La Ruta de la N-VI busca reactivar la histórica carretera cambiando transporte por turismo

Toro de Osborne en la N-VI a la altura de Pradorrey.

“Cada uno se buscó la vida como pudo”. Podría decirse que a Paco Pascual le salieron los dientes en la Nacional VI. Su padre ya había regentado un hotel al pie de la carretera en Benavente (Zamora), desde donde se trasladó a Toral de Fondo, en el municipio leonés de Riego de la Vega. Allí, sin salirse del carril que conectaba Madrid con A Coruña, reconvirtió un pequeño bar en el Hostal Galicia, bautizado así precisamente por el destino del vial. Cuando abrió la Autovía del Noroeste (A-6), Paco tuvo que adaptarse. La forma de buscarse la vida fue girar el letrero del establecimiento para orientarlo hacia la nueva vía de alta capacidad. Ahora arranca un proyecto turístico que trata de dar una nueva vida a los 600 kilómetros de la N-VI, entre el Kilómetro 0 y la Torre de Hércules.

Unos kilómetros más al norte de Toral de Fondo, en Celada de la Vega (San Justo de la Vega), el Mesón Quiñones ya está implicado en la Ruta de la N-VI, una iniciativa surgida en la aceleradora de proyectos turísticos de la Xunta de Galicia y encauzada en el centro de coworking Pazo de Arenaza de la Diputación de A Coruña, al pie precisamente de la N-VI. Inspirada en la famosa Ruta 66 de Estados Unidos, tiene mucho más cerca y reciente un ejemplo de viabilidad: el que ofrecen los 20 millones facturados y 50.000 viajeros en 2021 del aprovechamiento de los más de 700 kilómetros de la Nacional II de Portugal. Una de las claves pasa por cambiar la perspectiva y sacarle brillo fotografiable a lugares de paso pasto de la “desolación”. “Aquí desdeñamos el patrimonio que tenemos”, lamenta el promotor y director del proyecto, Xosé Ramón Nóvoa, que comparte ilusiones con la responsable de Marketing, Silvia Vázquez.

Pili Romero y Richi Rozas llegaron hace unos días con su perro Bastian al Mesón Quiñones, un establecimiento de carretera que abrió como venta a principios del siglo XX. “Mucha gente llegaba entonces con carruajes”, dice José Quiñones, la cuarta generación de un negocio convertido luego en “un punto de referencia para transportistas” que creció al calor de una carta con platos estrella como las alubias blancas y los huevos con picadillo. A menos de un kilómetro de distancia del desvío de la A-6, todavía conserva a buena parte de sus clientes habituales. “Con la apertura de la autovía se notó un bajón del flujo, pero todavía mantenemos en torno a un 80% de la gente de toda la vida”, presume el responsable de un establecimiento que incorporó también fábrica de embutidos.

Los restaurantes de carretera tuvieron que buscarse la vida al abrir la A-6. El Hostal Galicia giró su cartel hacia la autovía. "Notamos un bajón, pero mantenemos un 80% de la gente de toda la vida", cuentan en el Mesón Quiñones

Pili y Richi no son de los clientes habituales del Mesón Quiñones. “Pero paramos y compramos cecina”, cuenta ella. Residentes en A Coruña, salieron a mediados de agosto de Madrid para regresar a su lugar de origen. Pero esta vez redujeron la velocidad por debajo de los 100 kilómetros por hora y lo hicieron por la N-VI en un viaje de cuatro días. Una jornada la dedicaron a la provincia de León. Tras pasar la noche en el Señorío de los Bazán de Palacios de la Valduerna, fotografiarse junto al mojón del kilómetro 320 y aprovisionarse de cecina, tomaron rumbo a Astorga, donde visitaron el Museo del Chocolate. “No tenía ni idea de que existiese. Yo soy arquitecta y me gustó el edificio”, expone Pili. Terminado el recorrido, optaron por refrescarse y comer de bocadillos en una playa fluvial del entorno.

