2026, el noveno centenario de Urraca I de León: la reina indomable que los hombres menospreciaron llamándola 'temeraria'
Temerario es aquel que no tiene miedo, que se lanza al ataque sin pensar en las consecuencias. No es precisamente valiente –ya que ese es el que supera el miedo y hace lo que tiene que hacer en un acto supremo de responsabilidad–, sino que más bien se refiere al alocado imprudente que no piensa, que no tiene cabeza y que con su actitud irresponsable e insensata apuesta todo por buscar la gloria sin pensar en que puede ser un peligro para integridad y todos los suyos que le acompañan.
Que a la primera reina privativa (con poder absoluto) de la Europa Cristiana occidental en el siglo XII, Urraca I de León (de 1109 a 1126), le pusieran el apelativo La Temeraria no es, como cree la gente hoy, algo positivo. Todo lo contrario, es muy negativo: producto de la misoginia imperante en la Edad Media y en la Moderna (y hasta en la actualidad) con intención de vilipendiar arteramente su Gobierno por el único y mero hecho de “ser mujer”. Un '¿Cómo se atreve?' de libro.
Temeridad es precisamente un osado atrevimiento fuera de lugar. Y ese fue el gran problema de Urraca: que se atrevió a enfrentarse a los hombres y éstos, enormemente agraviados porque para la mentalidad de la época era todo un atrevimiento que una mujer mandara sobre ellos, la tildaron de insensata . Más aún cuando se enfrentó con las armas a su segundo marido, el rey Alfonso I de Aragón (al que terminaron llamando el Batallador por su efectividad en el campo de batalla) que se sabe que la pegaba y maltrataba en un matrimonio tóxico que terminó como el rosario de la aurora con la reina leonesa plantándole cara en el campo de batalla.
Es precisamente en el momento en que el Papa disuelve su matrimonio por consanguinidad (la mejor forma de divorcio en la época para terminar un enlace que era un completo desastre) en el que la hija de Alfonso VI toma el mando completo de su Corona Leonesa y se convierte en la primera reina frente a un ejército en la Europa Cristiana Occidental. Fue en el año 1114, el sexto de su reinado; que duró hasta su muerte en 1126. Ni aún así la dejaron de vilipendiar.
Una familia disfuncional del Juego de Tronos Leonés
Urraca pertenecía a una familia real que desde los tiempos de su antepasado Sancho I el Craso vivía en una conspiración constante contra los monarcas leoneses. De hecho este rey –que fue destronado por su gordura [lo que significa Craso, gordo] y volvió al trono tras una cura brutal de adelgazamiento en Córdoba– murió envenenado por un conde gallego aprovechando su gula. Su tatarabuelo Vermudo II (nieto del anterior) tuvo que resistir como pudo la tormenta militar y política de Almanzor –y por su supuesta inutilidad frente al gran general musulmán quedó para la Historia como el Gotoso– y su bisabuelo Alfonso V murió al ser alcanzado por una flecha durante el asedio de Viseo en la actual Portugal (que pertenecía entonces a la Corona Legionense).
Así que fue todo un milagro que en aquella disfuncional familia y el mundo de hombres del siglo XII Urraca pudiera gobernar con todo el poder de un rey. Su abuela, Sancha I de León no pudo conseguirlo. Primera heredera legal de un reino en el continente, su marido el conde de Castilla mató a su hermano Vermudo III en la batalla de Tamarón y tomó el mando de las huestes leonesas al coronarse Rey Legionense como Fernando I de León. El consorte por encima de la reina de verdad. Sancha, hija de Alfonso V, el de los Buenos Fueros, sí reinó, pero en lo civil bajo el paraguas del mando militar de su marido, que era el que aportaba el prestigio regio y el poder de la Justicia delante de los demás hombres. No era el año 1037 el más adecuado para dejar que una mujer dirigiera las mesnadas de hombres en la guerra, pero la última de la dinastía Astur sí que ordenaba y mandaba en los asuntos del pueblo y los nobles, porque en el Reino de León las mujeres tenían mucho poder: no fue casualidad protocolaria que su abuela Elvira firmara los Fueros de León de 1017 junto a su padre.
Después del fallecimiento de este singular matrimonio –Fernando I de León no sólo provocó que alancearan mortalmente a su cuñado en batalla, sino también a un hermano, García III de Pamplona, en otra en Atapuerca–, y que sus hijos (los tíos de Urraca) se mataran en una guerra fratricida –el primogénito Sancho, el primer rey de Castilla, murió en Zamora a manos de Vellido Dolfos, ciudad de la que era señora la Urraca del Cálix Domini (que algunos llaman el 'Grial' de León), tía de la que luego fuera reina– en la que el hermano que sobrevivió en el trono leonés fue Alfonso VI. Éste fue el padre de Urraca Alfónsez (que es como se llamaba ella en realidad); que la casó con Raimundo de Borgoña, el que sería a su vez progenitor de Alfonso VII.
