Lo que ha cambiado en Ceuta

Ataque al coche de la diputada Julia Ferreras en Ceuta.

Quien quiera que haya planeado lo de Ceuta ha sabido manejar perfectamente las palancas de la ingeniería social. No se trata ya de si invaden o no un trozo de España y de mostrar nuestra absoluta debilidad ante una contingencia de este tipo, sino de cambiar la mentalidad y la percepción de un país entero sobre un tema tan sensible como la inmigración y la solidaridad con el inmigrante.

Porque eso es lo que ha sucedido: en los foros de derechas están más crecidos que nunca y en los de izquierdas se ha roto la antigua unanimidad al respecto. Ahora, a la mayor parte de la masa social le da igual ya que le llamen racista, facha o lo que sea: quiere que echen a esa gente, que la echen cuanto antes, y si pudiese ser a palos, mejor. Ese es el pulso que he tomado en muchos lugares y que me parece difícil de negar.

La mayoría social está ahora contra las fronteras abiertas. La mayoría social está en contra de contemporizar, preguntarles a los inmigrantes lo que quieren y atender a sus deseos. De esto a volverse favorables a abrir fuego contra el que viole la frontera sólo hay un par de pasos y un par de invasiones más. Un accidente. Un par de pirados. Poca cosa.

Los que nos querían arrastrar a un conflicto, pueden estar de enhorabuena, porque el conflicto ya está aquí. Los que defendían la ingenua postura de que la inmigración es riqueza están en plena retirada a la vista de cómo nuestros vecinos nos lanzan esa riqueza en riadas, a sabiendas de que son nuestras leyes las que nos mantienen indefensos.

Algo ha cambiado con lo de Ceuta, y posiblemente sea para una larga temporada. Y se trata además de algo visceral, reptiliano, que no atiende a razones, y que se llevará por delante otros muchos logros si la España progresista vuelve a dar la espalda a la gente de la calle o se limita a insultar a los que están enfadados.

Lo realmente cabal y prudente sería cruzar a toda esa gente a la península y dejarlos que se disgreguen por Europa, generando un efecto llamada de libro, para hacer lo mismo una y otra vez hasta que Europa se involucre en el problema. El problema, una vez más, es que en todo el continente ha sonado la misma alarma y no tardarían en hacernos cargar a nosotros con ese mochuelo. Porque ahora ya la mayoría social considera a toda esa gente un mochuelo, una carga, una lacra y un enemigo.

Esa es la puerta que se ha abierto. Y es jodida de cerrar.

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