La metamorfosis
Los griegos tenían la seguridad de que el don de la profecía sencillamente… era un don. Perdón por la perogrullada, me refiero a que creían que existía y pueblan su imaginario con sacerdotes que lo reciben como tal. Ya comentamos lo de Casandra, que rechazó a Apolo y este la condenó a tener siempre razón acerca del futuro y no ser creída jamás. Se puede decir que la castigó por creída a no ser creída. Ja, ja, ja. Ay, qué pena. A ver si remonto. Hoy hablaremos del tebano Tiresias. ¡Oh, la griega Tebas, abundante en mitos y mierdas! ¡Tierra de Cadmo, Edipo y Dioniso! Tiresias, por motivos que no vienen al caso, separó a dos serpientes que se apareaban con su bastón –a ver, las serpientes no se apareaban con su bastón, sino que las apartó con él. ¡Cómo se van a aparear dos serpientes con un bastón, si no tienen manos! Qué ocurrencias tienen ustedes...–. Para apartarlas, como digo, mató a la hembra, convirtiéndose él mismo, por motivos que tampoco vienen al caso, en mujer. Esto igual lo cuenta mejor Ovidio en Las metamorfosis, que trata de estas patrañas, pero Ovidio no publica en un digital de provincias, así que a joderse. En total: Tiresias siete años más tarde volvió a contemplar similar picardía y, gajes del ofidio, mató al macho, transformándose otra vez en varón. Bien. Encontrábanse discutiendo Hera y Zeus, cosa que hacen todos los matrimonios que no encuentran nada en Netflix, sobre quién experimentaba mayor placer en el sexo, si la mujer o el hombre... cuando se les ocurrió llamar al amigo Tiresias que había sido ambas cosas y aprovechar así su dicotomía, androginia o lo que fuese para interrogarle sobre la cuestión, como si fuera una AI. Tiresias declaró la verdad: las mujeres gozan diez veces más que los hombres, que era lo que sostenía Zeus, supongo, porque Hera, al ver revelado su secreto (?) –en mitología aparecen muchos comportamientos, historias y personajes, pero la lógica no sale NUNCA– castiga a Tiresias dejándolo ciego. Zeus, para compensar (??) y, me imagino que llevando al hombre a un aparte –ya sabes cómo se ponen las paisanas, qué te voy a contar, que fuiste una...– le otorga el superpoder de la adivinación y una larguísima vida. Podía haberle dado ambas cosas y quitado la ceguera, pero me remito a lo de la lógica que puse antes. Yo esto de Tiresias quería empalmarlo con que hace unos días fui a una ferretería y compre un tornillo y una tuerca para sujetar dos barras, un reductor para un grifo y una adaptador para manguera. Las tres cosas –cada una de su puta medida en pulgadas– encajaron y fueron apretadas perfectamente en sustitución de las dañadas o desaparecidas en la que fue una de las jornadas más felices de mi vida. Por lo inesperado del triple milagro. Después buscaba añadir un suceso de actualidad y extraer una moraleja, que es como se andamian las columnas de opinión. Siempre he querido explicar, ya que me considero un fino estilita, cómo se construye una y esta, yo creo, resulta ejemplar: así, no.