La primogénita de aquel Alfonso de sexto numeral –al que llamaron el Bravo– nunca pensó en gobernar, pero la vida en la Edad Media no era muy larga y el heredero de su padre, Sanchuelo (hijo de una princesa mora llamada Zaida, por cierto), murió en su adolescencia en el desastre de la batalla de Uclés en 1108. Y su primer marido –el borgoñón que llegó a ser conde de Galicia y que establecería la nueva dinastía tras la Navarra, de la que Urraca fue la última reina como su abuela Sancha lo había sido de la Astur—, había fallecido un año antes.
Así que Alfonso VI no se vió en otra que nombrar heredera a su hija Urraca, sorprendiendo a propios y extraños, y con ciertas reticencias en la nobleza que se solventaron concertando en 1108 un matrimonio con un hombre de su dignidad, que resultó ser el rey de Aragón Alfonso I el Batallador. Así fueron proclamados ambos reyes de León en 1109, pero con primacía del aragonés por la fuerza de las armas tal y como había pasado con su abuelo navarro Fernando. De haber tenido este matrimonio un vástago, éste habría heredado los reinos de León, Galicia, Castilla y Toledo (por este orden de importancia en la Corona Leonesa entonces, al ser los dos últimos los más recientes) y los de Pamplona y Aragón (gobernados entonces por un solo monarca), uniendo la Hispania cristiana sobre una única corona. Pero no pudo ser: el matrimonio fue tormentoso, por no decir tremendamente violento, con el aragonés agrediendo a la leonesa y ésta defendiéndose devolviéndole los golpes según las crónicas.
Como resultado de un enlace imposible, en 1112 el Papa Pascual II comenzó el proceso de nulidad, que se produjo en 1114 con Alfonso guerreando a sangre y fuego en los territorios del reino leonés reclamando que él era el verdadero Rey de León y, por tanto, de toda Hispania. El detalle estaba en que en el acuerdo de enlace regio, Alfonso VI había acordado que si el matrimonio no tenía hijos el monarca aragonés habría heredado el Regnum Legionensis. Así de poco consideraban a la mujer para la monarquía, que incluso el Bravo despreciaba a su propio nieto Alfonso Raimundez (el hijo del conde gallego borgoñón) por ser 'descendiente de fémina'.
Sin embargo, contra todo pronóstico y debido a la amenaza aragonesa, los nobles leoneses no toleraron la actitud del rey extranjero y por ello la reina Urraca pudo asumir el mando completo de la monarquía legionense. Por primera vez en la historia cristiana católica una mujer también mandaba ejércitos.
Al final, consiguió que su exmarido abandonara sus campañas contra ella y volviera sus ojos hacia la frontera de Aragón con los musulmanes y se olvidara de sus pretensiones imperiales leonesas. Fue ella a la que se llamó por primera vez en una emisión numismática Regina Imp'atrix de Hispania.
Pero su reinado no fue precisamente tranquilo a partir de entonces, ya que otro hombre amenazó su poder... y no era otro que su propio vástago primogénito, Alfonso VII el Emperador (él sí se coronó como Imperator Totius Hispaniae en 1135 en la Catedral de León). El primer rey de la dinastía Borgoñona fue uno de los más críticos con su madre y se llegó a proclamar rey independiente de Galicia, luchando contra ella hasta que murió en 1126. Y tras su deceso, aplicar una especie de Damnatio Memoriae para ocultar su reinado, llenando de infundios su recuerdo. Hasta tal punto se la ignoró después, que Alfonso X no la menciona en su relación de reyes, y sí a su marido Alfonso de Aragón como monarca leonés.
'La Temeraria', un epíteto misógino y deleznable que se debería retirar
La cuestión es que nadie sabe muy bien por qué se ha terminado llamando a la primera reina privativa y con poder absoluto de la Europa Cristiana Occidental La Temeraria. Muchos dicen que se la llama así en la Historia Compostelana, pero no es cierto. En un párrafo se la acusa, en un momento puntual, de actuar con temeridad, pero no se la define así para todo su reinado; y eso que esa crónica está pagada por el Obispo Gelmírez, uno de sus primeros aliados y al final más mortal enemigo. Pero en ningún otro escrito de su época se la definía de esta manera.
El historiador Ricardo Chao también desconoce “de dónde viene el sobrenombre de La Temeraria. Hay ya varios libros que le han puesto esa especie de mote a Urraca, pero desde luego ninguna crónica ni ningún documento la llaman de semejante manera”. “El apodo de 'temeraria' tiene cierta connotación negativa, como que fuera haciendo las cosas sin pensar, pero vamos, todavía si dijeras la valiente... pero bueno, la verdad es que desconozco de dónde salió. Y no es un apelativo que me guste especialmente, más bien al contrario”.
