Fuerza y ganas entre las cenizas

Incendio Castrocontrigo, agosto 2012

I.R.

Toca mirar hacia delante. Desde que el domingo por la tarde se desató la alarma en Castrocontrigo, la tensión, los nervios, la angustia y el desasosiego han acompañado a los habitantes de La Valduerna y La Valdería al ver cómo ardían sin control sus montes en el peor incendio que ha sufrido la provincia de León. La cifra oficial de superficie quemada ronda las 10.000 hectáreas; los que han visto reflejado el fuego en sus ojos calculan que muchas más, pero es hora de mirar al futuro, de plantear cómo van a salir de esta.

Y hay quien entre tanta declaración de catástrofe, tragedia y desastre, tanta manifestación política cruzada, prefiere poner un punto de optimismo para seguir luchando, sin quitarle importancia a lo que ha pasado, pero con el convencimiento de que no serán las lágrimas las que limpien las cenizas sino su propia fuerza. Son personas que hundieron tanto las raíces en la tierra a la que aman que es imposible que estas ardan y por ellas, las de sus hijos y las de sus nietos están dispuestos a pelear.

Marisa Rodríguez es una de estas personas. Hace cinco años que puso en marcha junto a otras cuatro mujeres de Tabuyo una cooperativa para elaborar los productos que ofrecía su monte, 'Del Monte de Tabuyo'. Lo han hecho siempre de una manera respetuosa y ecológica y desde entonces no han dejado de recibir premios y reconocimientos.

A Marisa el incendio la pilló de vacaciones, pero ha sufrido cada instante como si estuviera allí. Lo único bueno que ha tenido la distancia -cree- es que le ha permitido la perspectiva necesaria para analizar la situación. “Ahora queda todo, volver a empezar, y se ha quemado el monte pero tenemos el material humano”, asegura. “Esto también nos tiene que hacer pensar, últimamente no oigo más que peticiones para agravar las penas a los pirómanos, pero no es solo cuestión de prohibir, sino también de fomentar el amor hacia el monte”, explica. “No podemos lamentarnos tanto, tenemos que luchar para que dentro de unas generaciones esto vuelva a ser lo que hemos conocido”, asegura. “Tengo una nieta y voy a esforzarme por que puedan seguir viviendo aquí”.

La cooperativa de la que forma parte Marisa cuenta también con un restaurante en la localidad. Irán sufriendo las consecuencias, habrá menos setas, tendrán que buscarlas en otros montes, pero pone la esperanza en la gente -en la de aquí y la de fuera- para que se reconduzcan las cosas. “No nos vamos a quedar de brazos cruzados y tampoco vamos a pedir limosna, solo el apoyo y la solidaridad de la gente, que es lo que hemos sentido estos días”, asegura.

Un balance por hacer

De la misma opinión es Ignacio Abajo. Tiene 29 años y desde hace uno se encargaba con otros seis jóvenes a resinar los pinos de la zona. Vieron en ello una salida viable dentro de la crisis económica y una forma de quedarse en su localidad natal. Hace algunos meses cuatro de ellos montaron una cooperativa para estar mejor organizados.

Ahora tendrán que volver a empezar. “Todavía no hemos tenido demasiado tiempo para pensar, no hemos hecho balance de pérdidas”, asegura. Es realista en cuanto a que sabe que la actividad resinera requiere pinos grandes, lo que quiere decir que habría que esperar unos 50 años para que crezcan si se plantasen ahora. Pero no se hunde. “Seguiremos aprovechando la resina, las setas o todo lo que pueda darnos esta tierra; Tabuyo tiene muchos recursos”, advierte.

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