Pedalear con ayuda: lo que dice la ciencia sobre las e‑bikes de montaña

Bicicleta eléctrica de montaña en plena acción.

EFE

24 de enero de 2026 18:04 h

Las bicicletas de montaña eléctricas pueden permitir mantener niveles de ejercicio beneficiosos para la salud similares a los de una bicicleta convencional, siempre que se utilicen con una asistencia moderada y en función del terreno. Así lo sugiere un estudio que acaba de ser publicado en la revista científica 'Retos', que analiza por primera vez en condiciones reales cómo cambia la respuesta física al pasar de una bicicleta de montaña tradicional a una eléctrica.

La investigación, liderada por el profesor de la Universidad de León (ULE) Juan Carlos Redondo Castán, junto a investigadores de las universidades de Valladolid y Europea Miguel de Cervantes, se ha llevado a cabo con un diseño longitudinal y ecológico, es decir, fuera del laboratorio y en rutas reales de montaña.

Durante 16 semanas se registraron de forma detallada los parámetros fisiológicos de un ciclista recreativo que alternó una bicicleta convencional con una bicicleta eléctrica de montaña configurada en distintos modos de asistencia.

El trabajo partía de una pregunta cada vez más presente entre aficionados al deporte y la salud: ¿las bicicletas eléctricas, cuyo uso se ha disparado en los últimos años, reducen tanto el esfuerzo que dejan de ser una actividad física saludable? La respuesta, según los autores, no es sencilla y depende en gran medida de cómo y dónde se utilicen.

Los resultados muestran que los modos de asistencia más moderados -especialmente el modo 'eco', que aporta en torno a un 60% de ayuda al pedaleo- permiten alcanzar intensidades de ejercicio de moderadas a vigorosas, equivalentes a las recomendadas por las guías internacionales de actividad física para adultos.

Parámetros científicos

En estas condiciones, la frecuencia cardíaca y la potencia desarrollada por el ciclista se mantuvieron en rangos comparables a los registrados con una bicicleta de montaña convencional.

Además, en terrenos exigentes, como las subidas con pendientes pronunciadas, incluso algunos modos asistidos alcanzaron esfuerzos cercanos al umbral funcional del ciclista, un indicador habitual del ejercicio intenso y de mejora cardiovascular. “La pendiente juega un papel clave, y la asistencia no elimina necesariamente el esfuerzo cuando el terreno se complica”, señalan los investigadores.

Por el contrario, los modos de asistencia más altos o el uso libre del motor, especialmente cuando se busca mantener la velocidad sin esfuerzo adicional, reducen de forma clara la carga fisiológica. En estos casos, el estudio constató una disminución significativa de la frecuencia cardíaca y de la potencia generada, lo que implica un menor estímulo físico.

El trabajo destaca que la bicicleta eléctrica de montaña no sustituye automáticamente a la convencional en términos de entrenamiento, pero sí puede ser una herramienta válida para mantener una actividad física saludable, especialmente en personas mayores, con menor condición física o que buscan reducir el impacto de lesiones previas.

“No se trata de afirmar que ambas modalidades sean equivalentes, sino de mostrar que, con un uso adecuado, la bicicleta eléctrica puede contribuir a cumplir las recomendaciones de actividad física”, subrayan los autores.

Percepción subjetiva del esfuerzo

Otro de los aspectos relevantes es que la percepción subjetiva del esfuerzo se mantuvo estable entre modalidades cuando el ciclista regulaba la asistencia de forma consciente, lo que sugiere que el control del esfuerzo sigue siendo posible con este tipo de bicicletas.

Los investigadores insisten en que se trata de un estudio exploratorio de caso único, lo que limita la generalización de los resultados, y apuntan a la necesidad de ampliar la investigación a muestras más amplias y diversas. Aun así, consideran que los datos aportan evidencias valiosas en un contexto en el que el uso de bicicletas eléctricas crece de manera acelerada y genera debate sobre su impacto en la salud.

Desde una perspectiva de salud pública, el equipo destaca que las bicicletas eléctricas de montaña pueden ampliar el acceso a la actividad física al aire libre y favorecer la adherencia al ejercicio, siempre que su uso no elimine por completo el esfuerzo. En ese equilibrio entre ayuda mecánica y exigencia física, concluye el estudio, está la clave de su potencial saludable.

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