? ¿O sea, qué significa que necesites de León para ser algo? León no necesita de Castilla para ser en la Historia, digo. La verdadera Castilla no sé cuál es. Yo creo que no lo saben ni ellos. Es decir, la Castilla posterior a León es un invento de la historiografía española. Yo he escrito un ensayo y a este invento lo llamo Castispaña. ¿Por qué? Porque es que, claro, se basan en contar la Historia de España con una esencia predominante de Castilla. Pero eso no funciona: en Cataluña no funciona, en Aragón no funciona, en Andalucía no funciona... Castispaña no funciona, porque si es Castispaña no es España. Entonces, encima a León nos ha convertido además en ese trozo, erróneamente perteneciente a Castilla, en que no somos nada.
¿Y qué opinión tiene de que la Junta se vaya a gastar unos millones de euros en hablar de la supuesta 'unión de Castilla y León' hasta 2030?
Lo he escrito en una tribuna en el en el Diario de León, o sea, que ya está contado: me parece un disparate. Se olvidan de que Galicia, parte de Extremadura, Portugal, era León. León no era sólo el 'León, Zamora y Salamanca' como algunos creen después de la división que hizo Javier de Burgos en 1833. El corazón de León era astur, sobre todo lo que hoy es Asturias y León, y Zamora.
Una motivación vital por defender lo leonés en España
La entrevista como tal –por telefóno, en días previos a la presentación, y que corresponde exclusivamente a las preguntas y respuestas en un sólo párrafo, y no a los intermedios en el que se intenta explicar la situación histórica de León por parte del entrevistador para avanzar en este perfil de un erudito preocupado por el maltrato ideológico a su tierra–, acaba aquí siguiendo una conversación de actualidad que no tiene que ver con la novela. Aparicio no se siente cómodo con las coordenadas políticas actuales, y lo hace notar: su objetivo es simplemente hacer respetar la Historia que realmente ocurrió y que se sea justo con León.
Pero al entrevistador le puede la curiosidad y accede a la tribuna a la que se refiere el escritor (que se puede leer íntegra pinchando en el enlace previo del texto, dos párrafos más arriba), de la que cita: “Tanta fe merece recompensa. Por eso se han mostrado más que dispuestos a celebrar no cuarenta años de autonomía, sino ochocientos. Y conmemorar nada menos que el año 1230, fecha en la que, según ellos, León y Castilla decidieron unirse en santo matrimonio. ¡Qué hermosa continuidad! Somos, dicen, la autonomía más grande de Europa… y la más antigua. Más extensa que Portugal y más longeva que el mismo Reino Unido. No tenemos trenes, pero tenemos siglos”. Destacando además: “La propaganda autonómica suena a epopeya: 'Ochocientos años de unidad'. Habrá que añadir: 'Y de desconcierto'. Porque en esta autonomía tan vasta caben todos los acentos, pero no todas las almas. Los castellanos, satisfechos; los leoneses, desolados. La unión perfecta: uno pone el nombre y el otro la herida”.
Con estas heridas –ya avisadas en 1979 en otra tribuna en El País, titulada 'La autonomía leonesa: entre el desconcierto y lo inevitable' (parte 1 y parte 2)– no es de extrañar que Juan Pedro Aparicio esté dedicando sus últimos años de carrera literaria a novelar estos 'Episodios nacionales del siglo XII', para dejar a la posteridad una explicación que sirva como bálsamo no sólo a la Historia de León sino a la de España.
Porque este país no se puede explicar, ni comprender, sin las aportaciones leonesas en Derechos Ciudadanos, entendibles desde el punto de vista de un reino aglutinador mediante el parlamento de la palabra, los derechos ciudadanos de sus Fueros y la comprensión empática de las diferencias religiosas y culturales de sus diversos pueblos integrados en igualdad con la jurisprudencia legal que les haga justicia. En contraposición a la imposición por la fuerza del Derecho Consuetudinario castellano, justificado por el poderoso que unifica en ordalía a todos los demás pueblos hispánicos en una identidad que no identifican de corazón y que pretende sustituir (y ocultar así, haciéndola desaparecer) la suya propia.
Por eso, el entrevistador también acudió a la presentación, del libro en el Ayuntamiento de León, en la que pudo escuchar de una forma más cómoda para el escritor sus motivaciones. Y se quedó reflexionando sobre esto que le respondió a la pregunta de si con el desconocimiento de León por parte de los españoles no pensarían estos que más que novela histórica la entenderían como fantástica: “Sobre la ocultación de León, yo ya he publicado en las editoriales nacionales de más difusión. Y ahora poquito me veo en ellas. Ahora me he vuelto a León, a publicar aquí por muchas razones, pero esto explica muchas cosas. Leí un libro de historia que me pareció estupendo. Y le hice una reseña en revista de libros muy larga, en la que destaqué que en el título tenía la palabra Castilla cuando el personaje principal era alguien que no se debía adjudicar a Castilla. Pues hay que ser riguroso y critiqué eso, que no era tanto Castilla como León. Y yo lo dije. Se lo reproché. ¿Sabes qué me contestó la autora? De la que no diré el nombre: 'Cambiaron el título porque me dijo el editor que León no vende”. Y esto es lo que pasa, que León no existe“.
“Ese olvido no es superior a la carga histórica que tiene León. Seguro que no, pero en España no existe. Y ahora además desde donde se nos gobierna se trata de que no se vea. Ya lo poco que se veía se trata de ocultarlo más, porque lo que quieren es que se vea otra cosa. Y eso incide en todo. Incide en lo que escribe la gente: también hace que se decida por una cosa o por otra. Yo me he decidido por el suicidio [suicidio literario, se supone]. Otros se deciden por el triunfo. Es así. Claro. 'Suicidio editorial', quiero decir; porque yo escribo para la posteridad ya”. Para revelar a continuación que para estas novelas sobre el Reino de León, había obviado las editoriales nacionales, porque no confiaba en que se lo publicaran, y había preferido hacerlo en la leonesa Eolas.
Así se explica que un gran escritor como él utilice su experiencia al final de su vida en crear personajes ficticios en una época histórica contada con rigurosidad para superar el mito y la leyenda en busca de encontrar ese camino que tanto cuesta transitar para contar la realidad de León con honestidad y buena pluma. Mirando al pasado para comprenderlo en el futuro sin leyendas pero con verdades. No es cosa de política tanto como de corazón. El que necesita España para entenderse y respetarse realmente a sí misma.
Y, de paso, hacer justicia con León.