Los leoneses que ayudaron a levantar 'El País': “Fue el periódico más importante en el momento más transformador”
A Daniel Gavela fichar por El País le costó un tercio de su sueldo. Cuando el diario nació en mayo de 1976, este periodista nacido en Peranzanes era el director del semanario Guadiana. Por medio del catalán Alfons Quintà le llegó la onda de un interés de Juan Luis Cebrián al que no terminaba de dar crédito hasta que se formalizó su incorporación el 1 de marzo de 1977. Pasó de ejercer un puesto directivo a ser redactor de libre disposición, por lo que su salario se quedó en dos tercios de lo que cobraba. “Nunca he hecho mejor inversión”, sentencia quien luego tendría cargos de alta responsabilidad como los de director general de la Cadena Ser o de Cuatro y CNN+. “Ha sido la apuesta de nuestra vida. No sólo términos profesionales, sino en términos vitales, y cívicos también”, cuenta por videollamada compartida con otros compañeros leoneses que contribuyeron a que el medio se convirtiera en la principal referencia periodística de una España que transitaba de la dictadura a la democracia hace ahora justo 50 años.
Gavela fue primero lector de El País, dice al rememorar la espera por aquel primer número del 4 de mayo de 1976 que no acababa de llegar a los quioscos. “Y para mí fue un impacto como si se me hubiera aparecido Sofía Loren”, sentencia al subrayar la importancia de la declaración de intenciones de un periódico que ya desde la portada mostraba su apuesta por la apertura política en tiempos todavía de incertidumbre. Era enviado especial en Sevilla a principios de los ochenta, justo antes de ser nombrado jefe de Nacional, cuando en una cobertura le preguntó a una joven ciega qué era lo que más lamentaba no ver. “No poder leer El País todas las mañanas”, le contestó para constatar que el diario ya había trascendido lo periodístico: “Era un alivio emocional; no sólo intelectual”. A mediados de esa década pasó a tener responsabilidades en El País Semanal (“el colorín” en la jerga interna de la redacción) cuando empezó a plantarse ante agentes de grandes artistas internacionales que pretendían imponer la fotografía principal. Gavela, que soñaba con Sofía Loren, pudo publicar en portada una imagen propia del medio de Bette Davis en la portada del suplemento.
De fotografías puede hablar con más conocimiento de causa que casi nadie en España Marisa Flórez, nacida en León capital y ya asentada en Madrid cuando nació El País. La fotoperiodista, que colaboraba entonces con Informaciones hasta que el 1 de septiembre se incorporó al nuevo periódico, ya había retratado a Rafael Alberti y Dolores Ibárruri Pasionaria bajando las escaleras del Congreso de los Diputados y a Manuel Fraga echando una cabezadita en el hemiciclo cuando, en plena Expo de 1992 en Sevilla, fue a cubrir una corrida de la Feria de Abril. Y le echaron el alto con el argumento de que al callejón no podía acceder una mujer. “¿Usted quiere que mañana esta información salga en El País? Pues o lo hago yo o no lo va a hacer nadie”, espetó. Y Flórez, que siente muchas veces que la “persiguen” aquellas fotos en el interior de la sede de la soberanía nacional como la de la soledad de Adolfo Suárez en el banco azul (la primera a cinco columnas en portada), entró finalmente aquel día a la plaza de toros tras un plante que de algún modo la emparienta con mujeres empoderadas como la actriz Susana Estrada con una teta al aire recibiendo un premio de manos de Enrique Tierno Galván o las que protagonizaron las primeras manifestaciones a favor del aborto.
Y es que la reportera gráfica leonesa, que suele decir que en las primeras legislaturas tras la muerte de Francisco Franco hacía “la vida del diputado”, reivindica también el trabajo que hizo en la calle, donde probablemente acabó de morir el franquismo. Ella, que luego sería redactora jefa de Fotografía y editora gráfica, dijo que sí a la oferta de El País porque entendía que el medio “iba a resaltar” los cambios sociales resultantes del paso de la dictadura a la democracia. “Y yo recuerdo haber hecho cantidad de reportajes sobre cómo la mujer se iba incorporando al trabajo y a la sociedad, desde monjas de clausura hasta el destape, el abajo la censura... Se hacía mucha información de barrios. Y de ahí salieron cosas y cambios importantes. Yo he hecho mucho de todo”, señala para zanjar: “Y hoy me parece imposible que llegáramos a la hora a la que llegábamos por la mañana y termináramos a la hora a la que terminábamos a veces...”.
