El centenario de la muerte de Antonio Gaudí, el genial arquitecto con dos de sus grandes edificios en León y Astorga

El Palacio Episcopal de Astorga y la Casa Botines en León son los edificios de Gaudí en la provincia.

“El modernismo cabe en Gaudí, pero Gaudí no cabe en el modernismo”. Esta frase de Josep Bassegoda explica la excepcionalidad absoluta del genial arquitecto catalán, del que el pasado 10 de junio fue el centenario de su fallecimiento.

“Gaudí no es modernista ni neogótico; es, simplemente, Gaudí”. Esta es la frase que añade siempre que cita la anterior uno de los mayores expertos en Antoni Gaudí i Cornet (Reus, 1852), el leonés César García Álvarez, profesor de Historia del Arte en la Universidad de León y que –como ILEÓN dejó bien claro en el reportaje que se puede leer en el enlace con el que está completamente de acuerdo con él–, ha defendido siempre que Botines no tiene nada de neogótico o modernista.

Un diez de junio de 1926, mientras el arquitecto estaba recaudando fondos para la construcción de su obra vital (la Sagrada Familia), un tranvía lo atropelló y lo mató. “Conmemoramos, no celebramos, como he oído por ahí, el fallecimiento de quien es uno de los españoles más universales y con toda seguridad –lo he dicho en muchísimas conferencias y luego seguiré defendiendo cada vez con mayor fuerza– el que está llamado a convertirse en el arquitecto más celebrado, reconocido y valorado de todos los tiempos”, arguye.

Un Gaudí que dejó dos de sus magníficas obras en León “que no tienen nada de menores”, asevera. La Casa Botines en León (1892) y el Palacio Episcopal de Astorga, que comenzó en 1889 pero no llegó a terminar (lo hicieron otros arquitectos en 1915) al abandonar la obra en 1984 harto de las complicaciones que le ponían en la ciudad bimilenaria. El haber estado fuera de Cataluña (como ocurre con El Capricho de Comillas en Cantabria) hizo que los popes en Historia del Arte que se apropiaron de Gaudí (después de haberle puesto verde durante tres cuartos de siglo) menospreciaran estos edificios por no estar en el lugar 'adecuado'.

César García Álvarez en el centro simbólico de la Casa Botines de Gaudí.

Sí ha leído bien el lector: aunque parezca increíble a Antonio Gaudí se le consideraba hasta los años sesenta “un mal arquitecto”, del que criticaban con dureza que sus edificios eran “un pastiche”. Sólo cuando los japoneses comenzaron a llegar como turistas a Barcelona y –debido a su especial relación de su filosofía de vida con la naturaleza– comenzaron a acudir en peregrinación a ver sus obras (y, por tanto, se convirtió en un negocio turístico), los catalanes comenzaron a pasar de los mayores descreídos a los más creyentes. “El primero que se arrepintió de los ataques fue Óscar Tusquets, diseñador, arquitecto y para mí un personaje genial, absolutamente, y él tuvo la honestidad de decir: 'Nos hemos equivocado' me parece que se titulaba así el texto”, explica el mayor defensor en León de Gaudí en uno de los programas de 'Arte y Mucho más' (con más de seiscientos programas y 14 años de emisión) que todas las semanas lleva a cabo junto a Javier Chamorro en Onda Cero León. El dedicado a su centenario se puede escuchar justo aquí debajo.

Este artículo de homenaje al gran arquitecto catalán se basa en parte de estas declaraciones en el programa –con el acuerdo del experto–, pero merece la pena escucharlo entero porque se va a centrar especialmente en su obra leonesa y García Álvarez también habla de La Sagrada Familia en el programa (sin un papel delante) y de muchísimas cosas más. “El primero que lo defendió fue Dalí, que siempre, como siempre, fue mucho más inteligente que todos los demás. A Salvador Dalí le encantaba Gaudí y encontró muchas claves simbólicas: lo comestible de la de la arquitectura gaudiniana, las metáforas óseas, incluso la relación –como analizó en un libro muy interesante Juan José Lahuerta–, el fenómeno del éxtasis con el ese éxtasis que yo titulé mi libro así”, aclara.