Es bastante probable que el mote negativo provenga de historiadores de la Edad Moderna o del siglo XIX, una época en la que todavía estaban peor consideradas las mujeres que en la propia Edad Media. Aunque no hay constancia de quién fue el primero en nombrarla de esa forma tan despectiva, el sobrenombre ha tomado un desacertado resurgimiento estos últimos años sin que los autores que la mencionan así a día de hoy, todo orgullosos, se den cuenta de que es un insulto de marca mayor.
Sobre el tema de la misoginia que sufrió en vida la reina Urraca explica Chao que hay “dos fuentes principales de de la época sobre Urraca”. Por un lado la Historia Compostelana “que es la más detallada, pero también la más sesgada porque da siempre el punto de vista del obispo y luego arzobispo Diego Gelmírez y que esa sí que es una obra que directamente contra Urraca y también con un punto de vista totalmente misógino, maldiciendo a las mujeres y dando una visión muy negativa de ella por el mero hecho de de ser mujer y aparte por su papel como reina”.
“Pero luego, sin embargo, tenemos la primera Crónica Anónima de Sahagún en la que, bueno, Urraca sale menos, pero sí que da una imagen netamente positiva de ella: la describe como una mujer hermosa y de de buena cabeza y que además sabía hablar muy bien que y y luego en los episodios en los que aparece ella aparece como una especie de justiciera en realidad y que sabe impartir Justicia. De hecho hay un pasaje muy bonito en el que viene a compararla con la Virgen María, sin blasfemias quiero decir: habla de alguien que había vilipendiado a la Virgen y que al final Urraca ordenó sacarle los ojos al blasfemo, que parece ser que era un delegado de su esposo Alfonso I el Batallador. Así que entonces se establece como una especie de paralelismo poético, siendo una mujer desagraviando justamente a otra mujer, condenando al enemigo común del reino: como que Urraca como reina terrenal condenó la blasfemia que había cometido aquel personaje haciendo justicia a la reina del cielo”, relata el historiador leonés.
Para Chao, Urraca “tuvo un reinado muy difícil, luchando contra la misoginia de la época, que ya digo que se ve sobre todo en la historia compostelana, donde son docenas y docenas de pasajes donde la critica y la maldice clamando incluso 'maldito el reino que se ha gobernado por una mujer'.
No es de extrañar que con el tiempo se le pusiera un apelativo tan nefasto.
Motes negativos para los reyes españoles
Por su parte, la historiadora del arte, Irene del Canto, experta en simbolismo, señala cómo “es curioso que hay una tónica general de llamar a los reyes ya no de León, sino al resto de reyes de España por apodos negativos o referidos a defectos, mientras que si se compara con otros reinos medievales de Europa se observa lo contrario. Un ejemplo rápido... Ricardo Corazón de León (por su valentía) el inglés, respecto Sancho I de León, al que terminaron llamando el Craso (el Gordo). Y así tantos otros”. Como Carlos II el Hechizado, cuando en realidad fue un gran rey según las últimas investigaciones.
Respecto a la misoginia de llamarla Temeraria, del Canto opina que fue “por las decisiones que tomó y por su valentía, que a los hombres de la época les parecería intolerable rendir cuentas ante ella”. Pero no es algo que fuera sólo de entonces, porque “no hay que olvidar que tres siglos después a la heredera de Isabel La Católica la terminaron llamando Juana la Loca. Como se ve, las reinas que se opusieron de alguna manera a lo que se esperaba de ellas o se sobrepusieron a las expectativas sobre ellas aparecen señaladas así... y gracias que ahora la historiografía está trabajando con estas cuestiones para ponerlas en perspectiva”.
Otra historiadora, en este caso medievalista especializada, la leonesa Margarita Torres tiene claro que el epíteto actual no debería aplicársele a esta reina: “De hecho ninguno”, asevera. “Yo lo que sí haría es quitarle lo de La Temeraria, el nombre de Urraca I de León es muy potente y es más que suficiente. Me parece que llamarla así a día de hoy es propio de una historiografía rancia con la cual se intentó apartar a las mujeres con poder y protagonismo de los puestos que ocupaban, juzgándolas de manera diferente por el simple hecho de ser mujeres cuando sus comportamientos son exactamente los mismos que tuvieron muchos de sus predecesores masculinos. O sea, su padre Alfonso VI tuvo amantes, ella tuvo amantes.... eso no quiere decir que ni en uno ni en otro caso ambas situaciones estuvieran bien en absoluto, pero desde luego a la que se le ha juzgado con muchísima dureza fue a ella por el mero hecho de ser mujer”.
