Fiesta paleolítica en el eclipse, ilustración del verano de la arqueóloga leonesa Esperanza Martín para Altamira

Un detalle de la ilustración de verano de Esperanza Martín para Altamira.

Jesús María López de Uribe

La arqueóloga de origen vasco afincada en León Esperanza Martín ha entregado la tercera ilustración para recrear el pasado de los habitantes de la Cueva de Altamira, referente al verano dentro del programa colaborativo 'Redibujando Altamira: Más allá del relato único'.

Martín, nacida en San Sebastián pero formada en la Universidad de León y residente en la provincia leonesa, es una profesional de la arqueología de reconocido prestigio cuyas excavaciones en los campamentos romanos de gran altitud en la Vía de la Carisa, y, últimamente, la de Lucus Asturum (Lugo de Llanera) cuyo trabajo ha hecho merecedor de que se nombre el yacimiento por parte del Principado de Asturias como Bien de Interés Cultural. Sus descubrimientos en enterramientos medievales en este lugar, que han llamado la atención a expertos internacionales, la ha posicionado entre una de las mejores de esta disciplina en España. Además, también es una reconocida ilustradora científica, con trabajos de todo tipo, incluso en el Museo Arqueológico Nacional; ya que se encargó de recrear las imágenes del pasado en la exposición temporal 'Alas para la Guerra' en 2025 dedicada a los cascos ibéricos de Aratis.

Elegida esta temporada por el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira para ilustrar cómo vivirían los seres humanos que efectuaron las pinturas de la famosa cueva paleolítica, esta es la tercera imagen que aporta a este objetivo, de las cuatro que tiene encargadas. Esta iniciativa, respaldada por el equipo científico del centro, aplica la perspectiva de género para actualizar la visión tradicional del Paleolítico Superior, superando los viejos mitos de “los hombres cazando y las mujeres pasivas en la cueva” para visibilizar la vida cotidiana y el papel activo de mujeres, niños, jóvenes y ancianos en la supervivencia de los grupos.

Esperanza Martín ya había entregado dos trabajos: el primero mostrando a unos niños sonriendo viendo caer la nieve para la imagen de invierno, y el segundo, el momento del parto para mostrar la primavera en una alegoría al nacimiento y florecimiento de la naturaleza. Le queda la de otoño, que se expondrá en la entrada del museo como se ha hecho con las anteriores.

Una ilustración con motivos astronómicos

El Grupo de Trabajo de Género del Museo de Altamira indica que la intención de esta tercera ilustración era “ambientar la escena con un tema especialmente ligado con la astronomía, y que además iba a ser protagonista con distintas experiencias en nuestra propia programación cultural”.

“Evidentemente, el eclipse solar total que tendría lugar el 12 de agosto nos llevó a reflexionar sobre cómo se habrían percibido estos fenómenos en los tiempos de Altamira. Y por ello, el momento final de un eclipse en su último contacto recibe todo el protagonismo en esta imagen, acompañando una escenografía que es completada por este grupo de personas, que asiste al episodio con especial emoción, al abrigo de la cueva”, exponen, celebrando que “nuevamente, la maestría de Esperanza Martín para realizar la obra consigue transmitir otra idea que buscábamos, la del sonido, la de la música, que pudieron formar parte de estos momentos”.

Para los miembros de este grupo colaborativo —compuesto por todos los trabajadores del museo– hay un motivo fundamental que es facilitar la comprensión de la prehistoria desde la perspectiva de género: “Como siempre, estas escenas son solo una excusa para centrar nuestra mirada en lo que verdaderamente atrae la atención de nuestro grupo de trabajo. Es decir, las personas. Las relaciones interpersonales vuelven a ser nuestra referencia, abriendo aquí una ventana a mirar e interpretar las relaciones afectivas entre personas del mismo sexo, a las que como sabemos, la historiografía apenas ha dedicado esfuerzos ni atención”.

La ilustración completa de Esperanza Martín para el verano en Altamira.

El grupo colaborativo de género del Museo de Altamira desarrolla un programa basado en la creación trimestral de ilustraciones científicas, elaboradas junto a artistas y revisadas por el equipo del centro para garantizar su rigor, y en un proyecto educativo que utiliza estas imágenes en actividades dirigidas a centros de infantil, primaria, secundaria y la Universidad. La iniciativa alcanzó el último año a unos 36.000 participantes y cuenta con materiales específicos para alumnado y profesorado, con el objetivo de promover una nueva mirada sobre la Prehistoria.

“Además, en esta escena veraniega, ahondamos en la interpretación de la cueva de Altamira como un lugar de agregación, un espacio conocido entre los distintos grupos más o menos extensos que se moverían por el territorio y que, en ocasiones, podrían utilizar Altamira como lugar en el que juntarse, intercambiar ideas, conocimientos, espacios, materiales y tiempos, compartiendo, disfrutando e, incluso, generando nuevas relaciones interpersonales”, terminan.

Etiquetas
stats