El libro es Gaudí símbolos del éxtasis editado en Siruela: “Que además todavía se puede comprar y invito a todo el mundo que lo haga, para ver el proceso creativo gaudiniano que estaba siempre en el límite entre lo inerte de la materia, la vida, de la naturaleza, la fuerza geométrica, la imaginación y el propio espíritu”. Para García Álvarez “Gaudí murió en parte para la crítica y luego acabó resucitando y hoy en día creo que no hay nadie que discuta la fascinación, la pertinencia. Hay algunos que le quieren negar el valor, pero yo creo que sus argumentos son bastante pobres, porque tampoco hay hoy en día, ni creo que lo habrá jamás, un arquitecto más valorado en todo el mundo. El espíritu de fascinación que genera en Japón, en Estados Unidos, en Estocolmo, es único y por eso viene la gente de fuera ex profeso solo a verlo”.

César García Álvarez, el adolescente que iba todos los días de la plaza de la Catedral donde vivía, que de niño se fascinaba con la Seo Legionense (de la que también es un gran experto y ha redactado los textos de las fotos de Manuel Martín titulado Pulchra Leonina, publicado por Eolas), al Instituto Juan del Enzina donde estudió cuatro años, tuvo la oportunidad de contemplar día a día lectivo (y los fines de semana) la Casa Botines. Ya la conocía de antes, como todos los leoneses, pero con la sensibilidad artística del que ha terminado siendo un conocedor íntimo del simbolismo gaudiniano el enamoramiento sobre el edificio y los estudios en Historia del Arte en la Universidad de León, le llevaron a convertirse en uno de los expertos más emergentes, y considerados, del arquitecto catalán en toda España.

La cantidad de conferencias que tiene sobre su obra y pensamiento. es notable. La del vídeo de arriba en Canarias resume su pensamiento sobre el creador de Reus. “Gaudí nació el 26 de junio de 1852, en Reus o en Riudoms, yo creo que tengo algún argumento simbólico para decir que fue en Reus, no en Riudoms, pero nació en unos días muy cercanos, que esto también es muy importante, al solsticio de verano. algo que, como ya también he explicado aquí, luego quizá podamos volver, también dejó su impronta simbólica muy importante y fascinante en un espacio tan único como el torreón nordeste de la propia casa Botines”, aboga.

Por cierto. ¿Antoni o Antonio? Gaudí era un personaje singular que sí, es hoy bandera universal de los catalanes, pero que provoca algo de urticaria en los más recalcitrantes. Como enorme defensor del catalán y de su tierrra, podría considerarse que sería la versión del idioma propio de aquella región el nombre de pila que usaría; pero una anécdota con los planos de Botines da una visión distinta: en la firma de los planos se lee claramente: “Antoni”, pero dos espacios más allá... aparece una 'o' suelta antes de su apellido, que, por cierto, deriva del nombre tardolatino Gaudius o Gaudia, cuyo significado se asocia etimológicamente a 'estar lleno de gracia y bondad' o 'alegría'. “Es un juego de escritura muy revelador”, comenta García Álvarez.

“Gaudí fue siempre un defensor de la lengua catalana, de hecho, estuvo incluso detenido por negarse a contestar en español, en castellano a un policía que le requirió que hablara de esa manera. Durante los peores años que no fueron los franquistas, sino los anteriores, de represión de la lengua catalana en muchos aspectos. Y Gaudí era profundamente catalanista, pero también era muy españolista y muy universalista. Luego podemos hablar de su ideología política que conocemos gracias a dos testimonios. Los nacionalistas catalanes que llevan dando la turra desde hace tantísimo tiempo no le han podido utilizar como bandera del nacionalismo, nadie puede utilizar del todo a Gaudí porque escapa de cualquier etiqueta, de la misma manera que es en absoluto modernista, lo dijo muy bien Bassegoda (y me parece una verdad totalmente certera y muy bien expresada), el mayor estudioso tradicional de Gaudí, con el que no estoy de acuerdo en algunos aspectos porque le eliminaba completamente la idea de un Gaudí simbólico lo que para mí resulta absolutamente esencial”, considera.