A la redacción había llegado ya en marzo de 1976, para los primeros números cero, Ángel Luis de la Calle, nacido en León capital y también procedente de Informaciones, adonde había aterrizado de la mano del leonés de Calzadilla de los Hermanillos (El Burgo Ranero) Félix Pacho Reyero. Venía directamente del Sáhara, donde había cubierto para el diario vespertino el proceso de descolonización tras la Marcha Verde. El cambio profesional lo obligó a contrapesar la ilusión con la incertidumbre. “Fuimos unos atrevidos. Al principio nadie daba un duro por El País. Mi padre, por ejemplo, no lo veía. Me decía que Informaciones ya era una cosa sólida”, dice quien comenzó encargándose de una “macrosección” que abarcaba Madrid, Cultura y Sociedad.
“Había una gran expectación por sus objetivos. Había en el país una gran ilusión democrática. Y El País, que nació como un periódico para las élites pensantes, se convirtió en una referencia para gran parte de la sociedad, la que tenía aspiraciones democráticas y por entrar en Europa”, reflexiona De la Calle, que ya en junio de 1977 abrió la corresponsalía en América Latina, donde cubrió numerosos golpes de Estado para regresar a Madrid precisamente poco después del 23F de 1981, primero como jefe del servicio de Documentación y luego para profundizar en la internacionalización de un rotativo al que había visto literalmente nacer, como ilustra la fotografía en la que comparte primera fila ante la salida del número uno con Bonifacio de la Cuadra, Augusto Delkáder y Alfredo Relaño.
Yo tenía 23 años. Y quería ser, primero, demócrata, y segundo, europeo. Y a mí me parecía que la idea que defendía ese periódico iba por ahí
Con Relaño, y también con Juan Mora, Julián García Candau y Juan José Fernández, hacía la sección de Deportes Nacho Alonso, nacido en Tolibia de Abajo (Valdelugueros). Colaborador en Marca, su llegada a El País, en abril de 1976, fue producto de una cadena. García Candau llamó a Fernández, con el que Alonso trabajaba muy estrechamente en el diario deportivo. “Yo hice la posible por ir con él”, cuenta el leonés, que nació a la vera del Curueño y se estrenó en el nuevo periódico en el circuito del Jarama con una entrevista reportajeada al piloto austríaco de Fórmula 1 Niki Lauda. Sus aspiraciones, en cualquier caso, iban mucho más lejos de las pistas, los pabellones y los campos de fútbol: “Yo tenía 23 años. Y quería ser, primero, demócrata, y segundo, europeo. Y a mí me parecía que la idea que defendía ese periódico iba por ahí”.
Alonso pasaría luego a hacer el cierre junto a Rafael Conte. “Y muchos días era como echar una moneda al aire”, señala al hilo de aquellos atentados terroristas a última hora de la tarde que desbarataban el trabajo hecho y obligaban a entonar el “paren las máquinas”. Y acabó en Economía, bajo el mando de nombres tan ilustres como Fernando González Urbaneja, José Antonio Martínez Soler y Joaquín Estefanía. Todavía recuerda el gusanillo de los comienzos: “Todos mis días los dedicaba al periódico. Yo tenía la sensación, además, de que estábamos haciendo algo importante. Y yo creo que después superó todas las expectativas que nosotros teníamos”.
El caso es que El País superó las expectativas ya desde el comienzo. Los cálculos iniciales pasaban por alcanzar una venta de 60.000 ejemplares para hacer el producto viable. “Y el primer día se vendieron 150.000, una cifra que todavía se mantuvo”, recuerda De la Calle. “Desde el principio todos remábamos en la misma dirección. Todos estábamos por la labor de hacer un periódico moderno, un periódico que no existía en ese momento en nuestro país. Quizás Informaciones era lo que más se parecía. Pero era de tarde y de Madrid; no tenía la repercusión nacional que tenía este”, afirma Alonso. Se dieron todas las circunstancias: también la de una redacción joven (el director, Juan Luis Cebrián, apenas superaba la treintena, y la edad media era de 27 años) que empujó en una orientación atrevida cuando en el accionariado convivían desde comunistas como Ramón Tamames a conservadores como Manuel Fraga. “Yo no lo vi como un periódico de izquierdas, pero sí progresista, democrático y por la Constitución”, considera De la Calle. “El País se acabó situando no en la ruptura, pero sí en un cambio serio”, señala Gavela, que le concede un liderazgo y capacidad de influencia mayores a los que pudieron tener la radio y la televisión hasta proclamar: “Fue el periódico más importante en el momento más transformador de la sociedad española”.