Subir y bajar el Manzanal sin tráfico

La experiencia de tomar la N-VI a media mañana de un sábado de mediados de septiembre en Astorga tras la obligada parada para comprar hojaldres deja algunas sensaciones contradictorias más allá del cambio de paisaje para afrontar la transición hacia Galicia por la comarca del Bierzo. El estado del firme es variable, aunque quizá mejor de lo esperado. El tráfico es anecdótico, menor incluso que el de muchas carreteras secundarias de la provincia habiendo sido esta una vía principal. Sin cruzarse un solo coche se puede subir y bajar el Manzanal tras haberlo hecho unos kilómetros antes... con un vehículo de conservación de carreteras. El centro de mantenimiento queda justo tras coronar la cima (la segunda más alta de la ruta), junto a una estación de servicio abandonada y cerrada hasta con vallas. El cartel del Restaurante Puerto del Manzanal ya está perdiendo la pintura.

Las comparaciones resultan inevitables con el referente de la Ruta 66, que cruza Estados Unidos de costa a costa. “Son kilómetros y kilómetros de carretera (casi 4.000 en total), muchos de ellos por el desierto. Y uno de sus encantos está en los lugares abandonados”, expone Xosé Ramón Nóvoa. “Donde allí ven una foto aquí nos quedamos con la desolación. La Nacional VI lleva 20 años en el limbo. Y nuestro propósito es el de dar una nueva vida a lugares que quedaron parados en el tiempo”, señala con la sugerencia de reconvertir algunos lugares incluso en centros de interpretación. Los iconos también quedaron a desmano con los avances. Y por eso ahora sorprende toparse en Pradorrey con el toro de Osborne a tamaño natural en lugar de la versión 'reducida' que ofrece a la vista en el fugaz paso por la A-6.

"La Nacional VI lleva 20 años en el limbo. Queremos dar una nueva vida a lugares que quedaron parados en el tiempo", dice el promotor sin evitar comparaciones con la Ruta 66: "Donde allí ven una foto aquí nos quedamos con la desolación"

Reconvertirse, sobrevivir o morir fue lo que tuvieron que hacer la mayoría de restaurantes de carretera, muchos de los cuales acabaron cerrando sus puertas al entrar en servicio la A-6. “Nosotros no lo notamos tanto porque estamos más enfocados al turismo de la zona y de paso”, apunta el responsable del Hostal Galicia (con dos salidas cercanas desde la autovía), acostumbrado a buscar nichos de mercado habida cuenta de que las escasas dimensiones de su aparcamiento han limitado la parada de transportistas. “Nosotros nos beneficiamos de estar en un punto estratégico, en la mitad del trayecto”, admiten desde el Mesón Quiñones.

Tras refrescarse y comer en una playa fluvial en el entorno de Astorga, el siguiente hito en el camino de los viajeros fue Ponferrada. El Castillo de los Templarios resulta parada obligada. Más a desmano queda La Fábrica de Luz. Museo de la Energía. Como en el caso del Museo del Chocolate, Pili Romero quedó encantada tanto por el contenido como por el continente. “Me llamó la atención. Nunca había estado en una central térmica”, admite. “El turismo industrial es para nosotros también un activo”, subraya Xosé Ramón Nóvoa tras destacar que Ponferrada fue una de las primeras localidades de fuera de Galicia en mostrar interés en el proyecto.

“Nos parecía un proyecto interesante para desarrollar la zona y fortalecer su plano turístico. Queremos que pueblos que antes tenían vida puedan volver a tener tránsito”, cuenta el secretario de Organización de Coalición por El Bierzo, Raúl Rodríguez Canca, con la esperanza de que esta iniciativa sirva de reguero de nuevas oportunidades para municipios lastrados por el cierre de la minería del carbón que puedan ofrecer plazas de alojamiento. Rodríguez Canca, que fue el primero en llamar y mediar para suscitar un incipiente contacto con el Ayuntamiento de Ponferrada, recuerda de su infancia los viajes maratonianos desde Galicia hasta Andalucía con un R-5 en los años ochenta trazados en parte por aquella carretera principal ahora arrinconada.