¿Cómo es que hay dos edificios de Gaudí en la provincia de León?

La fortuna, o los contactos, quisieron que la provincia leonesa sea la que más edificios del arquitecto absoluto tenga fuera de Cataluña. Gaudí tuvo la inmensa suerte de que el hombre más rico de toda España le pagara todo lo que quisiera y que se nombrara a un amigo común,  Juan Bautista Grau Vallespinós, como obispo de Astorga; que llegó cuando se quemó la residencia episcopal y le encargó en 1888 una nueva.

“Eusebio Güell, el yerno del marqués de Comillas, Antonio López, que era el hombre más rico de España se enamoró de su producción y acabó convirtiéndose prácticamente para Gaudí en lo que Luis II de Baviera (el rey loco) había sido para Wagner (cuya música escuchaban los catalanes, y el arquitecto, con verdadera devoción): en un mecenas incondicional que le pagó hasta el más mínimo de sus caprichos. Y así un arquitecto diferente, heterodoxo de vocación visionario, genial, que integró naturaleza, geometría, espiritualidad e imaginación como nadie, fue capaz de dar rienda suelta a unos proyectos que eran como óperas en piedra, extraordinarias, grandilocuentes y sublimes creaciones”, apunta el experto.

Así, el Palacio Episcopal de Astorga tomó forma con muchas dificultades y enfados de Gaudí, que viajaba a León desde Barcelona. Y en alguno de esos viajes hubo contactos con  Juan Homs y Botines, un empresario y comerciante de origen catalán asentado en la capital leonesa que junto a sus socios leoneses Mariano Andrés González-Luna y Simón Fernández Fernández le encargaron el edificio a Gaudí con el cometido de ser uno de viviendas y, en el bajo, un almacén de venta de telas. Así de humilde era su función, pero Gaudí lo convirtió en un palacio de cristal de cuento de hadas relacionado con las constelaciones de los días de su nacimiento (25 de junio) que llevarón a César García Álvarez a asegurar que era la Casa del Dragón... hasta que descubrió su conexión con el Grial musical del Parsifal de Wagner (que se estrenó en el Liceo de Cataluña durante la celérica construcción del edificio leonés, que parece que se hubiera acabado en menos de un año): Gaudí escondió en plena fachada, a simple vista de todos, una copa griálica. Y durante 130 años nadie paseando frente a ella se dio cuenta, hasta que lo hizo Dante, el hijo de García Álvarez. En este reportaje de ILEÓN se puede conocer sobre este descubrimiento que deja completamente extasiados a los expertos catalanes según lo ven (y en el vídeo de arriba una explicación del propio sabio leonés sobre cómo llega a todas estas conclusiones).

Los otros Gaudís en León y su marcha tras una fortísima transmutación personal

Mientras la Casa Botines se realizó en tiempo récord (o menos de un año, o menos de dos, no está del todo claro) “ya que parece que vino prefabricado” –cuenta el doctor en Historia del Arte– los problemas en Astorga fueron mucho más intensos y desagradables. Nadie creía que lo que estuviera haciendo fuera a funcionar y que no se fuera a caer. Finalmente, tras la muerte del Obispo Grau –del que una investigación de ILEÓN determinó que la lápida de su tumba era el tercer Gaudí de la provincia– la cosa se rompió y abandonó con gran enfado la construcción en noviembre de 1893.

