Descubren un proyecto de autonomía de Asturias con la Región Leonesa redactado durante la Guerra Civil
Siempre se dijo tras la aprobación de la Constitución de 1978 que una de las autonomías que podrían haberse constituido, en vez de la actual de Castilla y León, podría haber sido la de Asturias y León. Una opción que no tuvo mucho apoyo en la provincia leonesa (pese a lo que se cree), pero que la leyenda afirma que nunca llegó a ser por haberse convertido en una comunidad siempre de izquierdas al tener tanto minero.
No es que fuera así la cosa –así como que tampoco es que hubiera sido tan beneficiosa para León, al concentrar Asturias todo el impulso político y económico–, pero en lo que es el ideario que ensalza hasta la Revolución de 1934 (que se produjo durante diez días también en León, pese a que sólo la parte asturiana se lleva la gloria), siempre quedó en el recuerdo pese a que se olvide muchsa veces que recordar positiva y románticamente un momento como aquel –con muchos muertos y destrucción–, sea un presentismo inadecuado para el estudio histórico.
La última vez que León fue soberana por sí misma lo fue en 1937 gracias al Gobiernín, aquel momento en que el Consejo Soberano de Asturias y León se creó en agosto de aquel año justo antes de caer el Frente Norte en manos del Ejército sublevado comandado por Francisco Franco. Y, de aquellas, el relato de una unión política y administrativa entre Asturias y León siempre fue algo que llamó mucho la atención.
Pues bien, resulta que pese a que nunca se creyera posible que se intentara desarrollar una autonomía así, sí que fue verdad. Al menos se intentó. Algún legislador intentó definir una autonomía asturleonesa durante los estertores de la Segunda República... compuesta –más que sorprendentemente hoy en día– por cuatro provincias. Sí, incluía Asturias, León, Zamora y Salamanca en un proyecto de Consejo Regional de Asturias y León que se acaba de localizar en el Archivo General Militar de Ávila.
El hallazgo, del que se ha hecho eco La Nueva España, se produjo en una de las cajas de legajos del archivo abulense, cuando el historiador Pablo Martínez Corral, miembro del colectivo de investigación La Trókola –un colectivo e iniciativa de memoria histórica de Avilés (Asturias) enfocado en recuperar, investigar y difundir el pasado de la clase obrera, la represión franquista, la Guerra Civil y la Revolución de Octubre de 1934–, se quedó maravillado al encontrar un documento escrito a máquina titulado nada menos que 'Estatuto del Consejo Regional de Asturias y León', según cuenta el periódico asturiano.
18 artículos para una primera autonomía asturleonesa “en castellano”
El documento, compuesto por 18 artículos y varias disposiciones transitorias –y que el propio Pablo Martínez Corral ha compartido íntegro en la web Asturias1936.es–, constituye el primer proyecto conocido de un estatuto de autonomía conjunta para Asturias y la Región Leonesa. El texto ha permanecido inédito entre la documentación del Consejo Regional y su articulado plantea una organización política de gran alcance y con un claro espíritu revolucionario socialista que nunca llegó a entrar en vigor.
Un detalle que choca bastante es la contundencia del artículo 2 en indicar que el idioma oficial del Consejo Regional de Asturias y León era “el castellano”. Sin embargo esto es debido a que es bastante desconocida la imposición del castellano como lengua oficial y el ataque denodado al asturleonés desde tiempos, precisamente, de la Segunda República, que en su política educativa fue frontalmente contra la lengua histórica de la zona considerándola poco menos que “español mal hablado”, produciéndose debido a la fuerte escolarización los primeros controles abusivos en las clases, con castigos corporales a los niños, dedicados a erradicarla de raíz. Política que continuó sin denuedo la dictadura tras la guerra.
La importancia del descubrimiento radica en que demuestra que el autogobierno impulsado desde Asturias durante la contienda no fue únicamente una respuesta improvisada a las circunstancias militares. El proyecto revela que algunos sectores vinculados al Consejo pretendían transformar la administración excepcional nacida de la guerra en una estructura política permanente integrada dentro de la Segunda República. Eso sí, como subrayan los investigadores hay que tener en cuenta de que al carecer de fecha, firma o constancia documental de su aprobación, debe hablarse con rigor de un proyecto de Estatuto y no de un estatuto vigente. Es decir, un documento muy interesante pero sin validez como el proyecto de la Constitución de la Primera República o la mal llamada Ley Perpetua de Ávila (ya que ninguno de esos documentos llegaron a aprobarse jamás).
Los pergeñadores del documento no se cortaron un pelo y lo tenían bien claro: se habla de Asturias y la Región Leonesa en su integridad. Pretendían organizar institucionalmente la autonomía de un territorio mucho más amplio que la actual comunidad asturiana. Su primer artículo proponía constituir una Región Autónoma sobre la base del histórico reino asturleonés, integrada por las provincias de Oviedo, León, Zamora y Salamanca, con un órgano representativo denominado Consejo Regional de Asturias y León. Aquella delimitación iba mucho más allá del territorio controlado entonces por la República y evidenciaba que sus redactores confiaban en una futura victoria republicana que permitiera implantar una organización estable para todo ese espacio histórico.
