La “ilusión” de los procuradores por León que estrenaron la autonomía en 1983: “Antes patrullábamos la provincia”

De izquierda a derecha, Antonio Natal, Concha Puente y Virgilio Buiza, procuradores por el PSOE en las Cortes tras las elecciones de 1983.

César Fernández

13 de marzo de 2026 06:02 h

A principios de los años ochenta, Antonio Natal era profesor de Filosofía en el Instituto Isabel la Católica de Madrid. En una España que trataba de consolidar su democracia, unos días asomaba el fantasma de la involución y, otros, irrumpía la fuerza de la apertura. Natal organizó en la tarde del 23 de febrero de 1981 la evacuación en autobuses de los alumnos del centro a sus domicilios ante el golpe de Estado. “Medio Madrid estudia con tus apuntes”, le confió en otra ocasión la cantante Alaska al ofrecer un concierto gratuito con la condición de que fuera el presentador. Simpatizante del PSOE y originario de la Cepeda, el partido le propuso lanzar la Agrupación de Ferreras y entrar en la lista de las primeras elecciones a las Cortes de Castilla y León, ya en 1983. “Ponme el ocho”, respondió cuando los dirigentes calcularon que sacarían siete procuradores por la provincia de León de los 15 que estaban en juego. Fueron finalmente nueve, los socialistas ganaron los comicios y Demetrio Madrid se convirtió en presidente autonómico.

El teléfono del Restaurante Imperial de Boñar sonó en la noche del 8 de mayo de 1983. “Has salido elegida procuradora”, le anunciaron a su propietaria, Concha Puente. “¿En el nueve?”, se sorprendió quien ya entonces era teniente de alcalde de Boñar y había vivido el 23F en ese mismo establecimiento pendiente de llevar comida a su marido y a sus hijos, así como de la evolución de los acontecimientos. El susto por la intentona golpista fue notable para Virgilio Buiza, un profesor de Sahagún destinado a la isla de la Gomera, donde los militares salieron a las calles. Militante del PSOE ya en la clandestinidad desde 1976, regresó a su tierra y se tomó un paréntesis hasta que a finales de 1982 se coordinó con la entonces ya senadora Manuela García Murias para relanzar la Agrupación de Sahagún y al año siguiente fue en el siete en la lista autonómica. Siempre en puestos de relleno en las municipales, Manuel López Rodríguez nunca ejerció como concejal en Villablino. Secretario de la Agrupación de Laciana, por entonces la segunda más numerosa de la provincia, ocupaba el número tres en la candidatura autonómica. Constructor de profesión, también tiene anécdota que contar del 23F: la de ir a la sede y guardar las fichas de los afiliados en la carbonera.

López Rodríguez ya venía de participar en el Consejo General de Castilla y León, una suerte de preautonomía anterior a las elecciones de mayo de 1983. El lacianiego recuerda “reuniones maratonianas” en el Castillo de Monzón de Campos (Palencia) sin mayorías claras con el mapa político entonces repartido fundamentalmente entre UCD y PSOE.

“Los dos grandes partidos imponían la autonomía con Castilla”, señala por teléfono el profesor de Historia Contemporánea de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) de Ponferrada Francisco Balado, tras recordar que la propuesta de “León solo” ya había motivado manifestaciones incipientes en 1978 y una gran movilización con 10.000 participantes en abril de 1980. El contexto de las primeras elecciones autonómicas también venía marcado, remarca el historiador, por la aplastante victoria del PSOE de Felipe González en las generales de octubre de 1982.

Manuel López Rodríguez, antiguo procurador del PSOE por León en una imagen de la época (izquierda) y en la actualidad.

Los candidatos socialistas por León tenían, sin embargo, pocas expectativas al presagiar incluso una derrota en una contienda electoral en una autonomía de tendencia presumiblemente conservadora. “Yo tengo un hermano fraile que es rojo, cosa rara. Sólo creía Demetrio Madrid, él y yo que se iba a ganar”, cuenta Antonio Natal. “Fue una sorpresa”, admite Virgilio Buiza, que sugiere entre los factores de la victoria el tirón de la provincia leonesa, donde el PSOE sacó nueve parlamentarios por los seis de AP-PDP-UL (Coalición Popular compuesta por Alianza Popular, Partido Demócrata Popular y Unión Liberal).

