No hagas caso al señor del otro lado de la cortina

146 Rodera 15022026   15 de febrero de 2026   ILEÓN

Hace cien años un conocido fue por primera vez a un restaurante de comida rápida Queen o King o Mac algo. No me acuerdo. Miró los carteles y vio lo de bacon, que le pareció enormemente exótico y norteamericano y se lo pidió:–Hostia, ¡si esto es panceta!–, dijo. Sigamos por la calle del recuerdo: los colores de la cuatricromía, los infinitamente ampliables medios tonos cuando NADA se imprimía en digital, los teléfonos tenían una rueda y estaban en un sitio. Uno. Con gente alrededor solo a veces. No había opción. Los módems hacían ruidillos. Ensordecedores ruidillos que le llenaban a uno de esperanza y optimismo. Oh, se entraba en contacto con la aldea global en la que iba uno a PARTICIPAR. ¡Subir cosas a la red! Tuve una calefacción de aire caliente, con conductos y respiraderos –que ahí siguen– por el techo. Metía un ruido de la hostia también –de hecho llamaba al artefacto la cale borroka–. Pero yo amaba ese ruido temblón: proclamaba orgullosamente su funcionamiento. La vibración y sonido de motores, compresores, grifos y tuberías me sigue oliendo a… victoria. Sobre todo cuando he cambiado una junta. Los ruidos de las teclas de la máquina de escribir... ¿A qué cuento o conseja vienen estas tontas anécdotas de viejales –si has oído la palabra viejales antes haz ya titular a uno de tus hijos en la cuenta del banco–? A que la mayoría de los acontecimientos me suenan al mismo deja vu una y otra vez, que decía el jugador de baseball Yogi Berra. Me iba a defender del extendido insulto a los que le tenemos manía a la música popular: que no la entendemos, afirman. Siempre ocurre: a los mayores nos parece ruido todo lo que no pertenezca a nuestra época (??). A ver, me parece ruido el dodecafonismo y es de mi puta época, incluso de antes. Pero no era ese el tema. ¿Cuál era? Eeeerm... Ah, sí. Tendemos a pensar que el tiempo, lineal, nos enseña cosas. Que la experiencia nos hace sabios. Lo que es contrastadamente falso. También hay teorías, más creíbles, sobre que en realidad no aprendemos, sino olvidamos: como empezar un libro e ir borrando con típex las líneas leídas hasta que queda en blanco del todo. Eso explicaría por qué los adultos no se diferencian mucho de los niños y los borrachos no se diferencian mucho de… los adultos. Viajamos en el tiempo y en el espacio. Sencillamente no tenemos otro remedio. Si pasan los años suficientes y los recuerdas es como haber vivido en otros planetas solo ligeramente diferentes. ¿Más listos? No. O a veces. Nueve semanas y media y Cincuenta sombras de Grey. Puerto Rico, my heart's devotion / Let it sink back in the ocean! A mí el perreo culón y el orgullo guajiro o lo que sea de Bad Bunny, cuando no fusila a la Sonora Matancera, me retrotrae al de Luis Aguilé o Georgie Dann. Eso cuando no habla de Jesusito de mi vida. Mientras Trump, Milei, Abascal, Maduro o los nostálgicos narradores españoles de memoria selectiva me traen a la cabeza épocas, personajes y desdichadas oratorias muy parecidas. Sep. Me acuerdo. A los que cometemos muchos errores se nos acaba enseguida el bote de tipex.

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