Los bárbaros y el inquilino

Rodera 145   8 de febrero de 2026   ILEÓN

Ocurre permanentemente y la mejor manera de explicarlo es con el Partido de Los Leopardos Que Devoran Caras. No me lo he inventado yo. Es muy conocido, pero, sinceramente, me veo incapaz de superar la metáfora. Una persona vota al Partido de Los Leopardos Que Devoran Caras y se asombra e indigna cuando llegan al poder –que abandonaron hace poco– y… ¡le devoran la cara! ¡¡A él y a su familia!! Su apoyo y voto se basaba en que los leopardos devoraban caras –perdón por explicarlo, pero ahora mismo en España hay un descorazonador 22% de gente que cree que el hombre no ha llegado a a Luna, por ejemplo–... ¡pero la cara de otros, no la suya! La pregunta, claro, es ¿cómo eres tan hijo de puta como para querer que le devoren la cara o cualquier otra cosa –si no eres Lalo Rodríguez– a nadie? Ahí entramos en el terreno del nacionalismo, el regionalismo, lo otorgado, el patriotismo, la pertenencia, lo SAGRADO, las raíces, la tierrina… Se acabó la lógica o lo práctico. Estas personas se ponen las manos a los lados de la cara y se giran ciento ochenta grados para mirar un pasado feliz, por supuesto inexistente, de arcadia pitufa o asterixiana en la que autosuficientes, orgullosos e insólitamente coherentes en todo medraban aislados y/o triunfantes ante, para, por, tras, según o en derredor de sus despreciables vecinos, bien cobardes o bien violentos e invasivos en exceso, siempre bárbaros –que yo también creo que son la solución–. Una vez recuperado ese imaginario ámbito mágico y establecida –o restaurada– tal igualdad, llega el de acuerdo, nos habéis elegido como iguales, pero somos más iguales que vosotros. El banquete de caras. Hasta el principio conservador de puedo hacer lo que quiera porque lo pago que forma parte del planteamiento de los leopardos se tambalea cuando hace su aparición el no, no, además tienes que ser de los nuestros con lengua, pintas, amiguitos... Ahí comienza ya el pero, pero, pero... La exigencia de los leopardos que comen caras no termina nunca. Antes América era grande, antes España era un imperio, antes Inglaterra dominaba las olas, antes los reyes leoneses se inventaron la democracia, antes hablábamos nuestra lengua, antes éramos Tenochtitlan, antes éramos esplendor y califato, antes éramos la monda. Así que vuelven las elecciones: maravilloso momento donde jubilados y monjas seleccionamos a nuestros representantes para que nos libren de los okupas, los menas, la ETA y el lobo, que nos devoran porque ¿a quién le importan los alquileres, los peajes, las pensiones, el salario mínimo, la sanidad o la educación habiendo toros, apuestas, retos y munificentes, aunque asustadizos y timoratos, empresarios creadores de riqueza y sostenedores de rigurosos medios de comunicación hablados o escritos? La gente quiere las cosas por la cara. Juá.

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