De Madrid nem bom vento nem bom casamento

Plaza de Cibeles frente al Ayuntamiento de Madrid por la noche.

Es de sobra conocida la vocación por alcanzar puesto de relevancia en la capital del reino para todo político que se precie en la variopinta escenografía española. Alcanzado un puesto importante en el partido en el que se milita, el resto es coser y cantar, nunca ha de faltar un retiro dorado o un destino glamuroso, por supuesto debidamente remunerado. Aún recuerdo yo las palabras de un alcalde que henchido de razón proclamó a los cuatro vientos que se había subido el sueldo porque de no tener esta noble aspiración hubiera seguido con el trabajo que tenía.

Sea como fuere la política española es como una confitería –ahora se le dice pastelería que es más fino– donde cada cual busca su ecosistema dependiendo de la estima propia y la estima ajena. Que es usted persona de modestos vuelos, pues aspire a una alcaldía rural o una Diputación a lo sumo, lo que no es sinónimo de que si se presenta avalado por un nutrido grupo de votantes, pueda ascender a otros niveles superiores. Si por el contrario se siente depositario de los valores eternos de todo español bien nacido, puede pasar a ocupar una alcaldía de una capital de provincia, trampolín adecuado para piruetas a más altura.

Pero, para personas ambiciosas, la meta es más alta, lo que no quiere decir que no existan caminos o cargos con vocación de quedar varado en vía muerta pero con sus debidos estipendios. Desde aquí ya comenzamos a tirar por elevación. En estos casos se precisa un buen respaldo del partido y estómago de pavo que dicen que es capaz de digerir el hierro. Unas buenas tragaderas y no vacilar en pelotear a la cúpula dirigente, abren la ruta para alcanzar puestos de relevancia en las comunidades autónomas, escalón previo para tocar la luna con las manos en la modalidad de estrella emergente. En este caso no es la Meca, sino Madrid la que acogerá a los esforzados de la ruta escaladora. 

Conocí yo a un exalcalde conservador que habiendo creado un partido instrumental, de esos que se autodenominan independientes o apócrifos para importunar a sus antiguos correligionarios, fue el único representante municipal elegido de su formación, pero ante la amenaza de que su antiguo partido perdiera una alcaldía de renombre, volvieron a ser requeridos sus servicios y como compensación fue designado senador. En un acceso de modestia llegó a afirmar que se iba a Madrid a resolver los problemas de España. Dos legislaturas estuvo resolviéndolos sin que se le conociera ninguna intervención.

Entre los congresistas supe de una señora, avezada sindicalista que no sabía leer ni escribir y firmaba con una cruz. Tampoco fue objeto de rechazo entre sus filas, que ya se sabe que la ignorancia si es respaldada por votos hasta parece sabiduría. He conocido a algunos célebres personajes, muchos carentes de las más elementales letras que han accedido a puestos de nivel en lo que podríamos denominar follaje envolvente de la política. Por suerte para los poco instruidos, la carrera en Madrid no reserva pedestales pero si jugosas derivadas.

Madrid bien vale una misa

Sea como fuere, Madrid bien vale una misa, como un rey francés llegó a decir de París, y supone el cénit de la gloria. Prensa, radio, televisión, invitación a recepciones, intervenciones parlamentarias aunque el hemiciclo del Congreso esté vacío, entrevistas, fotos, comisiones, recepciones e inauguraciones, discursos y prebendas varias pero sobre todo una remuneración acorde con sus apetencias, aunque todos sabemos que casi todos ellos merecerían más, mucho más.

Pero llegados a este punto, nuestro político ya no es de este mundo, las cosas que preocupan a la mayoría de los mortales le resultan asuntos mundanos. Acabada su vida útil si alguna vez lo fue, llega la vida inútil, donde el político avezado alardea de lo que ha sabido, de los secretos de estado que le fueron revelados. Y ya, agotado por la vorágine política pasa a la reserva. Podría regresar a provincias si ese fuera su origen pero… ¡Qué fatiga! No, una vez que el político se avecinda en Madrid, ya no hay lugar que se le iguale. Ya antes de avecindarse ha renunciado a sus orígenes. No quita que en alguna convención laudatoria haya de rebajarse a volver a su patria chica pero, salvo un cataclismo, una vez salido de su tierra, su vínculo se ha roto y el solar que le vio nacer ya sólo es un vago y molesto recuerdo.

De esta fauna sabemos mucho en León. Nuestros políticos de relumbrón han contribuido afanosamente a ningunearnos, a dejarnos tirados en un rincón de la historia. Más afectos a su partido que a las tierras legionenses no se sospechan de alta traición por faltar al compromiso con sus paisanos, con sus mentores. Privar a la ciudadanía de que pueda hacer oír su voz, se expresa con el eufemismo de que somos unos ignorantes, personajes infantiles que no saben gobernarse por sí. Hemos tenido presidentes de gobierno, congresistas, senadores, procuradores y un surtido elenco de pelotas que ríen sus gracias para conservar su puesto. Los esponsales del político con Madrid suelen volverse en contra de sus electores. 

¿León? ¿Qué es León? Un bulto sospechoso al que se adula en público y se traiciona en privado. León no tiene voz, su voz se extingue camino de Madrid, ni siquiera llega a Valladolid. Claro está que en León también han regresado ‘expedicionarios’ venidos a menos, ángeles caídos que han vuelto con el rabo entre las patas pero siempre con una misma consigna, servirse de su gente hasta que puedan volver a ocupar plaza en la capital. Algunos que nunca han llegado a ocupar plaza la añoran y anhelan. Se mimetizarán con el ‘pueblo’ para mejor poder ofrecer después su cabeza decapitada a la Salomé de turno a cambio de un puesto de relumbrón. No hay problema, los leoneses somos tropas de choque que nunca se sublevan.

También tenemos en León la versión de los políticos de cercanías, de bata y alpargata, vamos, de andar por casa. Son figuras cuyo periplo no aspira a desplazarse hasta ignotos parajes, les vale con la política abreviada y jibarizada, sin grandes pretensiones pero con suficiente aparato, como en el juego del Stratego. De esta peculiar manera de entender la política leonesa, si la autoridad lo permite y el tiempo no lo impide, prometo hablarles cuando hayan pasado los Idus de marzo.

Tomás Juan Mata pertenece a Urbicum Flumen, la Asociación Iniciativa Vía de la Plata

Etiquetas
stats