La lápida de la tumba del Obispo Grau en la Catedral de Astorga, el 'tercer Gaudí' de la provincia.

La salida de Antoni Gaudí del proyecto del Palacio Episcopal de Astorga, motivada por sus discrepancias con el cabildo, dejó el inmueble inacabado y sumió su construcción en un prolongado periodo de estancamiento. Aún faltaban por ejecutar la planta superior y la cubierta cuando el arquitecto abandonó una iniciativa a la que se sentía profundamente vinculado y de la que siempre sostuvo que no se había marchado por voluntad propia.

Su relevo recayó primero en Francisco Blanch Pons, arquitecto diocesano de León, cuya participación fue meramente testimonial y no logró reactivar los trabajos. Más tarde asumió la dirección Manuel Hernández y Álvarez Reyero, procedente de Santiago de Compostela, que apenas consiguió imprimir un nuevo impulso al conjunto. La terminación del edificio no llegaría hasta la intervención de Ricardo García Guereta, encargado de culminar las obras entre 1907 y 1915. Aunque respetó la concepción ideada por Gaudí, incorporó soluciones más convencionales y un acusado influjo neogótico de inspiración violletiana, especialmente perceptible en los chapiteles de las torres laterales. Bajo su dirección también se alteraron algunos aspectos del diseño inicial, como el destino de las esculturas de ángeles previstas para coronar el palacio, que finalmente fueron instaladas de forma exenta en los jardines.

Aún así, el Palacio Episcopal de Astorga es una maravilla gaudinina también de inmensas proporciones simbólicas, con una capilla con unos cromatismos luz y color por sus vidrieras que recuerda tanto a la Catedral de León como a la Sagrada Familia –el historiador y guía leonés Alejandro Colinas González lo explicó en este hilo de TwiXter, apuntando a la vinculación de los tres templos gaudinianos en el uso de la luz para conseguir el éxtasis del espectador, cosa que algún estudio está a punto de demostrar fehacientemente–, siendo otra obra de Gaudí con múltiples dimensiones y capas de simbolismos que el propio García Álvarez desvela en el vídeo de arriba. Y también con otra sorpresa: aparecen varias figuras de copas griálicas en su fachada, lo que confirmaría la de León; ya que los dos edificios tienen, por obligación a ser coetáneos en el tiempo, las mismas decisiones del genial arquitecto catalán en aquel momento vital.

Momento vital que hizo que cambiara completamente en León. Que transmutara como le ocurrió también a Francisco de Asís cuando pasó por aquí haciendo el Camino de Santiago –o, como le ocurrió a Nicolás Flamel que descubriera las claves de la Alquimia con el rabino Canches de León, copiando varias imágenes para su libro de las figuras jeroglíficas de la Catedral de León, la verdadera piedra filosofal simbólicamente hablando como se defiende en este otro reportaje de ILEÓN–, cambiando de un hombre algo vanidoso, elegantísimamente vestido (confundiéndolo algunos todavía con un dandi, aunque esa forma de vida no iría con el joven catalán) a una especie de monje anacoreta que se dedicó ya en Barcelona a prepararse para intentar terminar la fachada de la Natividad de la Sagrada Familia. Tanto, que el día de su muerte hace ahora cien años, tardaron días en identificar su cadáver porque lo confundieron con un mendigo.

“Tenemos una visión, sobre todo, construida por alguno de sus adversarios o enemigos, que afirman que Gaudí fue una especie de dandy, vividor, anticlerical incluso, ateo, descreído hasta un momento determinado. Y ese Gaudí, pues habría coincidido, sobre todo, con el Gaudí anterior a su llegada a tierras leonesas, porque tanto en Astorga como en León experimentó o bien una intensificación de su vida religiosa o bien una conversión en la treintena, de hecho tiene 41 años cuando se acaba la propia casa Botines en 1893”, relata García Álvarez.

Gaudí joven, como se le conocería en Léon, y ya anciano cuando estaba construyendo la Sagrada Familia.