A su vez, el profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de León, y también simbolista César García Álvarez, critica como experto en el lenguaje histórico cómo se ha tratado a las mujeres con poder en la Historia y, también, al reino de León. “En el Reino de León el papel de la mujer fue mucho más prominente que en otros reinos hispanos y europeos, como prueba el infantazgo, institución crucial para comprender la singularidad del reino leonés en lo que llamamos Edad Media. Esta defensa de la mujer, presente ya desde el Fuero de 1017, se convirtió en elemento de confrontación con otros modelos regios, lo que, unido a la constante fusión y confusión entre relato histórico y propaganda apologética del poder, propició que a la primera reina privativa que hubo en Europa, Urraca, se le dedicasen epítetos tan despectivos como La Temeraria, lo que prueba el recelo y rechazo que su persona y modo de gobernar despertó en otros reinos, como el castellano que luego triunfó sobre los demás, que basaba su modelo en formas políticas diferentes”, explica. Señalando certeramente cómo el reino leonés era mucho más de leyes y el de Castilla, de conseguir las cosas por la fuerza de las armas y el poder de los hombres. Con el negativo efecto posterior de hacer desaparecer de la Historia al Reino de León y todos sus avances legislativos, incluso los que beneficiaban a las mujeres.
“En cualquier caso, estos apelativos que aparecen en crónicas y otros documentos siempre responden a las necesidades y obsesiones coyunturales del momento de su redacción, que luego, al estar fijadas por escrito, se acaban convirtiendo en tópicos perdurables. Lo que muestra tal epíteto es la rivalidad entre reinos, amén de aprovechar la conexión femenina de Urraca para criticar un modelo de reinado que habría supuesto un peligro para estructuras de poder en las que la mujer no podía alcanzar legalmente un estatus independiente e igual al de un varón”, especifica García Álvarez.
¿Un nuevo apelativo para una reina Indomable?
El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer según la ONU. Da la casualidad de que es precisamente la fecha de la muerte de Urraca I de León. Ese día del pasado año 2025 el divulgador histórico Javier Santamarta –que tiene un libro titulado Siempre estuvieron ellas. Galería histórica de hispanas memorables en el que la reina Urraca es una de sus protagonistas– reclamó a los leoneses en una conferencia que dio por esta celebración feminista en el Ayuntamiento de León organizada por Héroes de Cavite “que luchen por retirar ese mote tan misógino e injusto, que Urraca era más bien la arrojada, la brava; la que en un momento se enfrenta y dice, 'si hay que ir a la guerra, se va a la guerra'. Lo cual no es una cosa normal en España, ni en la Europa de la época. Ella fue completamente excepcional”.
Para Santamarta, con abuelo leonés, “es una tontería lo de La Temeraria... y hay que tener en cuenta que esta imagen negativa hace que esta nuestra Urraca, pues se haya quedado como un nombre feo de forma absolutamente inmerecida. Los símbolos son importantes y el hecho de que efectivamente se hayan dado esos apodos negativos contra las mujeres poderosas pues es muy injusto”. Y pone un ejemplo de como a ellas se las vitupera con ligereza, pero a los reyes no tanto: “Nadie dice, Felipe V el Grillao porque básicamente se creyó una rana y acabó en su vejez dando saltos por los jardines del Palacio de La Granja como un sapo. No, es Felipe V el Animoso. Bueno, animoso, animoso... sólo lo fue nada más llegar al trono; luego ya el hombre fue mostrando cada vez más su enfermedad mental hasta ese punto. Pero a Juana sí la llaman La Loca. Hombre, ya está bien, que es la primera reina de España y era una mujer de gran cultura y conocimiento: lo mismo que Urraca y tantas otras en el Reino de León. Un respeto”.
Lo que está claro entre todos los historiadores es que a Urraca de León hasta ahora los cronistas no la habían tratado nada bien. Hace muy pocos años que se conoce su presencia histórica, y si no es por los leoneses, nadie se habría percatado que fue reina completa mucho antes que las Lobas de Inglaterra entre las que está Leonor de Aquitania, la madre de Ricardo Corazón de León (y de Juan sin Tierra), de la que muchos piensan que fue la mujer más poderosa de la Europa Medieval del siglo XII... cuando jamás fue reina por sí misma.
Urraca I de León fue una de las mujeres más magníficas de toda la Edad Media. Reina privativa con poder completo que comandó ejércitos. Superó en su tiempo toda clase de problemas y ataques a su persona por ser mujer con la máxima dignidad y sin rendirse nunca. Sólo un parto difícil aquel 8 de marzo de 1126, el de su quinto hijo, acabó con ella.
De llamarla de alguna manera, evitando el nefasto apelativo que se le ha dado hasta hoy, se podría apostar por Urraca I de León, La Indomable.
Este año de conmemoración de esta mujer sobresaliente en la Historia de León, de España, de Europa –y del mundo–, debería de ser el que se consiguiera honrar su memoria con toda justicia. Y definitivamente.