La semana laboral termina para el transportista Silverio Alba al pie de la N-VI, en las inmediaciones del Hotel Novo de Ponferrada, donde aparca el camión hasta retomar la actividad tras el descanso. Ahora su ruta habitual queda ya lejos de esta arteria, en la que cita de memoria un buen puñado de lugares de parada habitual sin saber cuántos permanecerán abiertos. Alba vivió la transición con la apertura de la A-6, que ahora deja a la N-VI como recurso residual. “Te sales para parar si no es muy engorroso. Si no, estás perdiendo tiempo. Y tienes que aprovechar el tiempo de conducción. A veces sientes tristeza de no poder parar a comer en sitios en los que ya conocías a los dueños”, cuenta por teléfono en la frontera con Francia ahora que transita la ruta internacional.

Uno de los activos de la Ruta de la N-VI es la gastronomía hasta incluso poder remedar el juego de la oca en su trazado al encadenar el cocido madrileño con el maragato y el gallego

Con la jubilación en el horizonte, ¿sería la Ruta de la N-VI un buen destino turístico para quien la conoce al milímetro pero apenas en términos laborales? “Yo estaría encantado de hacerla. La vida vista por nosotros es muy diferente”, responde con el convencimiento de que la gastronomía juega a favor del rédito que la provincia de León podría sacar si la vía se consolida como recurso turístico sin esconder que el encarecimiento de la vida también se nota en los restaurantes de carretera para recurrir finalmente a una frase hecha tomada como axioma a la hora de elegir dónde parar al mediodía: “Antes siempre se decía que donde hay un camión parado es que se come bien”.

Nuevos recursos como el enoturismo

La gastronomía supone, de hecho, otro atractivo para la Ruta de la N-VI, que podría hasta remedar el juego de la oca en su trazado al encadenar el cocido madrileño con el maragato y el gallego. Xosé Ramón Nóvoa enlaza esta idea y profundiza hasta sugerir un “planteamiento desestacionalizado que vaya más allá del verano” aprovechando otros recursos que ofrece la naturaleza como el otoño en ciertos puntos sobre todo en la comarca berciana ahora que, por ejemplo, “las bodegas casi se han convertido en museos” a base de potenciar el enoturismo.

La Moncloa de San Lázaro en Cacabelos, precisamente uno de los espacios que fomenta las experiencias de carácter enoturístico, fue la siguiente parada en el viaje de Pili, Richi y Bastian. Tuvieron, para ello, que salirse de la ruta central y transitar por el ramal de la antigua carretera Madrid-Coruña (nominalmente LE-713), la “abuela” de una conexión que tuvo su “hija” en la N-VI y su “nieta” en la A-6, ilustra Nóvoa, quien recomienda salirse de la órbita del trazado para disfrutar incluso de encantos como una visita a Las Médulas. “Era una parada que habíamos barajado. Pero no nos daba tiempo a todo”, asume Pili.

La hoja de ruta marcaba hacer el viaje en cuatro días. “Teníamos un compromiso al día siguiente. De no ser así, a lo mejor le habríamos dedicado más tiempo al paso por la provincia de León”, cuenta Pili al terminar de relatar el trayecto de una jornada que terminó en un sitio conocido, pero esta vez de otra manera: el Hotel Valcarce, en el municipio de Vega de Valcarce. “Hemos parado unas cuantas veces de camino a Madrid. Pero nunca habíamos pensado en dormir allí. Y está muy bien”, añade, satisfecha con una experiencia en la que su pareja también pudo disfrutar recordando lugares de paso habituales de su padre, que fue transportista de profesión.

“Creo que es una iniciativa bonita la de que la gente sepa por dónde circulaban las generaciones anteriores”, proclama José Quiñones con la esperanza de que se convierta en un aliado complementario al que ahora suponen las redes sociales para compensar el déficit de tráfico rodado. Y la Ruta de la N-VI, que trabaja en la elaboración de una guía y un sistema de seguimiento y la entrega de una credencial con la vista puesta en presentar oficialmente el proyecto en otoño y darle viabilidad económica a través de paquetes de viaje, patrocinios y merchandising, aboga incluso por recuperar la nomenclatura clásica ahora que ya hay cartelería de paso que ya la identifica como N-6. El objetivo es que volver a transitar la N-VI sea sinónimo de disfrute y no de trastorno por el derrumbe de un viaducto en la A-6.

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