Las dificultades personales y profesionales que atravesó Antoni Gaudí desembocaron en 1894, tras su salida de Astorga en una profunda crisis que le llevó a practicar una penitencia tan extrema que llegó a poner en riesgo su vida. A partir de entonces inició una progresiva transformación espiritual –“quizás la visión de la Catedral de León provocó su transmutación como hizo con otros tantos”, conjetura el experto leonés en los dos temas– que reforzó su fervor religioso y le hizo volcarse por completo en la arquitectura, especialmente en la basílica de la Sagrada Familia, el gran proyecto que articuló el resto de su producción. “Aunque durante años mantuvo cierto equilibrio entre esa intensa religiosidad y una vida social cada vez más reducida por la pérdida de familiares y de su gran mecenas, el conde Eusebi Güell, en sus últimos años se convirtió en una figura casi ascética, primero recluida en el Park Güell y después instalada en la propia Sagrada Familia, entregado en cuerpo y alma a la que consideraba la máxima expresión de la arquitectura: la construcción de un templo y no tengo ninguna duda de que la Catedral de León –aunque él consideraba que el Gótico era un estilo cojo, porque decía que 'necesitaba muletas' hablando de los arbotantes–, influyó poderosamente en ese cambio personal”.

Ni Botines ni el Palacio Episcopal de Astorga son 'obras menores' de Gaudí

Gaudí abandonó León para siempre en 1894 y comenzó su producción en Barcelona hasta que se dedicó en cuerpo y alma a la Sagrada Familia –“Un templo expiatorio y no una catedral, como dicen muchos, porque no es la sede de un obispo, que para eso Barcelona ya tiene una catedral, aunque como estos templos tardaban decenas de años en terminarse (aunque la de León se hizo muy rápido, en unos 50 años para los cánones de la época), es por lo que la gente confunde los términos”, especifica García Álvarez–, consciente de que nunca iba a terminarla. “La de León se terminó tan pronto porque ya se contaba con todas las experiencias anteriores de catedrales francesas con todas la seguridad, pero es que las fábricas catedralicias se ocupaban décadas y décadas y décadas... y la llamada catedral de los pobres, la Sagrada Familia, no iba a ser en ese sentido una excepción. Y el dinero, que cuesta un templo de estas características, que no se tenía y se iba pidiendo con limosnas. El dinero fue un freno hasta hace no muchas décadas. Ahora es una auténtica máquina de recaudar. Pero sobre todo hay que recordarlo, es desde Barcelona 92, antes era dificilísimo avanzar con la obra”, expone.

La Sagrada Familia desde la Portada de la Natividad y el interior de color que recuerda a la Catedral de León.

Así, tras muchos años de verdadera inquina sobre su arquitectura –absolutamente brillante no sólo por la destilación de la naturaleza en sus formas sino por el uso del arco parabólico con el que superar las muletas del Gótico y un simbolismo absolutamente feraz y desbordado en infinitas capas–, los catalanes comenzaron, gracias a los rendimientos turísticos, a adorarlo como si fuera un Dios. Y a despreciar lo que estaba fuera de Cataluña.

Pero no. Las de León y Astorga no son obras menores, ni mucho menos. “Durante muchísimos años, casi hasta antes de ayer, en Cataluña se miraba muy por encima del hombro la obra de Gaudí fuera de Cataluña, las dos de León y Comillas. Es un error. Y yo mismo creo que he contribuido con mis publicaciones y mis investigaciones a ello. De hecho, publiqué hace unos años en el catálogo del Museo de Orsay de en París un texto que titulé Gaudí y el genio del lugar o el Gaudí y el lugar, porque Gaudí lo que hacía era amoldar toda su capacidad creativa, su proyectiva, imaginativa y constructiva al proyecto concreto”, remarca el profesor de Historia del Arte de la Universidad de León, que anuncia en exclusiva en el programa de Onda Cero que lo publicará en un libro que tiene ya bastante avanzado, sobre la simbología de la casa Botines, que espera “que salga este año o a comienzos del 27”.