El País fue avanzando al compás de aquella sociedad española, que un año y un mes después del nacimiento del rotativo votó en las primeras elecciones libres desde la Segunda República. Pese a que los comicios fueron consolidando en el poder a opciones alejadas de los extremos ideológicos, la pulsión ultraderechista seguía latente. “Y como El País era una bandera de la democracia española y de planteamientos progresistas, era también un símbolo a combatir y un objetivo claro de la extrema derecha”, indica Ángel Luis de la Calle para remitirse al atentado de 1978 que se cobró la vida del conserje Andrés Fraguas.
'El País' trató como periódico de empujar la democracia, el entendimiento y la convivencia. Y hoy los medios están trabajando sobre todo en lo contrario. Porque están haciendo seguidismo a los partidos políticos. 'El País' tuvo tanto éxito porque no trabajaba para una clientela; trabajaba para la sociedad
Tras recalcar la importancia de herramientas como el Libro de Estilo para llevar a la práctica la filosofía fundacional del medio, Daniel Gavela lamenta “la pérdida del concepto de la redacción” como epicentro de la actividad y foro de discusión y debate, relegada ahora por cuestiones como el trabajo a distancia. “Todos aprendíamos de todos”, ilustra. “Yo aprendí muchísimo”, coincide Marisa Flórez, cuya obra colosal es ahora materia de exposiciones retrospectivas como Un tiempo para mirar. “Yo luego eché de menos el ruido de la redacción. Si tenías una duda, gritabas. Y alguien te respondía. Ahora eso se ha sustituido por Google”, aporta Nacho Alonso. La redacción, que “era un sitio que bullía” mezclando el ruido de los gritos y los teclados con el olor del tabaco y el alcohol, “se fue hospitalizando un poco”, constata Ángel Luis de la Calle. “Fue derivando”, añade, “en un sitio más aséptico, menos ruidoso; y hasta decíamos que se había convertido en un sitio de batas blancas, por la llegada de personal técnico”.
El cambio de paradigma en el periodismo resulta hoy tan profundo que, en tiempos de clickbait, Nacho Alonso recuerda las lecciones recibidas cuando estudiaba la carrera. “Me dijeron que lo más importante iba en primera página: que si el rey moría, se moría en la primera página y a ser posible en la primera línea. Y hoy hay muchos medios de comunicación que hacen exactamente lo contrario”. Gavela, que elogia la capacidad de Cebrián para “en tiempos de tanta convulsión política, hacer un producto profesional tan depurado”, va más allá. “El País trató como periódico de empujar la democracia, el entendimiento y la convivencia. Y hoy los medios están trabajando sobre todo en lo contrario. Porque están haciendo seguidismo a los partidos políticos, que son los verdaderos causantes de esta desgracia en la que estamos viviendo (...). El País tuvo tanto éxito porque no trabajaba para una clientela; trabajaba para la sociedad”, opina para agradecer que la empresa hiciera posible con la rentabilidad económica aquella apelación a ser un medio independiente que encabezaba el Libro de Estilo.
Cinco décadas después de los comienzos, los periodistas leoneses que contribuyeron a levantar aquel proyecto que fue mucho más que un simple diario se reúnen para soplar las velas, recordar viejos tiempos y reafirmar su apuesta personal en años de incertidumbres. “Ha sido un lujo poder haber formado parte de esa redacción. Me encontré con periodistas que me enseñaron todos muchísimo, con compañeros estupendos y dentro de mi parcela pude desarrollar mi trabajo desde muchos puntos de vista”, valora Marisa Flórez, que precisamente ahora es la comisaria de la exposición Momentos, que resume el medio siglo en medio centenar de fotografías. Cincuenta años después, la reflexión de Nacho Alonso despeja cualquier duda: “Yo repetiría mañana”.