La voz de Vox

Simpatizantes de Vox en la plaza de la Catedral de León en una foto de archivo.

Mal vamos si quienes disienten de las ideas de Vox están dispuestos a emplear sus mismas ‘armas’ y sus mismas técnicas. Lo uno por respeto a esa formación y lo otro porque no se puede ignorar los más de tres millones de votos que han catapultado a 33 diputados al Congreso de los Diputados tras los pasados comicios de 2023. Se les suele tildar de fascistas, de conducta tosca y palabras gruesas (traidor, psicópata, etcétera) y de que son herederos ideológicos de una forma de entender España que no dejó buen recuerdo a una gran parte de la población. Más pronto que tarde sabremos si son acreedores o no de tal calificativo.

Pero de ahí a silenciar su voz, media un abismo. Si la izquierda española quiere hacer valer su pretendida superioridad moral, no puede apelar a las mismas medidas que le atribuye a este contrincante. En mi humilde opinión, si se quiere desactivar esta corriente de opinión, ha de ser en el campo de la confrontación de ideas, de los argumentos debidamente apoyados en la razón y después, una vez hechos los cotejos oportunos, dejar que sus simpatizantes decidan. En España hay mucho votante a piñón fijo, inasequible a la controversia pacífica. Ese es el verdadero fascismo, pero me resisto a creer que en Vox prime el fanatismo de otros tiempos.

Vox niega la existencia de la Región Leonesa

Y como se debe predicar con el ejemplo, allá vamos. Podría acudir al recurso fácil de la descalificación, afeando la noticia de que Abascal preside la fundación Disenso a perpetuidad, que, al parecer, resulta lucrativa o hacerme eco de que Vox podría haber recibido dinero de disidentes iraníes, pero hemos quedado en confrontar ideas no en descalificar a nadie ni lanzar denuestos. He leído hace pocos días que el puente de mando de esta formación niega la existencia de la Región Leonesa y entiende que su existencia es contraria a la unidad nacional. En estas mismas fechas, el grupo municipal de Vox en San Andrés del Rabanedo sugiere que se exalte la figura de Urraca I de León, con motivo del noveno centenario de su fallecimiento.

Sería bueno matizar este extremo. Siendo que la susodicha reina era leonesa, no castellanoleonesa, interesaría conocer qué camino va a seguir Vox en este punto. A mayor abundamiento, la Región Leonesa ya existía como reino tutelar de toda la península Ibérica 582 años antes de que se concibiera la idea de España y 1073 años antes de que se pergeñara esta amalgama de Castilla y León. Había existido antes Hispania, pero comprendía España y Portugal. Me parece absurdo pensar que no haya historiadores en este partido que así lo puedan hacer saber a sus superiores, salvo que existan intereses espurios, y por lo tanto poco honorables, de falsear la verdad. Advierto que esto es una de sus aparentes incongruencias.

Incoherencias ideológicas

Vox es heredero ideológico de grupos como Falange Española y su versión más moderna de Fuerza Nueva, pero conviene señalar, como orientación, que en la reciente efeméride de las elecciones de 16 de febrero de 1936, Falange no obtuvo ningún diputado a pesar de que se venía de un período de dos años de gobiernos conservadores, lo cual, y pese a la actual ola de negacionismo imperante, indica que hace 90 años ya habían decepcionado al pueblo español. En otro orden de cosas conviene señalar que Franco, a quien tanto veneran, era radicalmente antijudío, como lo era sus correligionarios Hitler y Mussolini. La desmedida pasión de este partido por Netanyahu, chirría frente a una pretendida coherencia con su legado ideológico.

Pero las incoherencias, que merecerían alguna explicación pública, no acaban ahí. Vox se declara visceralmente acérrimo enemigo de los inmigrantes sin papeles y de la presunta islamización de España. Conviene subrayar que el general Franco, africanista, trajo consigo unas las 60.000 tropas marroquíes, como fue el grupo de Tiradores de Ifni, que participaron en la Guerra Civil, lo que, sumado a la Guardia Mora que escoltaba al entonces Jefe del Estado –hasta 1958 en que fue sustituida por soldados españoles– arroja un abultado contingente de islamistas traídos de África, seguramente sin papeles, de los que nada se dice.

Los jóvenes que muchas veces agitan la enseña nacional en celebraciones y exaltaciones patrióticas, hacen alarde de esculpidos cuerpos de gimnasio, lo cual hace suponer que no emplean su tiempo haciendo trabajos manuales. ¿Qué hará Vox si los emigrantes no vienen a recoger las fresas de Lepe o dejan la cosecha en los invernaderos de Murcia o Almería? ¿Sugerirá que los sustituyan sus proteínicos simpatizantes o dejará que el fruto se pierda? Es algo que también deberían aclarar a la ciudadanía porque, a falta de una explicación convincente, resulta totalmente contradictorio.

La maniobra de abandonar los gobiernos de distintas autonomías gobernadas por el PP no deja de ser parte de la estrategia electoral y, aunque pueda resultar sospechoso no admite objeción alguna. Tampoco admite objeciones que cuando han tenido, o van a tener responsabilidades de gobierno en dichas autonomías, suspiren por ocupar metódicamente la dirección de las consejerías de Agricultura. Pero si las admite que entre las propuestas que ofrecen a los agricultores españoles haya algunas disposiciones que parecen sacadas de las catacumbas. 

Posición contra el lobo

Su inquina contra el lobo, y sé de lo que hablo, no resolverá el problema de la ganadería. Las enfermedades, sobre todo las parasitarias, causan más estragos en la cabaña de ovino y caprino que todos los ataques del lobo. Los lobos nunca hicieron peligrar la ganadería. En ese León que Vox prefiere ignorar, hay un calendario medieval donde ya se recoge la figura del pastor y sus perros, mastines y careas, para el cuidado de sus rebaños. La Mesta que surgió después, hizo florecer el mercado de la lana en España. Cuando la monarquía española, institución que Vox defiende con ahínco, regaló ovejas merinas, comenzó el declive del sector y con él, el del Imperio español. Los lobos han hecho menos daño que nuestros reyes.

Y por no alargarme, aunque se podría, citar el poco afortunado fomento de la tauromaquia, un cruento espectáculo que mal se puede considerar una actividad cultural, es más bien un anacronismo en el siglo XXI. Cultura popular fue desde el siglo XV hasta ya entrado el XIX ejecutar ‘herejes‘ en las plazas públicas y esa manifestación cultural acabó por abandonarse. Tan arraigadas como aquí los toros eran las cacerías del zorro en Inglaterra, con sus distinguidos jinetes y jaurías de perros, y el civismo las suprimió en 2005. Supongo que Vox puede aportar poderosas razones para el mantenimiento de ésta y otras arcaicas medidas, pero sería bueno que las fuera exponiendo públicamente.

Si ello es posible, claro. 

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

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