Vista exterior del Palacio Episcopal y Museo de los Caminos en Astorga.

Parece increíble que se despreciara a este arquitecto absoluto. Pero sí, se ignoró tanto su genialidad (o no se supo ver), que las remodelaciones de la Casa Botines destruyeron el interior del edificio de tal forma que se han perdido muchas de las claves simbólicas que pudieran haber hecho comprender antes su potencia absoluta, como argumenta el doctor en Arte leonés.

“El relativo olvido de su obra se prolongó hasta que a partir de los años 50-60. Su éxito, su valoración y su prestigio lo han ido convirtiendo y lo acabarán por convertir en el arquitecto más universal de la historia. Tanto unas corrientes ideológicas como otras es que siempre resultaba incómodo y lo sigue resultando ahora. Y tuvo que ser por un lado la crítica americana, por otro lado el arrepentimiento de los progresistas, entre comillas, españoles, la apreciación luego francesa y a la japonesa, la que despertará el interés sobre un arquitecto singular único y, aunque sea un tópico, absolutamente irrepetible”.

Aún así, respecto a los edificios leoneses, no es cierto para nada que sean menores. “Gaudí –remacha el experto leonés–, a partir de la Casa Vicens y ya incluyéndola, no crea ninguna obra menor. Y Botines en León tiene tal cantidad de capas simbólicas que está dejando extasiados a los mayores expertos catalanes. ”Gaudí se adaptaba exclusivamente a la naturaleza del proyecto. Gaudí se empapaba de la historia, las tradiciones, la arquitectura, la flora, la fauna, la mitología, los eh la biografía de los propietarios, todas y cada una de las implicaciones que tenía lugar concreto en el cual iba a construir un edificio“, certifica.

Edificio Casa Botines de Gaudí en León.

Por desgracia un reportaje en un medio de comunicación –por largo que sea– no se puede ni acercar remotamente a la complejidad simbólica y técnica de un arquitecto tan absolutamente excepcional. Posiblemente ni un libro lo pueda hacer por completo. O una biblioteca repleta de los de los mejores expertos sobre la figura tan excepcional del de Reus. “Gaudí fue un arquitecto diferente, heterodoxo de vocación visionario, genial, que integró naturaleza, geometría, espiritualidad e imaginación como nadie, fue capaz de dar rienda suelta a unos proyectos que eran como óperas en piedra, extraordinarias, grandilocuentes y sublimes creaciones. Pero ese Gaudí, a partir de la Casa Vicens y ya incluyéndola, no crea ninguna obra menor y las de León no lo son ni mucho menos”, aboga César García Álvarez.

Por eso, para poder conocer toda su potencia artística, desde ILEÓN, en el centenario del fallecimiento de Antoni(o) Gaudí recomienda no sólo escuchar el programa del homenaje en Onda Cero León, sino leer todo lo que se pueda de él (para maravillarse con su obra y su forma de pensar) y ver todos los vídeos de este reportaje. Y si quieren, todos los de las Jornadas Gaudinianas de Fundos convocadas en la ciudad de León.

Y los que lo hagan tendrán lo que buscaba incesantemente Gaudí.

Éxtasis infinito.

TRANSPARENCIA - NOTA POR EL USO DE IA PARA COMPONER UN 5% DEL ARTÍCULO: en este reportaje se han utilizado tanto Chat GPT como Perplexity en un 5% de los párrafos para resumir algunas cuestiones sobre los arquitectos que terminaron el Palacio Episcopal de Astorga y de la biografía del arquitecto catalán, evitando copiarlo literalmente de la Wikipedia. Siempre con supervisión humana y revisión para conservar el rigor histórico y dando un retoque de estilo a los resultados incrustados en el texto.

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