El festival Samhain de Rioscuro, una alternativa a Halloween made in Laciana

Festival de Sanhain en Rioscuro (Villablino). / Katerin Álvarez Díez

El festival de Samhain celebrado el domingo en Rioscuro (Villablino) ha tenido una gran acogida por parte de los ciudadanos. Todas las actividades programadas completaron los aforos establecidos y las realizadas en los interiores no dispusieron de la capacidad física necesaria para acoger a todos los asistentes que pretendían participar.

La tercera edición del Festival Samhain, uno de cuyos objetivos es desplazar al Halloween y crear una celebración más propia y adecuada a los usos y las tradiciones locales, con actividades como las programadas muy enraizadas con la cultura popular del territorio. En las que participaron asociaciones culturales locales, poniendo de relieve y mostrando lo que les es propio y natural.

La intensa lluvia que descargó hasta mediada la mañana no retrajo a los participantes en las dos rutas matutinas, una guiada por las monitoras municipales de tiempo libre hasta las ruinas arqueológicas del Castro de La Muela; y otra por la localidad de Rioscuro, con guía local, Genaro, miembro de la Asociación Cultural Vilforcos (nombre de una de las brañas del pueblo), para enseñar la arquitectura peculiar y rural, con visita a los interiores para conocer una cocina de fuego en el suelo o aprender la receta de castañas en almíbar, que les dio Vitorina, una de sus vecinas.

Al regreso ya estaban instalados los puestos del mercado de productos artesanales, tanto en el interior como en el exterior del edificio del Centro de Interpretación de Los Castros, que fue el eje central que acogió o desde el que se iniciaron todas las actividades.

También, para los niños hubo un paseo por el pueblo acompañados por los miembros del grupo de teatro El Escarpín, que hicieron sus delicias con acertijos (cutxichinas), cuentos ia cuentines en patxuezo. Y terminaron con talleres de actividades en la planta superior del edificio.

La tarde estuvo también cargada de acontecimientos, un taller para aprender trabajar la lana, a cargo de Elu, que ya tenía completadas las inscripciones hacía semanas. Mientras en el exterior Ovidio preparaba el magosto de castañas para repartir de forma gratuita. Y una vez finalizado el taller un calecho sobre tradiciones locales ocupaba el espacio interior, coordinado por Miguel Ángel González, Ricardo Escobar y Ricardo Chao, de la Asociación Faceira.

Todo esto era el preámbulo a un fin de fiesta musical que desempolvó las ganas de celebraciones acumuladas de los ciudadanos, quienes incluso se atrevieron a emprender los pasos de baile tradicionales y los 'iujujús', típico grito de 'guerra' de las bailadoras y cantoras de antaño. La música y los cánticos los pusieron dos dúos, uno femenino, Txacianiegas (integrado por las hermanas Raquel y Laura), y otro masculino, Buxane (cuyos componentes son Sabugo y Sergio).

Antes de la traca final hubo un reposo para reponer fuerzas, con unas buenas patatas brañeiras (cachelos cocidos con tocino frito y rehogados con ajo y pimentón fritos en la grasa del tocino, algunos les añaden algo de verdura cocida), regalo de la Asociación Vilforcos, para todos los asistentes. Una perversión alimenticia, que contradice todas las normas y pautas modernas de la alimentación, pero si los que las dictan supiesen lo buenos que están, seguro que pecaban a escondidas. Tampoco faltaron los fixuelos de las mujeres de la Asociación Buenverde.

El punto final lo puso un experimento musical de la DJ lacianiega, Topanga Kiddo, mezclando música tradicional con sonidos electrónicos en algo inusual, que despertó el interés de muchos asistentes y en otros provocó gestos de satisfacción y aprobación, por poder disfrutar de unos sonidos y compases diferentes.

La organización del evento, a cargo de los responsables del Proyecto Camminus del Ayuntamiento de Villablino, trató de conocer el origen de los asistentes, para tener una aproximación sobre el poder de convocatoria de este evento. Y pudo saber que la mayoría eran locales y el resto de procedencias por orden en cantidad decreciente, Asturias, Galicia, León y Ponferrada. Entre muchos de ellos se repartieron 250 ejemplares de una primera edición de mapas colaborativos de Laciana, con ubicación de lugares de interés turístico y también comercial.

Para la decoración del edifico y el entorno contaron también con colaboraciones desinteresadas, que ayudaron a adecuar el edificio con una agradable y esmerada ornamentación y distribuyeron por él y los alrededores más de 1.000 velas.

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