Presidente y Consejo de Comisarios
El proyecto diseñaba una arquitectura institucional propia. El poder quedaría repartido entre unas Cortes regionales, un presidente del Consejo Regional y un Consejo de Comisarios como órgano ejecutivo. El parlamento autonómico ejercerían la función legislativa, mientras que el presidente representaría institucionalmente a Asturias y León ante la República.
Además, el Estatuto contemplaba una Hacienda propia, un Tribunal de Casación, servicios de Policía y Orden Interior, así como amplias competencias administrativas, económicas y sociales, configurando un auténtico gobierno autonómico y no una simple descentralización administrativa.
Marcado carácter socialista expropiador
El modelo político previsto tenía un marcado carácter social. Lo que en aquellos tiempos era socialismo. Las competencias que hubiera tenido la autonomía asturleonesa de haberse aprobado así incluían obras públicas, ferrocarriles, carreteras, puertos, agricultura, montes, minería, sanidad, enseñanza, seguros sociales y gestión de los recursos naturales.
Incluso reconocía expresamente facultades para la expropiación y la socialización de empresas y riquezas naturales, mientras reservaba al Estado materias como las relaciones exteriores, las fronteras o la autorización para recurrir al crédito extranjero.
Esa distribución competencial confirma, según el investigador Martínez Corral, que el proyecto planteaba una autonomía muy amplia, aunque plenamente integrada en la República española y alejada de cualquier planteamiento independentista; demostrando que la soberanía de agosto a octubre de 1937 fue circunstancial debido al aislamiento que tuvieron Asturias y la zona de la cordillera Cantábrica del norte de la provincia leonesa tras la caída del País Vasco y posteriormente Santander en manos de las tropas nacionales.
Redactado en el Frente Norte durante la Guerra Civil Española
La Guerra Civil fue el elemento decisivo que hizo posible la aparición de este proyecto. Tras el golpe militar de julio de 1936, el aislamiento del territorio republicano del Norte obligó a las autoridades locales a asumir funciones que normalmente correspondían al Gobierno central. Primero surgieron comités y organismos de guerra y, posteriormente, el Consejo Interprovincial de Asturias y León, constituido el 24 de diciembre de 1936 (la última vez en que parte de León, junto a Asturias, intentó soberanía por sí misma como había ocurrido 120 años antes durante la Guerra de Independencia contra Napoléón), fue acumulando competencias sobre economía, abastecimiento, transportes, sanidad, justicia, orden público e incluso la dirección de la guerra.
Aquella autonomía de facto nació, por tanto, de la necesidad de gobernar un territorio prácticamente incomunicado con Valencia, que era entonces la capital de la Segunda República tras el traslado desde Madrid. Tras la sublevación, la provincia de León quedó partida en dos con Asturias y el norte de León en zona republicana en lo que se llamó el Frente Norte, que aguantó poco más de un año. Y el proceso de autonomía y soberanía alcanzó su paroxismo el 24 de agosto de 1937, cuando el Consejo Interprovincial se proclamó Consejo Soberano de Asturias y León, concentrando las competencias civiles y militares. Provocando las iras del presidente republicano Manuel Azaña, que poco menos que dijo que Belarmino Tomás, el que fuera su presidente, “se había vuelto loco”.
Sin embargo, el documento descubierto demuestra que esa declaración soberana no era el objetivo final. Mientras la proclamación respondía a una situación militar desesperada, el Estatuto aspiraba a dotar de continuidad jurídica y estabilidad institucional a la experiencia de autogobierno desarrollada durante la guerra. En otras palabras, El Gobiernín (que fue como se llamó popularmente a ese Consejo Soberano de Asturias y León) pretendía que la autonomía sobreviviera al conflicto mediante un marco legal permanente.
Pero poco tiempo tuvo El Gobiernín ya que en menos de dos meses la ofensiva del Ejército franquista sobre el Frente Norte hizo que cayera el 21 de octubre de 1937, frustrando aquellas aspiraciones y quedando el documento en cajas que fueron enviadas a Ávila y que se descubre ahora, casi 90 años después, como una verdadera curiosidad legislativa localizada por un impenitente investigador asturiano.
El aislamiento del Frente Norte, el avance de las tropas sublevadas y la caída de Asturias apenas dos meses después de proclamarse el Consejo Soberano impidieron culminar el proceso autonómico. Aunque partes de León y Asturias mantuvieron también de facto una curiosa autonomía frente al régimen dictatorial de Franco en una España devastada, continuando la Cordillera Cantábrica como zona del frente del maquis antifranquista.
El documento recién localizado en las cajas del archivo abulense muestra un curioso proyecto que nunca llegó a debatirse oficialmente ni a remitirse al Gobierno de la República, quedando sepultado entre los legajos de una documentación militar olvidada durante casi un siglo. Nueve décadas después, su recuperación permite conocer que, en plena contienda, existió un intento serio de convertir el autogobierno nacido de la emergencia bélica en una autonomía estable para Asturias y la Región Leonesa dentro del Estado republicano de los años 30 del siglo XX.
Y que da pábulo a esa autonomía asturleonesa que parece más de cuento que de realidad, aunque ha pasado de mítica y legendaria a una vieja aspiración que no pudo ser gracias al descubrimiento de este excepcional documento.