Claro que, a falta de precedentes, no era tan sencillo hacer pronósticos. Partidos y electores afrontaban una cita para componer un parlamento y un gobierno nuevos y todavía con las competencias por desarrollar. Las elecciones, además, coincidían (como hasta 2022) con las municipales, sobre las que recae un mayor foco mediático y de interés de los votantes. ¿Qué propuestas se planteaban? “Había un despiste generalizado. Pero sí éramos conscientes de la importancia que iba a tener la comunidad autónoma”, responde por teléfono el profesor jubilado de Geografía de la Universidad de León (ULE) Lorenzo López Trigal, que participó en la elaboración de los programas autonómicos del PSOE en 1983 y 1987, compuestos muchas a veces a base de consultar con los sindicatos agrarios y de clase las cuestiones que habría que poner sobre la mesa en ámbitos como el campo o la economía.

La propia composición de las listas ya resulta significativa. Cinco de los nueve candidatos que salieron elegidos procuradores por León viven todavía hoy. Los de AP ya eran mayores entonces. Los populares se nutren “del reformismo franquista” encarnado en la figura de su líder nacional, Manuel Fraga, y de “cuadros intermedios de instituciones del régimen”, apunta Balado, que identifica a los socialistas con la generación que tomó el mando del partido tras el Congreso de Suresnes de 1974 y la renovación liderada por jóvenes entonces como Felipe González y Alfonso Guerra. “Y eso se traslada también a las provincias”, añade. “Los viejos, que eran casi todos de derechas, confiaron en la juventud. Y nos votaron”, aporta Natal. “Se predicaba contra el caciquismo”, afirma Buiza al citar uno de los mensajes clave de la campaña. La sociología de la época también dejaba otras lecturas; por ejemplo, en clave de género. “Yo creía que la mujer tenía que estar donde estaban los hombres. Ni más ni menos”, argumenta Concha Puente, que luego sería alcaldesa de Boñar, sin esconder que este mensaje sí calaba entre sus coetáneas, pero no entre paisanas de mayor edad.

Nosotros íbamos al rincón más lejano. Aquí somos 13 pueblos. Y se hacía un acto en cada uno de ellos. Ahora sólo se hacen en las cabezas de comarca

Manuel López Rodríguez Procurador del PSOE elegido en 1983

“Ilusión” es la palabra que más repiten los protagonistas de aquella primera campaña autonómica, distinta de las que ahora parecen sustituir la presencia física por la virtual en las redes sociales. Hay factores que no han cambiado. “El buzoneo era y es todavía hoy clave. Es crucial”, enfatiza Lorenzo López Trigal. Desde Laciana, Manuel López Rodríguez aporta una comparación reveladora: “Nosotros íbamos al rincón más lejano. Aquí somos 13 pueblos. Y se hacía un acto en cada uno de ellos. Ahora sólo se hacen en las cabezas de comarca. Y esos actos nos servían de termómetro”. Sus compañeros coinciden al reconocer que, en la actualidad, apenas identifican a la cabeza de cartel socialista por León, la lacianiega Nuria Rubio. El contacto con el territorio y sus gentes se intensificó una vez elegidos. “Íbamos a todos los pueblos con nuestros coches. Y no veo con la ilusión con la que nosotros trabajamos a la gente que ahora está ahí”, dice Puente. “Antes patrullábamos la provincia”, sentencia Natal.

Las urnas depararon la victoria del PSOE, que obtuvo 42 procuradores por los 39 de AP, más dos del CDS (Centro Democrático y Social) y uno del PDL (Partido Demócrata Liberal), precisamente por las mismas fechas en que el Tribunal Supremo emitió su sentencia del 23F. “Al día siguiente de las elecciones, todo el mundo me decía que había votado… Todos estaban felicitándome”, sonríe López Rodríguez. Castilla y León echó a andar sin apenas medios. “Yo era portavoz de la Comisión de Obras y no tenía ni despacho”, agrega el lacianiego. Manuel Cabezas, el quinto parlamentario socialista elegido entonces que está todavía vivo, fue también, entre 1983 y 1984, presidente de la Diputación de León, donde habilitó una oficina para los procuradores. “Y gestionábamos allí cantidad de asuntos: obras, papeleos…”, destaca Puente, quien se recuerda promoviendo la concentración parcelaria, pendiente del estado de los consultorios médicos o tratando de relanzar al balneario de aguas termales de La Losilla y San Adrián.

Había también en el arranque de aquella andadura autonómica que sortear cuestiones que podían chocar con intereses enfrentados. “Nos preocupaba el regadío”, resalta Buiza, que luego sería alcalde de Sahagún sin eludir la polémica a cuenta del cierre del embalse de Riaño: “La Montaña no quería que se cerrase; y la meseta quería agua”. Antonio Natal pasó de la movida madrileña a pisar el terreno en su comarca de origen. “En infraestructuras estábamos como en África”, reconoce para citar la complicidad del entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, para declarar como comarcas de acción especial a la Cepeda y la Maragatería. Atisbando ya entonces la crisis de la minería del carbón, había que buscar alternativas. Y ahí insiste en citar como una asignatura pendiente la puesta en servicio del pantano de Villagatón.

Se pretendía la unión de dos regiones en armonía y equilibrio; y eso fue un fraude. Valladolid, sin ser la capital oficial, lo es mucho más que otras que sí lo son

Virgilio Buiza Procurador del PSOE elegido en 1983

La “ilusión” de los comienzos sí contrastó pronto con una “traición” en la que incide Virgilio Buiza. “Fuimos engañados”, proclama al subrayar que el planteamiento inicial pasaba por situar las Cortes autonómicas en León. “Valladolid, sin ser la capital oficial, lo es mucho más que otras que sí lo son”, abunda al ir más allá y denunciar una predilección por el eje Valladolid-Burgos. “Se pretendía la unión de dos regiones en armonía y equilibrio; y eso fue un fraude”, recrimina Buiza, que se pasaría luego a la órbita de la Unión del Pueblo Leonés, tirando de datos económicos y demográficos. “Yo estuve en las negociaciones para una autonomía de León y Asturias”, rememora sobre aquellos tiempos de la preautonomía Manuel López Rodríguez, quien también admite la existencia de aspiraciones regionalistas en El Bierzo antes de zanjar los debates territoriales haciendo notar su situación periférica dentro de la provincia y la comunidad, en una Laciana que linda ya con Asturias: “Como nosotros estamos en el culo del mundo…”.

Manifestación 4 mayo 1984 a favor de la autonomía leonesa.

León se integró en 1983 con Castilla. “Ninguna de las principales candidaturas llevaba la segregación en su programa”, advierte López Trigal. Justo un año después, el 4 de mayo de 1984, miles de personas (35.000 calcularon los medios de comunicación) salieron a la calle para pedir la autonomía leonesa. El sentir se ha reavivado en los últimos años al calor de las mociones favorables a la separación aprobadas en ayuntamientos y la Diputación Provincial. El PSOE dejó el poder en 1987, fecha desde la que gobierna el PP (al principio todavía bajo las siglas de AP, casi siempre en solitario). La UPL, que ya en 2022 igualó su mejor resultado histórico con tres procuradores, aspira este domingo 15 de marzo a ganar los comicios en la provincia.

“La provincia es muy compleja. Hay muchas sensibilidades, no sólo la leonesista. También hay un sentimiento berciano. La identidad leonesista va más allá de las ideologías. Y trasladar el sentimiento leonés a las urnas no es algo que sea directamente proporcional”, advierte el historiador Francisco Balado. Las aspiraciones autonomistas generan más recelo para Concha Puente, que apela a la falta de un tejido económico sólido en el León de 2026. “Los viejos rockeros”, concluye Antonio Natal tras recordar sus andanzas con Alaska en la movida, “ahora pedimos un trato especial para León”.

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